TRABAJADORES DE PRENSA: LA LUCHA EN EL CUERPO

Por Noelia Leiva. Realizadoras feministas presentarán un corto sobre el paro general de periodistas del 7 de junio de 2013. Consideran que allí los y las periodistas empezaron a entenderse como “laburantes”. Las mujeres rompieron la doble cadena de opresión: asumieron espacios de “arenga” culturalmente reservados a varones.

Sus cuerpos empezaron a moverse. Los bombos se batían y cada vez eran más de ellas las que los agitaban. Gritaban, se movilizaban, ya no se conformaban con debatir en la privacidad de un encuentro de pares. El 7 de junio de 2013, una opresión en doble vía empezó a romperse: en las redacciones, los y las periodistas se animaron a reconocerse como trabajadores y trabajadoras, conscientes de que debían resistir la clausura de sus derechos, y se concentraron en el Obelisco para hacerlo público. Al mismo tiempo, las mujeres de esa lucha entendieron que no había que pedir permiso para tener voz. Revbeladas, un grupo de realizadoras audiovisuales con perspectiva de género, registró ese cambio de mirada en un corto que se difundirá esta tarde en el Festival Internacional de Cine Político (FICiP).
El año pasado, 1500 periodistas celebraron su día en el centro porteño, en el primer paro general desde 1986. Había que festejar que la unión comenzaba a madurar. Se dedicaban a escribir historias cuyos protagonistas eran acallados por el sistema pero sus propias patronales desarticulaban la batalla por las conquistas laborales, lo que en la movilización se sintetizó en el reclamo de “paritarias” y de una conducción gremial representativa. A esa marcha fueron las cineastas de Morón Mariana Bernárdez y Natalina Franco Dos Santos, que decidieron encender la cámara porque entendieron que estaban ante un hecho que formaría parte de la historia.
-¿Por qué una movilización de quienes trabajan en los medios mereció que Revbeladas la convirtiera en un corto?
Mariana Bernárdez: Recibimos una convocatoria de las compañeras de Red PAR- Periodistas de Argentina en Red por una Comunicación No Sexista y creímos que íbamos a participar en una convocatoria de comunicadoras de género. Pero cuando llegamos a la Avenida 9 de Julio vimos cómo la gente tenía cara de sorpresa al ver que eran las banderas de los medios que ellos leían las que estaban ahí. El olfato nos decía que era algo distinto y lo empezamos a registrar. Estaban Página/12, Télam, Clarín; medios de los estratos más diversos que se daban cita en el Obelisco y habían parado las redacciones para demostrar a las patronales que estaban formando una fuerza con sustrato colectivo que podía incidir.
¿Dónde yacía ese cambio que ustedes leyeron?
MB: Se vieron a los medios como aparato de producción y de generación de sentido, con todos los intereses que se ponen en juego. Hay una paradoja porque las personas que tejen relatos son escasamente protagonistas de historias porque las invisibilizan sus patronales. Son usinas de generación de relatos pero no son sujetos o sujetas del discurso. Era la sorpresa de que los que estaban en la calle eran ellos y ellas, a los que el imaginario popular no les concede el lugar de trabajadores sino de intelectuales que están detrás del escritorio y que, cuánto más sepan de la maquinaria, mayor será su capacidad de incidencia.
¿Qué lugar tuvieron en la lucha las periodistas ese 7 de junio?
Natalina Franco Dos Santos: Al pensar el rol de ellas, partimos de pensar que hay que solucionar las desigualdades entre opresores y oprimidos, y de los oprimidos dentro de los oprimidos. Buscamos aportar a la conquista de los derechos a través de nuestro oficio, que se trata de mirar, de cómo mirarnos, por ejemplo, en el contexto de nuestra condición de mujeres. En la movilización habíamos re descubierto algo y corrido velos al pensar a los periodistas como trabajadores, no atomizados con un medio. En ese marco, los cuerpos de ellas eran los que contaban, cuando suelen narrar con las palabras.
¿Por qué contaban sus cuerpos?
NFDS: Sostenemos la idea de la corporalidad como terreno político, como territorio por liberar. Esas compañeras que narran las historias a través de la pluma estaban empezando a escribir el capítulo de una nueva historia con su cuerpo. Iban con bombos, altavoces. Era la apropiación de una historia de lucha.
MB: Ese fue el comienzo pero se sintió más fuerte con su participación en las siguientes etapas, donde sostenían banderas, redoblantes, megáfonos; roles que, casi siempre y debido a la división sexual del trabajo, ejercen varones, vinculados a la fuerza física y la arenga. Se fueron corriendo esas divisiones y se apropiaron de algo que les correspondía. Eran cuerpos que se liberaban de un montón de cadenas culturales.
Desde su rol de observadoras de ese proceso, ¿cuál creen que fue la respuesta de los hombres de ese conjunto?
MB: La maduración subjetiva las abraza en un proyecto más amplio. Hay lugares que se toman si están en disputa pero, cuando se da en un consenso, hay un proceso dialéctico en el que algunos rechazan sus privilegios, como hicieron algunos compañeros varones.
El feminismo en los ojos
La cámara no es inocente. El ‘recorte’ de la realidad -que la reconstruye, la cuenta subjetivamente- que hace Revbeladas empieza a formarse en la militancia territorial y comunicacional que iniciaron en plena crisis de 2001 y que, unos diez años después, pudieron empezar a nombrar: “Antes nos preguntábamos sobre la desigualdad y la opresión bajo una mirada latinoamericanista pero después vimos que no, que había que pensar en un marco de desigualdades simbólicas e individuales anteriores”, explicó Bernárdez.
Así como quien tiene la fuerza de trabajo es expuesto a la manipulación simbólica y material de quienes poseen los medios de producción, las mujeres -reducidas culturalmente a la aceptación y no a la decisión- quedan rezagadas en la lucha de sus derechos bajo el dominio machista. Deconstruir esa lógica en pos de la equidad es el aprendizaje que les dejó “llegar a los 30 y pico y descubrirse feminista”, definió la realizadora.
“Queremos poder mirar qué nos pasa a nosotras, mujeres, profesionales, militantes, compañeras, ex esposas y aportar a esto de llenar de sentido una manera de ser mujer más allá del binarismo del heteropatriarcado”, enfatizó Franco Dos Santos. Bajo ese lema trabajan hace dos años en un largometraje que investiga, una vez más, cómo juegan los cuerpos en el desafío de constituir una identidad fuera de las normas de exclusión sexista. Y ven a través de ese cristal todas las luchas por la horizontalización del poder.
Cuándo y dónde:
El corto se proyectará hoy a las 19 en el FICiP, en el auditorio del Hotel Bauen, en Callao 360. La entrada es gratuita.
Fuente: Marcha

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