Tres años sin patrón

Se cumplió un año más de la expropiación recuperamos la experiencia de la Cooperativa Frigocarne.

LA TRIBUNA*

Un año más sin patrón. Otro año que pasa y demuestra, a pesar de los errores y las trabas, lo consolidado que está el proyecto que llevan adelante con orgullo familias de Máximo Paz convencidas de que a través de la solidaridad y la autogestión el trabajo se hace más digno y humano. Recorremos la historia de Frigocarne Sin Patrón. Feliz cumpleaños a los trabajadores y las trabajadoras que día a día ponen el alma para que esta experiencia siga de pie y a paso firme.


La etapa bajo patrón

Antes del 27 de marzo de 2007 los patrones de la familia Piczman se apropiaban del fruto del trabajo de los obreros de Frigocarne; y llevaba una vida acomodada gracias a lo que los trabajadores producían. Las tierra, los medios de producción (o sea, la planta), los instrumentos de trabajo, la materia prima y el dinero generado quedaban en manos de unos pocos que se conformaban con mantener con migajas a todos los trabajadores que vivían para ellos. El modelo neoliberal protegía a los patrones y les permitía explotar y enriquecerse a costa de la clase obrera de la carne. La patronal amenazaba con la violencia del desempleo, del hambre, del atraso y de las leyes que un sistema nefasto le proporcionaba.
A pesar de los maltratos, como es lógico, el patrón necesitaba de los trabajadores. Necesitaba la fuerza de trabajo porque sin ella, sólo con sus máquinas y su materia prima, no podía producir. Los trabajadores, despojados de otros bienes más que de su capacidad de trabajar y producir, debían ofrecer su fuerza de trabajo a cambio de las migajas con las que la patronal pagaba por sus tareas. Producían riquezas a cambio de nada. La explotación que, para el sistema imperante, es moneda corriente. Los obreros nos cuentan que durante sus horas de trabajo y en condiciones pésimas para su salud, generaban un valor mucho mayor al que se les pagaba a fin de mes; existía una gran diferencia entre ese valor que producían y el salario que se les pagaba. Como es sabido, la diferencia generada por el trabajo de los obreros era apropiada por el patrón, quien la usaba para mantener su costosa vida y para reinvertirla en la planta, para así seguir generando ganancias a costa del trabajo de otros. Para seguir apropiándose de las riquezas que los trabajadores producían, sin importar los problemas que podían llegar a tener estos trabajadores y haciendo oídos sordos a sus quejas y reclamos.
Hasta que un día los obreros dijeron basta. Un día decidieron por fin organizarse. Dejar de someterse y cortar con el saqueo que la patronal ejercía sobre el trabajo de familias enteras. A través del compromiso solidario de todos los compañeros fueron comprendiendo que la propiedad de los medios de producción debía ser de ellos, sólo así los trabajadores llegarían a ser dueños de su propia fuerza de trabajo, y sólo así conseguirían un mejor futuro para ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos. Recuperando la planta buscaron recuperar los medios de producción para una producción y comercialización social que eliminara para siempre la explotación en Frigocarne. Recuperar la planta para recuperar los sueños.

