Venezuela: Entrevista inédita con el periodista Eleazar Díaz Rangel. Fallecido en Caracas el miércoles

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Por Geraldina Colotti
Atento y medido, buscando un equilibrio entre la verdad de los hechos y la historia, que él había experimentado como protagonista, hasta terminar en la cárcel en la década de 1960. Así, Eleazar Díaz Rangel, director del diario Últimas Noticias, se nos apareció cuando lo conocimos en Caracas en la oficina editorial.

Fue en el verano de 2015, poco después de las primarias del PSUV, que a fines de junio habían registrado una participación récord: un total de 3,162,400 votantes. Debido a las circunstancias que siempre ocurren en el trabajo periodístico, esta entrevista no se ha publicado, y nos complace publicarla aquí como un homenaje póstumo al colega, que dio muchos libros a la reflexión colectiva.
Entre ellos, «La prensa venezolana en el siglo XX», y otro que le hubiera gustado escribir usando sus inmensos archivos y su experiencia acumulada, pero que tampoco pudo terminar por falta de tiempo o salud. Cuatro años después – siglos para los asuntos actuales de una Venezuela que está haciendo cada vez más historia -, afecta la agudeza de su mirada participativa pero desencantada en aquel momento político en el que se intensificaba la guerra económica y en el que la derecha hacía campaña electoral utilizando las colas que ella estaba provocando.
En las primarias del PSUV, la participación superó con creces las expectativas, a pesar del descontento que se vee en las colas, cada dia más largas. ¿Cómo lo explicas?
Sin duda nadie esperaba tal participación. El mismo PSUV había previsto 1,5 millones de votantes, y más del doble llegó. Colas similares se vieron solo en el referéndum revocatorio de 2004, una situación tanto más sorprendente ya que el PSUV no tiene una larga historia de movilización política como lo fue el Partido Comunista. Es un gran partido de masas, pero con muchas debilidades internas, por ejemplo, por lo que me cuentan algunos amigos, en la dirección política nacional hay poca discusión. En cuanto a las colas de compras, al caminar por el país me di cuenta de lo extendido que está el fenómeno. Se hace cola sobre todo por tres razones: por necesidad, por obligación de comprar y por contrabando de alimentos, interno o transfronterizo. La mayoría de los que están en la cola pertenecen a los sectores populares. Según las previsiones, las elecciones parlamentarias no deberían presentar riesgos para el PSUV, pero ¿cómo podemos calcular el porcentaje de personas molestas? ¿Cómo van a votar? Tengo la impresión de que no estamos plenamente conscientes de la gravedad del problema.
¿Cómo ves la situación política?
Tenemos dificultades, tanto por factores internos como externos. Un elemento muy importante es la brutal caída del precio del petroleo, que afecta a todos los sectores debido a la falta de divisas. El precio del barril se ha reducido a la mitad. En el plano económico tenemos muchos retrasos y no se ven soluciones a medio plazo. Estamos gastando una gran parte de la divisa para importar, acumulando déficits y retrasos sobre todo para los productos que llegan de los Estados Unidos. Mantener programas sociales cuando hay problemas de liquidez tiene un alto costo, que el gobierno siempre ha asumido. Y la guerra económica pesa mucho. Un elemento se refiere a la disparidad del valor entre el bolívar y la moneda de Colombia, el peso. Cualquier producto venezolano vendido en Colombia genera ganancias, tanto para individuos como para multinacionales como Procter & Gamble, que tiene una planta procesora en Colombia. Por no mencionar el contrabando de extracción. Un problema muy serio. Según los cálculos oficiales, con todo lo que se va de Venezuela se alimenta a una población de entre 10 y 15 millones de personas.
La derecha dice que el gobierno aprovecha la situación para golpear la libertad de prensa, cortando los suministros a los periódicos de la oposición. ¿Es verdad?
