UNA ALTERNATIVA PARA EL CAMBIO

 

En un mundo en crisis, signado por el estancamiento que registran las principales economías, la solidaridad, la ayuda mutua, la integración y la organización colectiva adquieren vital importancia. Y es juntamente la economía solidaria, cuya visión y práctica reivindican el desarrollo personal y comunitario, el instrumento que millones de habitantes del planeta eligen como herramienta de transformación social y justicia.

Cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 2012 como Año Internacional de las Cooperativas, destacó la contribución que hacen esas entidades al desarrollo de la economía y de la sociedad, sobre todo su impacto en la reducción de la pobreza, la creación de empleo y la integración.
«Las empresas cooperativas ayudan a construir un mundo mejor». Este lema y desafío propuesto por la ONU a las entidades de la economía social tiene tres objetivos principales: crear mayor conciencia en la sociedad sobre la incidencia de las cooperativas en el desarrollo económico y social, fomentar la constitución y el crecimiento de las organizaciones solidarias –compuestas por personas e instituciones– para abordar sus necesidades económicas mutuas a través de un modelo de gestión democrático y participativo, y alentar a los gobiernos y organismos reguladores a implementar políticas, leyes y normativas que favorezcan su incremento y desempeño.
En la Asamblea General que realizó a fines del año pasado la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) en Cancún (México), su presidenta, Pauline Green, señaló que en el 2012 «el movimiento cooperativo mundial tiene una oportunidad única para dar un gran paso hacia adelante, y conducir el crecimiento de las cooperativas en todas partes del mundo». Asimismo indicó que es necesario aumentar masivamente el conocimiento y la visibilidad del tamaño y sostenibilidad de este modelo empresarial. Para lograr esta meta, la titular del máximo organismo internacional del cooperativismo dijo que «es preciso demostrar que los valores y principios que han inspirado a nuestro movimiento durante casi 200 años, son aún más relevantes hoy, porque colectivamente somos un movimiento de creatividad, innovación y talento que está brindando soluciones a los problemas del mundo actual».
En consonancia, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, expresó en un mensaje enviado a la Asamblea General que «las cooperativas tienen una presencia única e invalorable en el mundo contemporáneo». Ban Ki Moon destacó que las empresas cooperativas hacen posible la inclusión social y permiten que prosperen las pequeñas empresas, al tiempo que ayudan a reducir la pobreza y generan empleos decentes».
En el mismo sentido, el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), José Graziano da Silva, sostuvo recientemente en el Foro Social Temático reunido en Porto Alegre que «La FAO necesita cooperativas y organizaciones de productores fuertes como socios claves en el esfuerzo para eliminar el hambre que sufren cerca de 925 millones de personas y responder a los desafíos del mundo de hoy».
Según el organismo de Naciones Unidas cerca del 75% de la población pobre de los países en desarrollo vive en áreas rurales. Una gran parte son pequeños productores que dependen directamente de la agricultura, la pesca, los bosques y el ganado para obtener alimentos e ingresos, pero carecen de acceso a los recursos y oportunidades necesarias para salir de la pobreza extrema. Asimismo, se informó que en 2011 más de 180 programas y proyectos de la FAO ayudaron a construir y fortalecer la capacidad de organizaciones de productores, cooperativas y grupos comunitarios locales para alcanzar sus objetivos.

