UNA BOFETADA A LA EXPLOTACIÓN

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La Casona Cooperativa cumplió dos años de resistencia autogestiva. La historia de un negocio al que le va mucho mejor desde que los trabajadores tomaron el control.
Una empresa recuperada por sus trabajadores es una bofetada al sistema que promueve la explotación del hombre por el hombre. Hay que evitarla. Si esa empresa recuperada funciona, hay que ocultarla. Si además incrementa ganancias y crea más fuentes de trabajo, la bofetada se transforma en una piedra en el zapato. Hay que eliminarla.
Eso fue lo que intentaron con La Casona Cooperativa, como con tantas otras empresas autogestionadas. Los trabajadores ya resistieron el vaciamiento, los despidos y deudas con proveedores y empresas de servicios, contraídas por los ex dueños antes de presentar la quiebra. Pasaron dos años de la conformación de la cooperativa y tan bien han trabajado que incorporaron nuevos asociados, y ahora 48 familias viven dignamente de las ganancias que genera el restaurante.
“En estos años aprendimos mucho de la autogestión y de cooperativismo acá adentro. Nos dimos cuenta de lo que es estar al frente de tu propia empresa. Todo es de todos y lo cuidamos. Eso lo aprendimos acá, en nuestra cooperativa”, reflexiona Marío Romero, presidente de La Casona.
En julio de 2014, se hicieron cargo de las deudas de la empresa New North, después del intento de vaciamiento de los anteriores dueños de la pizzería de Corrientes y Maipú. Durante seis meses pagaron el contrato de alquiler firmado por la gestión privada, y una vez finalizado el acuerdo, las promesas de renovación desaparecieron.
Ahora tienen por delante el peligro latente de ser desalojados. Los dueños del inmueble no confían en la solvencia y capacidad de un grupo de más de 40 trabajadores que, organizados en cooperativa, sumaron más clientes y acrecentaron sus ingresos en un 80 por ciento. “Podemos llevar adelante la cooperativa pero no podemos convencer a los dueños, que confían más en empresarios vaciadores que en los trabajadores”, dice Romero.
Las resistencias no terminan. Primero fueron los intentos de vaciamiento y desalojo, ahora tienen que resistir a las abultadas facturas de servicios públicos que aumentaron un 800 por ciento en lo que va del año. De los 9 mil pesos de luz que pagan cada dos meses pasaron a pagar 40 mil por mes. La factura de gas pasó de mil a 12 mil pesos. “Estamos ahorrando y haciendo un uso limitado de los servicios pero es imposible, en este lugar de cocina y se reciben clientes, no podemos apagar las luces o las estufas”, asegura Romero.
“No volvería a trabajar bajo dependencia, una vez que se empieza el camino de la autogestión es difícil volver a depende de un patrón. Más aún sabiendo con todo el dinero que se queda y lo poco que reparte con sus empleados. Los trabajadores podemos ser dueños de nuestras fuentes de trabajo. Hay gente que no lo sabe y se queda en la calle por culpa de los patrones vaciadores. Eso no puede pasar, hay que difundir el cooperativismo”, clama el presidente de la cooperativa que venció por nocaut al sistema de explotación.

Fuente: Revista Cítrica

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