No es así. Incluso nosotros, que no tuvimos problemas de ventas, tuvimos que reducir el tiraje, la extensión y llegar a 48 páginas. La verdad es que casi todo el papel se compra en el extranjero, en Chile, en Canadá y que los factores que mencioné anteriormente también afectan a este sector. Periódicos como El Nacional han tenido una hemorragia de lectores debido al fanatismo con el que se oponen al gobierno y eso los lleva a ocultar o pasar por alto noticias de las que todos están hablando. Nosotros aumentamos las ventas de 120,000 copias a 200,000 en un año, ellos perdieron lectores debido al giro derechista, y muchos los conquistamos nosotros. Cuando me llamaron para dirigir Ultimas Noticias tuve muchas dudas porque venía de una escuela diferente. El Nacional estaba dirigido principalmente a lectores de la clase media, los lectores de Ultimas Noticiaspertenecen principalmente a los sectores populares. Intenté mejorar la calidad de la lectura en beneficio de ambos con una política editorial equilibrada, con cuidado de registrar todo lo que preocupaba al país, independientemente de estar a favor o en contra del gobierno.
Tu vida ha pasado entre el periodismo y la política. ¿Cómo empezó todo?
Terminé la escuela de periodismo en 1957, trabajé como periodista deportivo, me convertí en presidente de la Asociación de Periodistas Deportivos de Caracas, luego me uní a El Nacional, donde estaba a cargo de las noticias locales. Conocí a Fabricio Ojeda, que trabajaba en política y tenía acceso a Miraflores. Yo era entonces un miembro del Partido Comunista. Allí tuvo el contacto por la formación de la Junta Patriótica. Costó mucho porque AD era muy anticomunista, al frente de su liderazgo estaba Betancourt. Una vez que hay la participación del PCV y la URD, a la que pertenecía Ojeda, entra AD y luego COPEI. Se forma una junta de 4 partidos, a los que se agregan grupos del movimiento sindical y otros de mujeres, el Comité femenino y luego los periodistas, que debían hacer la juelga porque los organizadores de ese movimiento de militares y civiles pensaron que se tenia que hacer una huelga general y que el sector mejor posicionado fue el de la prensa, por dos razones: porque la ausencia de periódicos se habría sentido en todo el país y porque en los periodicos había gente del PCV y AD. El 20 comienza la huelga, el 21 hay choques en Caracas, las campanas también suenan porque la iglesia estaba de nuestro lado. La huelga general lleva a la expulsión del dictador Marco Pérez Jiménez, y a su fuga a la República Dominicana, donde ya estaba el dictador cubano Batista, el 23 de enero de 1958. La huelga de la prensa fue determinante. Entonces me acerque al MAS. En la década de 1960 hubo mucha presión de parte de las grandes compañías multinacionales, condicionadas por la embajada de los Estados Unidos, para que El Nacionaltuviera una política más alineada contra la revolución cubana, le cortaron la publicidad, el director Miguel Otero Silva se vio obligado a retirarse. En mi libro «La prensa venezolana en el siglo XX», en el que examino la historia de la prensa venezolana desde 1900, formulo una hipótesis de por qué, después de la caída de Pérez Jiménez, el editorial desapareció. Creo que es debido al peso de la publicidad del gobierno en la prensa que disuadió a los directores de expresar una opinión que podría estar en desacuerdo con la oficial.
Y con Chávez, ¿qué ha cambiado?
Chávez inmediatamente tuvo a los medios de comunicación en contra, hasta sufrir un verdadero acoso por parte de más del 80% de la prensa escrita, radio y televisión. Los medios de comunicación fueron una de las fuerzas principales que impulsaron la organización del golpe de 2002, que involucró a sindicatos, empresarios, militares, casi todos los partidos, jerarquías eclesiásticas. Cuando regresó al gobierno, con el crucifijo en una mano y la constitución en la otra, Chávez solo pudo reformar el sector de las Fuerzas Armadas, los otros sectores permanecieron intactos. Intentó romper el sitio organizando reuniones con empresarios, con dueños de periódicos. Sé que, gracias a la acción de Jimmy Carter, hubo una reunión con Gustavo Cisneros en 2003. Incluso José Vicente Rangel hizo mucho trabajo para mitigar los tonos, al menos. Chávez siempre se mantuvo dentro del marco de la ley, incluso cuando la concesión a Radio Caracas no se renovó. Hasta la fecha, incluso si se han creado 3 canales de televisión nacionales y 3 periódicos diarios, el 90% de los medios de comunicación está controlado por la oposición, el papel de las radios dentro del país es fundamental para difundir el mensaje de la oposición que tiene como único elemento unificador el antichavismo. En esta situación, contrarrestar la guerra mediática que empieza desde Miami, pasa por Bogotá, llega a España y se extiende en Europa, es prácticamente imposible. Ahora, después de las sanciones decididas por Obama, el principal caballo de batalla es acusar al gobierno bolivariano de ser corrupto y narcotraficante. El objetivo principal es Diosdado Cabello. Pero en todos estos años nunca he visto una investigación periodística capaz de proporcionar un solo elemento válido.