Cambio de paradigma

El papel protagónico de las cooperativas durante este 2012 no se debe a una decisión arbitraria del organismo internacional, sino que es un reconocimiento a la tarea diaria que llevan adelante millones de personas en todo el mundo, quienes eligieron asociarse para desarrollar de manera mancomunada diferentes proyectos, emprendimientos y/o satisfacer distintas necesidades primordiales que el sistema lucrativo no pudo o no quiso resolver. De modo que en la actual coyuntura de crisis estructural del capitalismo, el cooperativismo se presenta como una alternativa de organización económica y social viable.
Según el sociólogo Ángel Petriella, el modelo capitalista tiene dificultades de sustentabilidad y ha llegado a un nivel de conflicto que no encuentra sus propias formas de resolución. Es preciso recordar que durante los años 90, en nuestro país decir «cooperativismo» era casi una mala palabra para el pensamiento neoliberal dominante. Esto parece haber quedado atrás al considerar las centenares de respuestas efectivas y positivas que da permanentemente el sector a innumerables problemas, como la recuperación del empleo, la prestación de servicios esenciales y de todo tipo, la creación de alternativas emprendedoras, la preocupación por la cobertura universal del financiamiento, la articulación de políticas con el Estado, entre tantas iniciativas. «En esta coyuntura –dijo Petriella–, aspiramos a que el cooperativismo juegue un rol importante como uno de los afluentes y atributos de una nueva organización de la sociedad».
Según observa acertadamente el presidente de Idelcoop, en el mundo, millones de personas están sufriendo las consecuencias de la peor crisis que se haya producido desde la década de 1930. Una crisis que numerosos analistas denominan «crisis civilizatoria», ya que es producto del agotamiento de un modelo de organización económica, productiva y social, y que también afecta al ámbito ideológico, simbólico y cultural. El quiebre del sistema capitalista saca a la luz las terribles consecuencias que trae aparejada la producción desmedida de mercancías y la acumulación y concentración de ganancias en pocas manos, sin miramiento en cuanto a la explotación indiscriminada de recursos ambientales, alimenticios, energéticos, hídricos y, fundamentalmente, recursos humanos.
Esta hecatombe global ha generado una creciente desigualdad y exclusión. El director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Juan Somalia, señala que a nivel mundial el número de desempleados en 2012 puede llegar a 200 millones y, si la desaceleración se materializa y el crecimiento mundial cae por debajo del 2%, la cifra podría ascender a 206 millones en 2016, lo que afectaría particularmente a los más jóvenes. En consecuencia el panorama no es favorable, ya que frente a estos índices, para tratar de remediar esta grieta del modelo, las recetas a que se recurre sólo apuntan a aplicar ajustes desmedidos que perjudican principalmente a la porción más vulnerable de la población. Es así que, ante situaciones críticas, originadas por el accionar de los grandes conglomerados financieros, la respuesta más inmediata que adoptan es la de suprimir conquistas sociales, es decir, los derechos a la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, entre tantos otros recortes.
De acuerdo con el análisis del funcionario de la OIT, para revertir estas orientaciones es imprescindible impulsar políticas de crecimiento equitativo, sostenible y equilibrado que atiendan la eficacia, la productividad y la competitividad, y que simultáneamente estén sustentadas en la defensa de la dignidad humana. «En un marco acordado para el crecimiento inclusivo, los ideales de cooperación y organización cooperativa serán tanto más eficaces en el cumplimiento de sus objetivos centrados en las personas», destacó Juan Somalia en una declaración emitida en octubre último.

