UN TESTIGO DE LA PERLA VINCULÓ A LA ACTUAL JEFATURA DE LA POLICÍA CORDOBESA CON REPRESORES

Luis Urquiza, un ex policía vinculó a la dirección de la fuerza con personajes “nefastos” del Departamento de Informaciones (D2), como Carlos “Tucán” Yanicelli, y consideró que la de Córdoba “está muy lejos de ser una policía de la democracia”.

Urquiza, un ex policía que fue torturado en la D2, declaró este martes en el marco de la audiencia 68, del juicio que se realiza en el Tribunal Oral Federal número 1 (TOF1) de Córdoba, por la megacausa La Perla por crímenes de Lesa Humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar y que tiene como principal acusado al represor, Luciano Benjamín Menéndez.

 

 

Al iniciar su declaración, Urquiza reconoció a la totalidad de los miembros de la D2 que se encuentran sentados en el banquillo de los acusados, ya que antes de su secuestro desempeñaba tareas en esa dependencia.
“Todo empezó cuando me opuse al trato que le daban a un grupo de detenidos. Ahí empezaron a marcarnos como zurdos, o subversivos. Se decía que el `Gato´ (Miguel Ángel) Gómez era un interrogador y torturador. Después lo comprobé yo mismo”.
Urquiza fue secuestrado el 12 de julio de 1976 siendo empleado de ese lugar, acusado de pertenecer a una organización política armada, y precisó que su torturador durante todo el primer día fue el `Gato´.
Fue víctima de maltrato físico y psicológico en la D2 y en Campo de La Ribera, después pasó a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y estuvo en la Unidad Penitenciaria de Barrio San Martín (UP1). Luego pasó a una cárcel en el Sur y recuperó su libertad después de que un consejo de guerra lo absolviera por falta de mérito en setiembre de 1978.
El testigo señaló que creyó que con la causa Videla que se juzgó en el año 2010, “se cerraba un capítulo” de su vida, al referirse a las amenazas que siguió recibiendo mientras se desarrollaba el proceso.
Es de señalar que el testimonio que Urquiza brindó ante el juez español Baltazar Garzón en Madrid, dio origen al libro “La Sombra Azul”, de Mariano Saravia, y que luego el director Sergio Smuchler llevara al cine en el año 2012.
“Quiero aclarar -dijo el testigo-, que durante el estreno del film, alguien dejó una bala de plomo en la puerta de mi casa”, al tiempo que denunció que durante todos estos años las amenazas contra su vida fueron una “constante”.
Incluso hizo referencia a una que recibió en forma indirecta durante una conversación con el actual diputado nacional Oscar Aguad (UCR), durante la gobernación de su correligionario Ramón Mestre, en cuyo gabinete ocupó la cartera de Gobierno.
Otra de las testigos que declaró fue Lisa Monje, que fue secuestrada por segunda vez y alojada en el D2 en 1976, y liberada 15 días después.
Recordó que mientras estaba secuestrada, una noche la sacaron en un auto, ella iba encapuchada y escuchó cómo tiroteaban un domicilio, mientras que a ella le gatillaron en la cabeza y le dijeron que la iban a hacer “boleta,” y que su muerte iba a figurar “como un enfrentamiento”.
Lisa tenía 17 años cuando fue secuestrada y comenzó a sufrir los vejámenes y las torturas, al recordar que “en el baño (del D2) me violaron. Yo era virgen”, al tiempo que señaló que en ese lugar escuchó los lamentos de las víctimas y la excitación de los torturadores: “Si uno no puede imaginar lo que era el infierno, aquello era el infierno”.
Al finalizar su testimonio, Monje pidió leer una carta de un compañero del secundario, a quien con las torturas le arrancaron su nombre, por lo que le pedía perdón. “¿El viene a pedirme perdón?”, preguntó. “Hubo todo un Estado entero organizado y sistemático para hacernos esto a tantas personas y para generar tanto dolor”.
Otro de los testigos fue Carlos Cristóbal Arnau Zuñiga, quien al iniciar su declaración reconoció al imputado José Hugo Herrera, al señalar que fue quien lo interrogó y lo torturó, y del cual conocería su nombre ya en democracia, al encontrarlo como empleado de la empresa de teléfonos Telecom.
Posteriormente dio su testimonio Esther Cabral, por la desaparición de Silvia Taborda, a quien conoció de pequeña y recordó que a fines de 1975 se encontró con ella. Ya antes habían asesinado a una amiga en común y ahora su compañero había sido muerto en Tucumán.
Tiempo después, Esther debió dejar su casa de Córdoba, donde vivía junto a unas tías, y después se enteró que de esa misma casa Silvia fue secuestrada una madrugada, estaba en camisón y fue “muy maltratada”. Sus tías fueron testigos del secuestro.
“Yo también estuve secuestrada, en Misiones -indicó-, ahí mientras me torturaban salvajemente frente a mi hija de 8 meses, me decían que tenía suerte de que no me hubiera agarrado el Chacal. ¿Querés que te digamos quién es el Chacal?”, le preguntaron. “Es Luciano Benjamín Menéndez”, le dijeron.
“Cuando uno viene a declarar -reflexionó-,  uno lo hace por todos los compañeros, especialmente en este caso por Armando y Silvia. Muchas veces ellos nos gritaban que iba a haber militares por treinta años. Por suerte no fue así y nuestra democracia va a cumplir treinta años”.

Fuente: Diario Plaza de Mayo

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