Aquí están, estos son, los obreros sin patrón

En diciembre de 2003 la familia Piczman decide cerrar por tercera vez consecutiva la planta, dejando sin trabajo a todos los obreros que trabajábamos en ella. Hay que tener en cuenta que, mientras quebraban la planta de Máximo Paz y dejaban a los vecinos sin trabajo, Piczman poseía otros dos frigoríficos en otros puntos de la ciudad.
Llenos de bronca y cansados de la condena al atraso, los obreros de Frigocarne comenzaron a reunirse para discutir qué hacer, como clase que vive del trabajo, frente a los atropellos de la patronal. Eligieron hacerse cargo de su destino. Todo un ejemplo. Eligieron cambiar el rumbo de la historia, demostrar que no todo está perdido y que hay mucho por hacer. El 24 de marzo de 2004 se reunieron en asamblea y decidieron tomar la planta para ponerla al servicio de los trabajadores. El 27 de marzo ocuparon las instalaciones del frigorífico. La asamblea continuó adentro de la planta, y ahí decidieron poner el frigorífico bajo gestión obrera sin ningún patrón. Ahí nomás, con las familias y compañeros, se pusieron a hacer el inventario de todo lo que había en la planta, de todo lo que, a partir de ese momento, les pertenecía. La lucha y la resistencia fueron muy duras; tres años y medio debieron resistir sin mayores ingresos que aquellos que la voluntad y solidaridad les permitían conseguir.
Durante el tiempo que les llevó poner a punto la planta, con todo lo complejo que esto supone, las familias de trabajadores y trabajadoras hicieron una huerta para el autoconsumo y entre changas y colaboraciones pudieron sobrevivir con dignidad a la falta de trabajo. Golpearon puertas, recurrieron al Estado para exigirle que los reconociera, que los ayudara a sostener su lucha. Lo reconocen con lagrimas pero con orgullo, fueron tiempos muy duros y difíciles, muchos compañeros abandonaron en el camino, muchos no pudieron resistir el hambre, el frío, la incertidumbre, el agotamiento. A muchos también les faltaba la esperanza y les costaba creer que el sueño era posible, que podían ser los dueños de los medios de producción y producir socialmente con ellos. Pero el 25 de junio de 2007 los trabajadores que habían logrado resistir finalmente triunfaron. El frigorífico volvía a producir, y entre emociones y abrazos vieron cómo tanta lucha, tanto sacrificio y tantas necesidades pasadas ahora hacían realidad el sueño que habían empezado a construir entre todos. La dignidad pudo más que la explotación y esta vez las máquinas funcionaban al servicio de la clase que vive del trabajo y no de los explotadores. Tanto tiempo de lucha y resistencia, entre alegrías y llantos, sin perder nunca la convicción y la esperanza, dieron el fruto más noble para el trabajador y el mejor ejemplo para sus familias y la sociedad: la apropiación de los medios de producción para quienes lo trabajan.

La lucha continúa

Convencidos y consientes de su fuerza como nuevo actor social en la construcción de una producción y comercialización social, la familia obrera de Frigocarne sigue luchando por la propiedad colectiva de los medios de producción. Sin fuerza de trabajo asalariada, con ayuda mutua, solidaridad y decisiones autónomas, no bajan los brazos a pesar de que su lucha sea contra un monstruo grande. Siguen luchando por eliminar el mero beneficio individualista, instalado tras 200 años de capitalismo, en pos de una comercialización social que con el tiempo permita la apropiación colectiva de lo producido con fines sociales. La Cooperativa Frigocarne está produciendo hoy sin patrones. Producen a fazón, es decir, por pedido. No tienen, aun, vacas propias, sino que cobran por los kilos de animal faenado. Pero saben que sólo llegarán a apropiarse de las riquezas que producen y terminar con la autoexplotación cuando tengan faena propia.
Mirando para atrás y haciendo un poco de memoria, podemos reconocer con alegría lo mucho que se ha ido ganando con el esfuerzo que día a día todos los obreros y obreras de Frigocarne Sin Patrón ponen en llevar adelante este sueño.
Es cierto que a veces les cuesta tomar conciencia de lo difícil que ha sido el proceso, sobretodo por lo novedoso de un proceso con pocos antecedentes a largo plazo. También es verdad que lo que no pasaron por los momentos más duros de la lucha por ahí no terminan de comprometerse con la lucha colectiva. Pero es admirable la insistencia, la convicción y la certeza de que es posible si nos unimos y luchamos entre todos a favor de la clase en la que nos reconocemos.
Nunca hay que dejar de volver la cabeza hacia atrás para entender y valorar a los que hicieron posible nuestro presente de lucha. Hay que caminar con los compañeros que han caído. Hay que volver a quienes dieron tres años y medio de sus vidas cuando muy pocos creían en la posibilidad de recuperar la planta. Vernos en ellos nos sirve para reflexionar acerca de lo difícil que ha sido el camino, de cuánto ha costado llegar a lo mucho que hoy tienen y de lo importante que es seguir juntos, caminando ese sueño que otros inauguraron y que entre todos nos tenemos que asumir como responsables para seguir construyendo ese otro modelo de sociedad que anhelamos.

 

* Edición impresa, julio 2010

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