VITROFIN: UNA CRISTALERÍA RECUPERADA

Gracias al esfuerzo de sus trabajadores, al apoyo de la CNCT, y la ayuda del Ministerio de Desarrollo Social, la empresa recuperada en 2003, Cristalería  Vitrofín, de Caña de Gómez Santa Fé, logró extenderse a la producción de vidrio y aumentar su producción.

Vitrofin formó un nuevo consejo de administración, y apoyándose en FACTA y la CNCT reconstruyó el entramado productivo que estuvo a punto de cerrarse para recuperar la posibilidad de mejorar la economía de la Cooperativa y de sus socios.
Jorge Croppi, presidente de la cooperativa a cargo, explicó que la renovación del Consejo Administrativo encaró una nueva planificación de su producción de manera diversificada, levantó las deudas de la fábrica y hoy sueña con un futuro de prosperidad: “Así fuimos trabajando, la situación económica se comenzó a tranquilizar, empezamos a pagar todas las semanas, y actualmente duplicamos los anticipos que estábamos dando anteriormente. A partir de la tranquilidad financiera, obtuvimos más calidad y horas extra. Eso implica llegar a ochocientas piezas diarias que es una cantidad que nos permite mantener la fábrica, no con
ganancias, pero si mantenerla al día. Estamos trabajando cómodos.”
Vitrofin fue pionera en la producción de cristal soplado. Sobre todo por la calidad y distinción de sus productos. Y hoy por hoy sigue siendo una de las pocas fábricas que quedan en el país con este tipo de producción artesanal.
Croppi explica que actualmente la cooperativa intenta aprovechar los nichos vacíos de la economía del vidrio: “Al cortarse las importaciones se abrieron distintos nichos en cuanto al vidrio. Uno de ellos fue la fabricación de ladrillitos venecianos, que acá en Argentina hay una sola fábrica. Hicimos contacto con una gente de Buenos Aires que pone las maquinarias y nosotros la mano de obra y el lugar, y ya estamos montando la planta. Calculo que a mediados de septiembre empezamos a producir. La proyección es hacer unos 900 m2 por mes, pero queremos llegar a 2000 m2 mensuales a principios de 2013. También apareció el proyecto de fabricar frascos de vidrio para los microemprendimientos de la Economía social, tanto de mermelada como de miel y aceite de oliva. Este proyecto se trabajó con el
Ministerio de Desarrollo Social, que nos dio un subsidio para la compra de moldes, que son bastante caros, y acomodar la planta como para fabricar el vidrio, porque nosotros hacíamos cristal que es completamente distinto. Implica contar con otro lugar para la materia prima, que no se pueden mezclar con la del cristal, así que implica separar la fábrica en dos partes. Eso nos va a permitir, por un lado, ocupar capacidad ociosa que tenía la fábrica, y por otro, los gastos fijos que tenía la fábrica con el cristal bajarlos considerablemente.”
Aparte de esto, los trabajadores tienen otros proyectos: “De cara al año que viene, proyectamos la fabricación de tubos de borosilicato (exhibidores de golosinas), eso ya implica una nueva planta. Tenemos un lugar en el terreno para esto, porque estamos recuperando la capacidad que teníamos ociosa. Esto se está evaluando y hasta el momento no hay ningún tipo de problema.”Croppi explica el conflicto con la gestión anterior: “Nuestra cooperativa sufrió un shock con la última gestión, cuando se encontraba al comando de José Abelli. Este hombre generó una deuda importante con movimientos de cheques, lo propio no tuvo éxito, y a partir de eso se fue de la fábrica. Quedamos con una situación muy caótica, porque teníamos documentaciones retrasados en el banco, las cuentas no cerraban, y existían deudas con la gente. En ese momento, un grupo de personas, los más antiguos, realizamos una asamblea cuyo objetivo principal fue plantear las dos únicas opciones: trabajar de manera contundente o cerrar la fábrica. Así fue que comenzamos a trabajar. Durante los primeros meses cobrábamos muy poco, pero logramos hacer unos acuerdos con el banco, cerramos las cuentas, y establecimos créditos.”
La CNCT apoyó el proceso en todo momento. Croppi explicó al respecto: “La CNCT nos ayudó mucho con la gestión, que era nuestra falencia. Así, la podemos ejercer desde Buenos Aires, ya que no tenemos que estar viajando, y es complicado porque a veces no tenemos capacidad para movernos en cuanto a viajes. Entonces, a nosotros nos sirvió para crear contactos, y para movilizarnos más. Encontramos un lugar donde nos podemos apoyar y gestionar, cuestiones que no salen bien si la realizamos por nuestra propia cuenta. Hay relaciones con el gobierno que nosotros mismos no teníamos. Tener a la CNCT nos facilitó mucho nuestro trabajo.”
De producir 600 piezas por día hoy alcanzaron las 900, pues cambiaron los turnos de trabajo ampliando las horas de producción diaria. También aumentaron un 20% su lista de precios a distribuidores, y los mismos que decían que los precios no se podían tocar, mantienen o aumentan sus pedidos. Antes la producción estaba vendida a distribuidores que ganaban 2 o 3 veces más que ellos por pieza.
Sin dudas los trabajadores están de pie y han recuperado una vez más la fábrica, que es mucho más que un espacio de trabajo. La fábrica recuperada es el lugar donde los trabajadores empiezan a reconocer su propia autonomía como sujetos.

Fuente: Tiempo Pyme

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