VENEZUELA: DOS MODELOS DE PAÍS FRENTE A FRENTE PARA LA CAMPAÑA

Por Martin Piqué

Grupos de análisis y presión de Estados Unidos plantean las reformas «necesarias» para «estabilizar y reconstruir» el país luego de un posible triunfo de la oposición, que todavía no explicitó el programa de gobierno.

El presidente interino de Venezuela, Nicolás Maduro, o «encargado» según la fórmula dispuesta por la Asamblea Nacional, ya sabe cuál será su tarea para los próximos 30 días. Su misión –palabra de uso cotidiano para los venezolanos– es defender el legado de Hugo Chávez y garantizar la continuidad del proyecto iniciado en 1999 con la llegada al gobierno del Movimiento Quinta República, hoy ampliado en la coalición Gran Polo Patriótico.

 

Maduro,  ex gremialista del transporte, fogueado en las relaciones internacionales gracias a su desempeño como canciller, deberá enfrentar la elección más importante que haya tenido el chavismo en toda su historia: ganar la presidencia tras la muerte de su líder, que nunca perdió una elección en la que haya competido personalmente como candidato. Para eso tendrá que rivalizar con Henrique Capriles, la mejor carta con la que cuenta la oposición, abogado con estudios de posgrado en la Universidad de Columbia y fluidos contactos con la embajada estadounidense. Maduro, en su nuevo rol, ya se ganó el respeto de buena parte de Sudamérica. Su discurso en el funeral de Chávez, su juramento frente al féretro con la bandera venezolana y la réplica del sable de Simón Bolívar, despertó elogios y probó sus condiciones para la prueba más difícil.
La oposición, que tras el fallecimiento de Chávez guardó unos días de silencio, deberá lidiar con el fenómeno imparable de reconocimiento popular que ha originado la muerte prematura (apenas 58 años) del fundador del socialismo bolivariano. «Que los enemigos se preparen porque ese mito va a crecer. Y si están festejando la muerte de Chávez, que se cuiden de lo que viene para enfrentarlos a ellos. Porque estas figuras que crecen como mitos son figuras que uno imita, y entonces uno trata de hacer algunas cosas que él hizo. Como esa audacia revolucionaria con la que pudo movilizarse dentro de ministerios totalmente burocráticos», analizó la periodista Stella Calloni en una entrevista concedida a la agencia de noticias Paco Urondo con motivo de la muerte de Chávez.Periodista del diario mexicano La Jornada, investigadora de la coordinación represiva del Plan Cóndor, Calloni comenzó a tratar al líder venezolano en los primeros años de la década de los ’90.Es una de las periodistas argentinas que mejor lo conoció.
¿Cuál será el impacto electoral de la muerte de Chávez? Esa pregunta comienza a desvelar a los estrategas de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que agrupa a todos los espacios del antichavismo. Los analistas de opinión pública, por lo pronto, ya adelantan que el factor emotivo será determinante en la contienda que se avecina. «La campaña se desarrollará entre lo divino y lo terrenal», pronosticó el consultor Luis Vicente León, de la empresa Datanálisis. En la delegación argentina que visitó Caracas en los últimos días sostienen que el escenario político quedará absolutamente condicionado por la movilización de entre 2 y 3 millones de personas en la Academia Militar de Fuerte Tiuna para saludar por última vez a Chávez.En la elección de octubre de 2012, aquella que mostró a Jorge Lanata insultando a cámara por el resultado, Chávez venció a Capriles por más de diez puntos de diferencia: 55% a 44,3% según el escrutinio definitivo del CNE.
La elección del 14 de abril será, otra vez pero en esta oportunidad más que nunca, una puja durísima entre dos modelos de país. La propuesta del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) será consolidar y profundizar el legado del bolivariano. Un legado que fue delineado por el propio Chávez antes de morir y que está resumido en el testamento político que Maduro leyó en su sentido discurso del jueves al mediodía, frente a 32 jefes de Estado presentes y 54 delegaciones extranjeras. El testamento se puede resumir en cinco objetivos. Se trata, a saber, de «mantener y profundizar la independencia» conquistada desde la llegada del chavismo al gobierno; «construir el socialismo diverso y democrático» al modo venezolano; promover a Venezuela como «país potencia» dentro de una América Latina también potenciada; construir «un mundo de equilibrio sin imperios» (aquí Maduro incluyó una fuerte exhortación a Estados Unidos a que respete el derecho internacional) y «contribuir a preservar la vida dentro del planeta», en alusión a la contaminación y los riesgos de la cultura consumista.
La plataforma de la oposición al chavismo se conocerá en los días venideros. Se descuenta que repetirá muchos de los cuestionamientos al «régimen» que Capriles levantó en la campaña de octubre. También habrá, seguramente, un capítulo dedicado a la devaluación del bolívar (más del 30%) que se puso en práctica en febrero pasado. Capriles definió a esa medida como un «paquetazo rojo». Es muy probable que la propuesta de la opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD) incluya, además, algunas de las recomendaciones de un reciente paper difundido por un think tank del pensamiento conservador estadounidense, ligado al Partido Republicano. Se trata del American Enterprise Institute (AEI), cuyo portal en Internet, al menos hasta el sábado último –cuatro días después del fallecimiento del presidente venezolano–, exhibía un título principal que decía textualmente «Encendiendo la explosión post-Chávez».
El artículo correspondiente a ese título, escrito por Roger Noriega, ex subsecretario de Estado durante el gobierno de George Bush (h), recuerda que Venezuela es uno de los países con mayores reservas de crudo y el cuarto exportador en ese rubro a EE UU.  Y completa su primer párrafo con una exhortación directa al demócrata Barack Obama: «La administración de Obama necesita mostrarse activa en ayudar a darle forma a los hechos en un sentido correcto.» Conviene recordar que la relación entre la oposición venezolana y los programas de financiamiento del gobierno estadounidense, como el National Endowment for Democracy (NED), que canalizó millones de dólares anualmente a los partidos opositores a Chávez, fue probada a partir de la filtración de cables diplomáticos que publicó Wikileaks.
Pero si faltaba trazar un rumbo más explícito sobre las acciones que el American Enterprise Institute (AEI) propone para los próximos 30 días en Venezuela basta leer las recomendaciones que el think tank establece como «lista de tareas post-Chávez para los políticos de Estados Unidos». Allí se mencionan como objetivos, entre otros, la expulsión de «los narco-capos» que ocupan altos cargos en el gobierno; «el respeto por una sucesión constitucional»; «la adopción de reformas electorales para asegurar una campaña limpia y transparente» y «el desmantelamiento de las redes de Irán y Hezbollah en Venezuela». El documento, sin embargo, contiene además un párrafo sugestivo, en el que se plantea que agencias de desarrollo trabajen con profesionales del sector privado para diseñar las «reformas económicas, inversiones en infraestructura, asistencia, seguridad y ayuda humanitaria» necesarias para «estabilizar y reconstruir el país».
Ese párrafo culmina exhibiendo sin pudor una de las prioridades. Quizá la más importante para los intereses estadounidenses. «La expectativa será que todos los costos de estas actividades (el diseño de las reformas proyectadas) correrán a cargo de un sector petrolero (léase la petrolera estatal PDVSA) que sea restaurado hacia la productividad y la rentabilidad».Más allá del eufemismo sobre la productividad, la discusión –el próximo 14 de abril– volverá a ser si la renta petrolera de Venezuela es apropiada por las minorías o distribuida con fines sociales y de diversificación productiva.

Fuente: Tiempo Argentino

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