TUCUMÁN HOY

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Por Santiago Díaz
Hace tiempo que la contraofensiva del imperio estadounidense viene ensayando políticas destinada a golpear en nuestra región a las democracias formales y participativas. Usa distintas formas y vías. Pero en todos los escenarios predomina el terrorismo mediático como formador y organizador previo a las revueltas. Tucumán, hoy fue transformado en la vanguardia de un cuadro de situación más complejo y cada vez más violento.
En esta coyuntura todos relatan hechos y dan interpretaciones de esos acontecimientos como si fuera una implosión interna aislada y que nada tiene que ver con la crisis del escenario global en que se parieron y se nutren. Este viejo cronista no solo siente un frío estremecimiento involuntario, ante la quema de urnas o la represión de la policía tucumana, sino que le preocupa en demasía por las similitudes con el pasado pre-dictaduras de los 60 y 70.

Analogías
Desde los discursos enfervorizados de toda la oposición: “La carencia de soluciones adecuadas a la evolución y progreso que se necesita para el pueblo”. “La irresponsabilidad en el manejo de la economía”. “La corrupción generalizada”. “El mal funcionamiento de las instituciones”. “El populismo” como raíz y eje del mal, etc., etc. No solo son frases de ocasión para embarrar la cancha.
Este posicionamiento teórico no debería tomarse solo como palabras sueltas de asesores como Duran Barba. Correspondería, por ejemplo, que se analicen como idénticas posiciones a la Proclama de los genocidas golpistas del 76. También correspondería analizar como parte de un relato que se está llevando a cabo con los manuales de la contraofensiva imperial a lo largo y ancho de nuestra tierra indoamericana y caribeña.
Estas ráfagas discursivas que denuncian solapada y serial mente, no son solo muletillas, van más allá de cualquier repetición multiplicada por el terrorismo mediático. En el fondo buscan instalar un cuadro de “desgobierno” al que por supuesto debería ponerse fin. El espejo es idéntico al arquetipo usado en la coyuntura previa al golpe genocida del 24 de marzo de 1976.
El ayer y el hoy desestabilizante son parte de un mismo todo donde ya ni alcanza el “miente, miente, algo quedará”. En los días previos, en la mañana y en la noche de las últimas PASO, las acusaciones de la oposición y las inculpaciones e imputaciones de los días previos al golpe del 76, son casi una misma cosa. Las semejanzas son más que preocupantes. En los archivos del CELS hay materiales que algunos militantes secuestrados rescataron de la ex ESMA, que debería leerse para develar interrogantes.
En esta etapa de contraofensiva imperial, la puja electoral, las denuncias y acusaciones se llevarán a límites desconocidos hasta ahora. La oposición – los “Capriles nacionales” – ya se atrevieron a ir un poco más allá todavía. Usaron seres humanos condenados por la justicia por cambio de favores para acusar al candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires de potencial asesino y narco. ¡Vale todo! habrán pensados algunos opositores, trasladando mecánica y linealmente la línea de Washington que la CIA y el Pentágono proponen para esta coyuntura.

Nostalgias desestabilizadoras
En el Tucumán de hoy, con su accionar la oposición no solo busca agudizar las contradicciones en el seno del pueblo. Busca deslegitimar lo que ellos mismos ayudaron a crear y solventaron con tanto tiempo. Tal vez, crean que como en el 76, las condiciones objetivas estén maduras para imponer una sistemática e injusta violencia de atraso que arranque de raíz las ideas y propuestas alternativas de lograr una segunda y definitiva independencia.
Quizás por eso, se vuelvan a creer los únicos “salvadores de la patria”. A lo mejor, recuerdan lo que dijera Ricardo Balbín, el viejo líder de los radicales por cadena nacional en víspera del golpe: “Algunos suponen que yo he venido a dar soluciones, no las tengo pero las hay”. Claro que las había para ellos, el golpe y dentro de él, aportaron intendentes y funcionarios a la dictadura más sangrienta que se conociera en nuestro país.
Tal vez, la oposición recuerde con nostalgia lo que el monseñor Victorio Bonamín, Vicario del Ejército expresara públicamente el 23 de Setiembre de 1975 frente al general Roberto Viola: «¿No querrá Cristo que algún día las Fuerzas armadas estén más allá de su función?».

