TRES DÍAS QUE CONMOVIERON A LA ARGENTINA

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Por Ulises Bosia
Malestar social y representatividad. Reflexiones a partir de una semana fuera de la común en la que la agenda política surgió desde abajo.
Si algo quedó claro después de la movilización docente del lunes, la concentración de la CGT del martes y el paro de mujeres del miércoles, es que el malestar social con el gobierno está más extendido de lo que buena parte de las dirigencias políticas y gremiales estuvieron dispuestas a asumir hasta ahora.
A pesar de las operaciones políticas y mediáticas, perdió cualquier sustento la idea de que el paro docente es una maniobra con fines políticos urdida por un grupo de sindicalistas identificados con el kirchnerismo, dispuestos a todo con tal de “poner palos en la rueda”, como denunció el presidente Mauricio Macri en la apertura de sesiones legislativas. El ataque directo contra Roberto Baradel, líder del principal gremio docente bonaerense, era la encarnación concreta de esa mirada. Decenas de miles en las calles de Buenos Aires y un contundente paro en todo el país, acompañados por amplios niveles de legitimidad en la sociedad, desarmaron la operación y obligaron al gobierno a tomarse más en serio un conflicto que todo indica que tenderá a prolongarse.
Lo mismo ocurre con la idea de que el reclamo de ponerle fecha al paro general y los incidentes durante el acto de la CGT frente al Ministerio de Producción fueron el resultado del accionar conspirativo de una serie de dirigentes gremiales y políticos kirchneristas y de la izquierda. Indudablemente ya desde el “paro que no fue” del año pasado, ese reclamo estaba instalado tanto desde las CTA y desde la Corriente Federal de la CGT como desde los sectores clasistas identificados con el Frente de Izquierda. Pero es evidente que sin contar con un amplio nivel de malestar social no hubiera trascendido a los niveles vistos el martes, sintonizando con el humor de gran parte de la asistencia a la que quizás fue la mayor concentración popular desde que Macri asumió el gobierno.
Finalmente, en el caso del paro de mujeres, las razones del descontento trascienden largamente la coyuntura del momento. Por esa razón, si bien en la actualidad se ven agravadas por la política del gobierno, ponen en cuestión aspectos más profundos de nuestra realidad. La masividad de esta nueva jornada feminista a escala mundial, marca que a cada paso está más apropiada por parte de partidos políticos, sindicatos y todo tipo de organismos del campo popular.
De un primer momento centrado exclusivamente en la violencia de género, ahora la conciencia se extendió también a las múltiples formas de la desigualdad a nivel económico: trabajos domésticos no remunerados, brecha salarial entre hombres y mujeres, dobles jornadas laborales, etc. Múltiples son los reclamos y las reformas planteadas en los distintos terrenos. Pero una cosa sobresale: si bien hasta ahora no existe ningún sector político que rechace abiertamente al movimiento de mujeres, al mismo tiempo es evidente que el sistema político solo representa de una manera muy pobre a este espíritu feminista surgido desde las entrañas de nuestro pueblo.

La “cada vez menos ancha” avenida del medio
La novedad del martes fue que el fenómeno de creciente polarización que se viene dando en el terreno político, angostando la “avenida del medio”, se observó también en el terreno gremial.
En efecto, el triunvirato de conducción de la CGT, detrás de cuyas caras visibles hay una gran influencia del Frente Renovador, encontró de la forma más inesperada los límites actuales de una política de “oposición blanda”: fue desbordado en su propio acto.
Convocar a un paro general pero no ponerle fecha, era la riesgosa manera de expresar una política de creciente oposición pero sin cortar los puentes de negociación con el gobierno. En una amable reunión con funcionarios o en una rueda de prensa sin duda pueden manejarse esos niveles de ambigüedad política, pero en una movilización con cientos de miles de personas sólo es posible hacerlo si se cuenta con un liderazgo sindical fuerte, que después de la retirada de Hugo Moyano, es evidente que aún no existe en el movimiento obrero. Al contrario, el triunvirato comprobó amargamente que no está en condiciones de hacerlo, con un peronismo dividido tanto a nivel político como gremial.
A pesar del deseo de algunos sectores gremiales, no está a la orden del día el paralelo con la década del ochenta, cuando la CGT liderada por el cervecero Ubaldini marcaba la cancha frente al gobierno radical, ante un peronismo sumido en las internas que caracterizan su habitual procesamiento de las derrotas electorales.
En el contexto de una sociedad en la que crece el malestar social con las políticas de ajuste del gobierno nacional, no habrá un “Ubaldini del siglo XXI”, al menos mientras la conducción de la CGT continúe con la política de “diálogo”.

El peronismo en su laberinto
El triunvirato se metió por su propia cuenta en una situación difícil. Frente a la creciente polarización, los sectores del peronismo en el Frente Renovador revalidan su acuerdo con Margarita Stolbizer. Es decir que anuncian su intención de orientar su política a capitalizar el descontento de la base de votantes de Cambiemos, lo que si bien supone tomar distancia del gobierno, sobre todo depende de evitar a toda costa quedar pegados a la política de Cristina. Traducir eso a la política gremial puso al triunvirato a destiempo de su base social, planteando en los hechos una duda sobre su capacidad de liderar el conflicto social.
El problema es que buscar un reacomodamiento de su política, expresado en un proceso de transformaciones más o menos doloroso, quizás mediante la incorporación en la conducción de la Corriente Federal, supone acercarse al resto del peronismo, en el que recuperó espacio la figura de la ex presidenta y, sobre todo, la orientación política de confrontación con el gobierno que ella pregona. Y es notorio que las heridas entre la mayor parte de la conducción de la CGT y el kirchnerismo están muy lejos de estar cicatrizando.

***
La buena noticia es que el pueblo argentino, con sus muy diversos rostros actuales, revalidó su capacidad histórica de movilización y de defensa frente a las agresiones de los sectores dominantes. Como en pocos países del mundo, más allá de los zigzagueos de sus dirigentes, demostró de manera masiva en las calles que no será fácil el arrebato de derechos y conquistas que pretende el gobierno de los CEOs.
¿Encontrará una traducción en el terreno electoral esa gran masa de energía combativa que pudimos ver estos días en las calles? ¿Estará la representación política y gremial a la altura de lo que pasa por abajo? Es uno de los principales enigmas políticos de este año.

Fuente: Notas

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