Ventajas comparativas

Profundamente arraigadas en las comunidades locales, las cooperativas también forman parte de un movimiento mundial que representa a 1.000 millones de asociados. Como organizaciones empresariales que contribuyen al desarrollo económico, las cooperativas son fuentes de trabajo y medios de subsistencia en sus propias sociedades, generan más de 100 millones de empleos y aseguran el sustento de casi un cuarto de la población mundial. En conjunto, las 300 empresas cooperativas más grandes están valuadas en 1.6 trillones de dólares, lo que equivale a la novena economía del mundo.
A nivel global, las cooperativas tienen una presencia significativa en agricultura, servicios financieros, vivienda, salud y servicios, además de en muchos otros sectores y actividades. A lo largo de la historia, el modelo cooperativo ha demostrado ser una estructura asociativa de gestión apta para movilizar recursos económicos, humanos e ideológicos. Y, a diferencia de otros proyectos económicos, el cooperativismo tiene como valor agregado el concepto de gestión sin orientación al lucro.
«Las empresas cooperativas son parte del sistema económico vigente y como tales están influidas por las reglas sistémicas, de modo que en una coyuntura de crisis resultan inevitablemente afectadas por las condiciones externas –apunta Melchor Cortés, secretario del consejo de administración del Banco Credicoop–. Sin embargo, una gestión con apego a los principios en lo atinente a la participación democrática de los asociados, educación para la formación de dirigentes, integración entre cooperativas, y ejercicio consecuente de vínculos con la comunidad que las rodea, otorgan a las cooperativas ventajas muy importantes para enfrentar las dificultades».
En el contexto de colapso del sector financiero, donde la economía tradicional y lucrativa ha perjudicado a millones de personas, las empresas de la economía social y solidaria, vinculadas con el sector financiero, continuaron aumentando su base patrimonial. «Durante los últimos cuatro años –señala Pauline Green– estas entidades incrementaron las cuentas y los depósitos, y no dejaron de otorgar préstamos, tanto a familias como a empresas. Las cooperativas son entidades económicas basadas en las personas –continúa la dirigente británica– y, a diferencia de sus competidores, no están obligadas a trabajar para maximizar los beneficios de sus accionistas». Siguiendo las palabras de Green, en momentos en que multitudinarias voces provenientes de todo el mundo pugnan por hacer oír sus demandas y reclaman una respuesta, las cooperativas serían no sólo un modelo eficaz de gestión, sino también un modelo en el que se puede confiar.
Para Alberto Zevi, presidente del Centro de Estudios Legacoop –la más antigua de las organizaciones de cooperación italiana que agrupa a más de 15.000 entidades–, que las cooperativas hayan resistido mejor que las otras empresas a la coyuntura mundial no significa que no hayan sufrido. «Han afrontado mejor los problemas gracias al hecho de que, en general, estaban y están mucho más cercanas a las exigencias concretas de los socios», argumenta el dirigente italiano.
Ante la posibilidad de que el cooperativismo se presente como alternativa al capitalismo, Zevi manifiesta que la economía de mercado se transformaría profundamente si el componente cooperativo fuese mucho más importante de lo que es hoy en día. «Habría que identificar algunos objetivos importantes –apunta–. La dinámica económica sería diferente si, por ejemplo, la incidencia cooperativa fuese al menos del 20% del producto nacional».
Para que esto pueda concretarse, el titular de Legacoop considera que es preciso multiplicar las relaciones entre las diversas formas cooperativas. «En la mayoría de los países las cooperativas de trabajo, crédito, consumo, las de pequeños empresarios, vivienda, etcétera, tienen relaciones limitadas entre ellas. Las chances de desarrollar sinergias son enormes. También habría que mejorar las formas de gobierno de las mismas cooperativas y su financiamiento».
Quienes están convencidos de que el cooperativismo es una herramienta de transformación, más allá de la satisfacción de necesidades, consideran que para alcanzar esa meta es fundamental que exista articulación con los Estados y participación en los espacios de decisión. Si bien es estratégica la vinculación entre autoridades públicas y cooperativistas, son las legislaciones claras y adecuadas las que, según entiende Zevi, permitirán el crecimiento del cooperativismo.
Para Cortés , en muchos casos, la falta de una legislación, que atienda las especificidades de las cooperativas las coloca en situación de debilidad competitiva cuando el mercado en que deben operar está influido por grandes corporaciones. Sostiene el dirigente del Banco Credicoop que una de las debilidades de las cooperativas pequeñas es su falta de escala económica para optimizar costos, tecnología y capacidad productiva, teniendo en cuenta que el contexto en que deben desarrollarse y actuar está marcado por las pautas de los grupos concentrados de la economía. «La integración, sea ésta horizontal o vertical, aunque no resulte sencilla, es la vía para superar esta dificultad», reflexiona Cortés.