La operación del “fraude”
En Tucumán hoy, se refuerza parte de las fases desestabilizadoras de manual que se usó en Paraguay para derrocar al presidente elegido democráticamente y destituido por el parlamento y que se está usando en Venezuela, El Salvador, Ecuador, Nicaragua, y Brasil.
En Tucumán hoy, la oposición pasó de los enunciados a la acción. Así, lanzó una fase más aguda de la lucha de clase que desconocen pero la practican. Primero, intentaron conquistar al electorado auto-referenciándose frente al “populismo” como la “única garantía democrática y republicana”. Como las mayorías no respondieron a ese armado del terrorismo mediático y el bloque dominante, y en la puja electoral no acompañaron con el voto, automáticamente cambiaron el discurso afirmando que son derrotados en las urnas solo porque se hace fraude.
La contraofensiva del imperio viene llevando esta impronta y este accionar desde Honduras para acá. En el caso Tucumán, hoy buscan agudizar aún más las contradicciones que se generaron en los frentes de masas que todavía sufren las causas de la derrota del campo popular y las consecuencias del genocidio. En nuestro país hay cuentas pendientes desde el 2005, cuando en mar del Plata los presidentes de Argentina, Venezuela, Brasil, mandaron al “carajo” al ALCA. Desde esa derrota coyuntural del capitalismo yanqui, éste viene preparando el escenario desestabilizador en nuestro país.

Los hechos en línea con la contraofensiva del imperio
Llegada masiva de los dirigentes opositores encabezados por el candidato a presidente Mauricio Macri a un escenario que sabía de antemano, que objetiva y cuantitativamente la oposición sería derrotada por más del 10 o 12 por ciento de los votos. Esta presencia y las acusaciones vertidas, no solo extraña, sino que deja evidencias de un probable hecho ilícito que la justicia debe investigar y sancionar si encuentra elementos probatorios.
El reparto de bolsones en una actitud clientelar en el día de las elecciones de uno y otro lado es lamentable y debe ser repudiado e investigado. Los golpes a un camarógrafo y las amenazas a colegas de la prensa, aunque sea de medios que responden al terrorismo mediático debe ser repudiada. Las amenazas a los fiscales y autoridades de mesa, la quema de urnas debe ser repudiada, también investigada. La represión aún en estos casos también es repudiable.
La movilización de las cacerolas de teflón en la Plaza Independencia debe ser otro punto de inflexión que lleve a analizar los comportamientos de los sectores de clase que a pesar de que recibieron beneficios claros de una política gubernamental salen a repudiar contradictoriamente en contra de sus propios logros.
La participación de diversos sindicalistas del campo, la ciudad y de la banca pública y privada, se lo debe ver dentro de los posicionamientos políticos de la vieja derecha que viene colaborando con los golpes de estado y ahora mutaron en “combativos” y no son nada más que eternos desestabilizadores.
Los intentos de copamiento de la Casa de Gobierno, deben ser investigados a fondo porque allí se puede desbrozar parte del campo y del cultivo desestabilizante. La represión es como siempre absolutamente repudiable. Y debería ser enmarcada en el viejo paradigma represivo de la policía tucumana que sigue estando en contra de las mayorías populares y de cualquier sintomatología de cambio en contra de los intereses de las minorías dominantes.
Dentro de este cuadro de situación se debe destacar que la oposición de los sectores morenistas y la izquierda reformista tradicional, en esta coyuntura sigue respondiendo a sus propios microclimas alejados de las masas y termina al servicio de los intereses ajenos a la clase que busca representar.
Este escriba, como viejo cronista que subjetiva y objetivamente analiza los hechos históricos desde una visión que responde a los intereses populares, propone humildemente que nada de esto se analice por separado, o en compartimentos estancos; ya que todo tiene que ver con todo, y como todo está en permanente movimiento siempre y se van generando contradicciones en el movimiento mismo, se debería ver cada hecho que pasó en Tucumán como un hecho que se va agravando dentro de la agudización de la lucha permanente entre pueblo que quiere ser libre e imperio.

ricardobussi

Ricardo Bussi, hijo del genocida Domingo Bussi, en la movilización en la Plaza Independencia

tucumanbuenosaires

 

Movilización en Buenos Aires

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