UN NUNCA MÁS Y UN HASTA SIEMPRE

Por Javier Sahade

“Joropos, gaitas, salsas y arepas. Gritos de Panas, Chamos y Gebas.”

Con esas líneas que viajan desde el primer párrafo de una vieja crónica publicada en la revista, intentamos hace unos 5 años, resumir Caracas. ¿Se puede sintetizar hoy? ¿Puede una decena de palabras describir lo que ocurre en Venezuela, con un pueblo conmovido por la muerte de su líder y en la previa de unas elecciones presidenciales históricas?

Probemos con estas siete: “Bienvenidos a Venezuela, los está recibiendo Chávez”.

 

 

Es lo que le dijo a La Pulseada un hombre, cerca del mediodía en la Plaza Bolivar, haciendo carne la consigna repetida en miles de “franelas” (remeras): Yo soy Chavez. O quizás sirvan estas 14, escuchadas en boca de una vecina de un cerro caraqueño: “Chávez no murió, Chávez volvió a nacer el 5 de marzo a las 16.25” (el día y la hora de la partida del presidente). Probablementes esos testimonios, espontáneos de ciudadanos comunes, sirvan para desmentir a quienes dicen que la conmoción del pueblo no se puede explicar con palabras… Sí se puede. “¿Quieren saber qué es lo pasa en Venezuela? – dice el presidente Nicolás Maduro ante un centenar de intelectuales de todo el mundo – Salgan a la calle, vayan a una esquina y pregunten qué siente la gente por el Comandante Hugo Chavez.”…
El grabador se enciende poco antes del mediodía, en la Plaza Bolivar, junto a la Asamblea Nacional. Vuelve a prenderse a eso de las 2 de la tarde, bajo un sofocante sol caribeño, en la larga fila de gente que todavía espera horas para despedirse de su presidente en el Cuartel Militar de la Montaña 4F, llamado así porque fue el lugar donde nació el primer alzamiento militar de Chávez el 4 de Febrero de 1992.
Y el grabador registra. Un hombre, del brazo de su novia: “Sientes el dolor que sientes cuando pierdes a tu madre… Aquel sufrimiento espiritual. El legado tenemos que defenderlo nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos… y pa’ lante.” Otro hombre, a pocos metros: “Hay que continuar el legado y eso se hace trabajando, trabajando, pueh. Tenemos que darle continuidad al proceso, no podemos volver atrás.”. José Leonardo, de 10 años. “Vine a ver a Chávez. El hizo mucho. Lo que me gusta son las misiones que sacaron a muchos niños de la calle.”
“Yo soy beneficiaria de una casa que trabajando no hubiese podido conseguir. – asegura otra señora- Le agradezco muchas cosas. Chávez era todo, era cariño. No hay consuelo, pero hay que seguirla, seguirla con Nicolás”.
“Fue una persona demasiado, demasiado buena y humilde – se emociona otra señora -Maduro es su hijo y el 14 de abril tenemos que llevar a Maduro a la Presidencia”
Otra señora, de 63 años. en silla de ruedas, después de despedir a su líder político: “Antes de Chávez estábamos muy cerquita de Haití, éramos una nación muy pobre.”
Una niña, de 3 años, de nombre Génesis, terminando de cantar una canción: “Chávez corazón del pueblo”. Regina, de 11 años: “Ese señor hizo demasiadas cosas. Yo estoy beneficiada con la misión vivienda. Era una muy buena persona”. Gilbert, de 9: “El nos dio las computadoras para el colegio, nos da todo. Chávez ayudó a todo el mundo, a Uruguay, Argentina… Era el mejor presidente del mundo. Siempre nos ha cuidado, siempre va a estar en nuestros corazones… Chávez vive, la lucha sigue.”
El día que La Pulseada cumple con Maduro y va a la calle a buscar respuestas, es 24 de marzo. En el centro de Caracas, militantes argentinos del Frente Popular Darío Santillán, organizan una actividad para recordar y repudiar el 37 aniversario del golpe civico, “religioso” (como definió Tony Fenoy en La Pulseada Radio) y militar.
“No nos han derrotado”, dice uno de los afiches presentes en la actividad. “Nacimos en su lucha, viven en la nuestra”, dice otro. Y “Nunca Más”, un tercero. “30 mil compañeros detenidos/desaparecidos… Presentes… Ahora y siempre”. Este último 24 de marzo, en la capital de Venezuela, las consignas se confunden, se mezclan… Van y vienen en el tiempo. Van y vienen por Sudamerica… Para no sentirnos derrotados. Para nacer. Para no repetir. Para vivir y seguir en las idas revolucionarias de “pelaítos” de 3, 9 u 11 años.

Fuente: La Pulseada

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