Has escrito muchos libros importantes, ¿tienes otros en programa?
Me gustaría escribir otro, a raíz de «La prensa venezolana en el siglo XX». Tengo un montón de material de archivo, muchos cambios para analizar. Te anticipo el tema de mi próximo artículo. Los domingos de Díaz Rangel se dedicarán al tema de la Guayana Esequiba, el territorio marítimo en disputa con Venezuela. A pesar de que Guayana ha tenido gobiernos de derecha y de izquierda, el proceso de relaciones con Venezuela ha sido bastante normal. Se inicia en 1966, apenas la Guayana inglesa obtiene su independencia, se firma el tratado de Ginebra, entre los tres países, Venezuela lo reconoce como Estado independiente y establece relaciones con este nuevo vecino. Apenas dos episodios las han perturbado. Yo voy hablar de uno, bastante desconocido. Ocurrió cuando comenzaba 1969. En una zona del Esequibo vecina a Venezuela, se había gestado un movimiento que promovía su separación de Guyana y anexión a Venezuela, que dirigía Valeri Hart, modesta hacendada, y quien hizo contacto con gente del Gobierno que le ofreció el apoyo solicitado, incluso, para concretar ese apoyo, integró un “destacamento” comandado por López Sisco, conocido por su acción en la masacre de Yumare, en Yaracuy. El alzamiento se produjo con la participación de amerindios, habitantes de esa zona, quienes se declararon venezolanos, pero no pudo desarrollarse. Nunca recibieron la cooperación prometida por el Gobierno venezolano, según el presidente Forbes Burham, quien llegó a advertir con llevar la denuncia a la ONU. Fue dominado por las fuerzas militares guyanesas y muchos de los participantes, con la señora Hart a la cabeza, debieron huir a Venezuela, donde recibieron asilo. Desde Ciudad Bolívar reclamaron la ayuda de Venezuela porque supuestamente estaba produciéndose una masacre. En esos momentos se daba la transición de los gobiernos de Raúl Leoni a Rafael Caldera. El ministro del Interior, Reinaldo Leandro Mora, habría persuadido a los más altos niveles del gobierno de que si tenían éxito, era una victoria de AD y del presidente Leoni, y si fracasaban, le correspondería resolver la situación al gobierno de Caldera. Y en efecto, así ocurrió, los dos presidentes se reunieron, y finalmente el de Caldera negó cualquier apoyo a ese grupo, y la mejor demostración la dio cuando el 14 de enero el embajador en Guyana, el teniente coronel Peña Peña, regresaba a Georgetown por órdenes de Caldera.
¿Y el segundo episodio?
Lo estamos viviendo ahora, promovido por factores externos, como es la Exxon-Mobil y en el cual tiene alta responsabilidad el gobierno guyanés al darle concesiones para explorar mares donde presuntamente hay petróleo siendo una zona en reclamación, que, de acuerdo con el tratado de Ginebra, no puede ocurrir salvo con la aceptación de los dos países. Sin embargo, la situación es muy diferente a la de 1969, pues ahora existen intereses transnacionales en el petróleo e intereses políticos en tanto Washington sabe que debilita las posiciones de Venezuela en sus relaciones con Caricom, debilitan la propia Caricom y suponen que algún efecto negativo tendrá en la integración latinoamericana.
Revisión Gabriela Pereira

Fuente, RL

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