El desafío

En la última década, en nuestro país quedó demostrado que la política social y la económica pueden converger en una política socioeconómica participativa. Un ejemplo de esto son las cooperativas que surgieron de la mano de la cartera de Desarrollo Social. Pero estas nuevas formas de autogestión, según el coordinador del departamento de Cooperativismo del CCC Floreal Gorini, Daniel Plotinsky, requieren importantes avances para lograr su crecimiento sostenido en el tiempo y para convertirse en opciones viables más allá de la ayuda que pueda darle el Estado. Como analiza el economista José Luis Coraggio en varios artículos publicados en diferentes medios de comunicación, «otra economía no se construye creando una economía pobre para pobres, sino que supone, como política pública, articular economía, política y sociedad, reconociendo que ni el Estado ni el mercado nos pueden sacar por sí solos de esta crisis de la vida en sociedad. Es preciso convocar con credibilidad a la efectiva y consciente participación de sujetos múltiples y diversos, organizaciones formales y redes informales, dirigentes sociales y comunidades, intelectuales, técnicos, maestros, médicos, empresarios y trabajadores organizados y no organizados».
Para el co-coordinador de la Red Latinoamericana de Investigadores en Economía Social y Solidaria, el paso que sigue consiste en modificar o crear estructuras económicas para que el sector cooperativo de la economía social vinculado con las comunidades, autogestionado, no orientado al lucro sino a la resolución de necesidades, aunque sí a la acumulación para su crecimiento y complejización se haga cargo de generar sistemas productivos y reproductivos.
En el discurso que dio Carlos Heller en el Foro de Líderes Cooperativistas de la ACI realizado en la ONU, el diputado dijo que «la empresa cooperativa como aporte a la construcción de un mundo mejor –en referencia al lema del encuentro– significa ya no pensar a la cooperativa como la rueda de auxilio para enmendar las fallas o los errores del sistema capitalista. Para nosotros significa pensar a los usuarios, los trabajadores responsables de la administración y la gestión, llevando adelante procesos de prestación de servicios, procesos de producción, donde el objetivo deje de ser el de obtener la máxima ganancia posible y pase a ser el de prestar el mejor servicio posible». El cooperativista, presidente de Banco Credicoop, aseguró que «se puede construir una sociedad verdaderamente democrática y solidaria, en la que la economía esté al servicio de todos; en la que la salud y la educación sean parte de un proyecto de desarrollo humano; en la que la vida, el arte, la cultura, y todos los bienes devengados del progreso tecnológico sean parte de una configuración ética que vaya sedimentando el nacimiento de una nueva sociedad. Una sociedad que le ponga límite a la codicia sustentada en los poderes hegemónicos y afiance la igualdad como objetivo. Una sociedad basada en la integración y el respeto a la diversidad», enfatizó Heller.
«Integración» y «respeto a la diversidad» son términos ignorados por las grandes empresas del lucro. Según el Observatorio de las Multinacionales en América Latina, actualmente, las 500 mayores corporaciones controlan una cuarta parte de la producción y la mitad del comercio mundial, su capacidad económica supera a la de muchos Estados y, en numerosos casos, se puede comprobar que los ingresos anuales de estas compañías son superiores al Producto Bruto Interno de algunos países. Es evidente que las grandes empresas multinacionales son las principales beneficiarias del proceso de globalización neoliberal. Esto significa que, en el actual modelo socioeconómico internacional, los derechos sociales de la mayoría de hombres y mujeres del planeta se encuentran sometidos a la lógica de un mercado dominado por las corporaciones transnacionales.
Pero en el escenario latinoamericano se ha ido consolidando un paradigma de pensamiento, que, en general, pone el acento en prácticas solidarias y de recuperación del empleo de la mano de políticas públicas con fuerte reconocimiento a los beneficios de la economía social cooperativa. En ese marco, la región tiene la oportunidad de difundir su ideario, profundizar sus prácticas y promover la movilización del más amplio conjunto posible de ciudadanos y organizaciones de la comunidad para construir un proyecto común basado en la solidaridad, la equidad y la inclusión social.
«A lo largo de los próximos 12 meses –señala el gerente general del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos y actual legislador porteño, Edgardo Form–, una de las tareas prioritarias del movimiento cooperativo mundial será llegar a la opinión pública a través de los medios de comunicación para exhibir logros tales como la generación de puestos de trabajo decente, la construcción de viviendas populares, el acceso a los bienes de consumo masivo en condiciones de calidad y precio adecuado; el financiamiento a las micro, pequeñas y medianas empresas; la atención primaria de la salud, el acopio y la comercialización de productos agropecuarios, entre otros servicios gestionados democráticamente por los propios asociados». «En otras palabras –continúa el cooperativista–, el propósito que anima a la ACI, en representación de 1.000 millones de cooperativistas de todos los continentes, es demostrar que no sólo es necesario cambiar los paradigmas económicos basados en el lucro desmedido, la especulación y la concentración de la riqueza, sino que es posible organizar la producción de bienes y servicios con un sentido profundamente humanista y solidario».
Es en este camino que las organizaciones cooperativas del mundo tienen la gran labor, durante este 2012, su año, de hacer visible la incidencia que ostentan en el planeta y su enorme potencialidad para instalar un modelo de organización empresarial capaz de lidiar con los desafíos actuales y de contribuir al crecimiento y desarrollo económico y social de las personas.

Silvia Porritelli
Fuente: Acción Digital

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