Tierras para sembrar sueños

Wiñomüleiñ ta iñ mapu meu significa, en idioma mapuche, “territorios recuperados”. Repasamos aquí los logros de las luchas indígenas y campesinas de nuestro país.

La realidad en el sector agropecuario de nuestro país, sabemos, es bien compleja. Los residuos de años de neoliberalismo reflejan un panorama actual que se basa en la híper-concentración, el monocultivo y la explotación indiscriminada de recursos naturales. Todo esto tiene varias repercusiones para con la clase que vive del trabajo rural, en tanto contaminación (aguas, tierras, aire), expulsión del sistema de comercialización, dificultad de acceso y producción (semillas, agua, alimentos) y desterritorialización (propiedad y migración). Aquí, nos centraremos en la última de estas cuestiones: la problemática de la tierra. La tierra es imprescindible para la supervivencia de estos actores, de estas comunidades. Como nos explica Darío Aranda, “la recuperación implica mucho más que hectáreas, instala una concepción diferente de la tierra, que interpela el concepto de propiedad individual en busca de rentabilidad y lo suplanta por un espacio de ocupación colectivo, ‘territorio ancestral’, imprescindible para el desarrollo como pueblo originario”.

En este sentido, y a modo de balance, proponemos reflexionar sobre las luchas de la clase trabajadora rural durante el 2009, las dificultades, los triunfos y los desafíos. Sobre todo reivindicar los tan merecidos triunfos. Para esto proponemos interiorizarnos en algunas experiencias de las tantas que suceden en nuestro territorio.

Patagonia

En la Patagonia, al sur de nuestro país, existen actualmente gran cantidad de comunidades Mapuches. A pesar de que sus reclamos y propuestas poco se ven en los grandes medios y teniendo en cuenta los siglos de opresión y exterminio, es notable y digno de reivindicar que en la última década, el pueblo Mapuche haya recuperado más de 230 mil hectáreas de “territorios ancestrales”. A través de organismos como el Consejo Asesor Indígena (CAI) y la Confederación Mapuche de Neuquén pero, sobre todo, por la fuerza y las convicciones de la gente que integra las comunidades, se han logrado varias victorias en estos últimos tiempos. Basta con mencionar a la comunidad Mapuche Lefimi, que este año logró retornar a su territorio, en la provincia de Chubut, luego de casi 30 años y en su comunicado nos dejan un soplo de enseñanza: “consideramos que es necesario y urgente regresar a nuestra tierra, protegerla y resguardarla del daño mortal de las mineras”. Otro ejemplo lo protagoniza la comunidad Quintupuray que luego de 15 años recuperó el territorio: ingresó a las parcelas, construyó una vivienda y comenzó a utilizar el territorio. Hasta mayo del año pasado, y con una veintena de casos, el pueblo mapuche de Río Negro lleva recuperadas 160 mil hectáreas. La mayor parte en cercanías de Ingeniero Jacobacci, Maquinchao y El Bolsón.

Valles Calchaquíes

En los valles Calchaquíes en Tucumán, viven actualmente dos comunidades de pueblos originarios: los Amaichas y los Quilmes. Luego de décadas de largas luchas por el territorio con los distintos gobiernos nacionales y provinciales, en la década de 1990, la gobernación de Palito Ortega concesiona el Pucará Quilmes (ciudad Sagrada Quilmes) por 100$ mensuales a un empresario que monta un Hotel sobre parte del Pucará. La concesión finaliza en 2002 pero el empresario Cruz sigue haciéndose de los beneficios y de la explotación del lugar a pesar de un recurso de amparo presentado por la Comunidad India de Quilmes (CIQ). En 2007 luego de cortes de ruta y desalojo por parte de la justicia del empresario, la CIQ recupera la ciudad sagrada Quilmes. Hoy el Pucará es habitado la comunidad originaria del lugar, quienes tienen otra concepción del territorio: “a la Madre Tierra tenemos que quererla, respetarla, cuidarla porque ella nos da todo, desde la cuna hasta la cama que nos pone cuando terminamos nuestro ciclo”.

Mendoza

Hace más de cinco años que una comunidad de la provincia de Mendoza estaba reclamando tierras. Hasta que, este año, sesenta familias nucleadas en la Organización de Trabajadores Rurales sin Tierra de Lavalle (OTRAL) ocuparon de forma pacífica, pública y permanente un terreno de 200 has ubicado sobre la Ruta 34 en el departamento de Lavalle, Mendoza. El territorio no lo ocupa nadie (y está en “trámite”) hace más de cien años. Otro ejemplo más de trabajadores rurales que no tienen tierras que “se encuentran” con tierras sin trabajadores que la trabajen.

Tierra para todos

A pesar de la cada vez mayor cantidad de personas (y empresas) que entienden a la tierra como mercancía (la tierra como un negocio para pocos, donde se propicia la expulsión de los campesinos) y de la multiplicación de los desalojos de pequeños productores, vemos como existen brotes de justicia que nos contagian las ganas de seguir luchando. Conviene quedarse con las palabras de los guaraníes, “nosotros somos de ahí, es nuestra tierra. No vinimos de otro lado a vivir. Pero ahora vivimos dentro de la propiedad privada, no tenemos tierra. Por eso queremos tierra para nosotros, para nuestros hijos, para nuestros nietos”.

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