S.O.S. TOLERANCIA

Por Héctor Darío Reyes desde Santa Clara, Cuba

En las más diversas sociedades han existido siempre prejuicios, así como estereotipos que subvaloran o marginan a diferentes clases, etnias o grupos habitantes.

Los procesos de sociabilizacion de cualquier conjunto humano pueden incluir estas vejaciones. El tema se ha tratado desde tiempos inmemorables. Siempre en este mundo homogenizado hubo, hay y habrá grupos humanos con características, costumbres e idiosincrasias particulares, diferentes y originales. El asunto es cohabitar pacíficamente por lo menos en el orden social, ya que en el político y el religioso nos han demostrado su incapacidad para ello.

Bien es sabido que estas categorías son verdaderas barreras que impiden una relación, conversación o más sencillo aún, un pensamiento positivo sobre la persona estereotipada.
En medio siglo se han marcado pautas extremistas en estos predios geográficos.  
Un ejemplo contundente no los da la historia del reconocido segundo gran movimiento pacifista en la historia moderna.
En los años 60 del pasado siglo, un movimiento tomó auge dentro de la sociedad occidental capitalista.
Las tensiones de la guerra fría, la pasividad de posguerra y las nuevas tendencias en la música anglosajona, que ahora experimentaba con los ritmos folck de los estados agrícolas fusionando música «negra» y «blanca», llevaron a los jóvenes de la clase media (predominantemente) norteamericana e inglesa a unirse en comunas alejadas de las ciudades como los primeros habitantes de sus tierras.
Estos, llamados por la sociedad circundante «rebeldes sin causa», fundaron de manera espontánea una estructura de vivencia, convivencia y supervivencia marcada por el movimiento de contracultura. Luego, la guerra de Vietnam y la industria cultural, cementaron y sellaron las bases ya creadas de lo que se dio en llamar: Movimiento hippie. Se creaba así uno de los más arraigados estereotipos de la sociedad occidental. Estereotipo que alcanza y salpica, incluso, a otras tendencias más modernas, fuerza la incomunicación entre estas personas y la sociedad, y motiva prejuicios contra todo lo que huela a contracultura.
Tanto es así que se ha creado una idea de automarginación en gran número de integrantes del movimiento. La mejor fórmula contra estos males resulta la más sencilla. Respeto, comprensión, tolerancia, parece ser el principal aliciente contra estas situaciones que para nada ayudan al perfecto desarrollo de la sociedad. Sociedad que en su tercer mileno continúa mermada por prejuicios y estereotipos que subvaloran o marginan diferentes clases, etnias, grupos, habitantes o personas que ya deberían empezar a enviar señales de humo o un S.O.S. a la tolerancia.

 

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