SINDICALISMO Y MOVIMIENTOS SOCIALES FRENTE AL GOBIERNO DE MACRI

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Por Federico Orchani
Asistimos a un reordenamiento del escenario político regional y nacional. El autor destaca que no se trata necesariamente de un retroceso de la izquierda y analiza el estado de la movilización social frente al ajuste, y la actualidad de la izquierda.
En un artículo reciente en Panamá Revista, Pablo Stefanoni polemiza con una serie de comentarios de Roberto Gargarella publicados en revista Ñ luego de leer el libro “¿Por qué retrocede la izquierda?”. El texto que recoge diferentes aportes analiza las “recientes derrotas políticas y electorales de los gobiernos progresistas sudamericanos”. No tenemos intención en esta oportunidad de meternos en aspectos del libro sino en parte de la polémica de Stefanoni y Gargarella.
El nudo de la polémica es la conceptualización del “ser de izquierda”. Gargarella parece ofuscado por el uso de “giro a la izquierda” para caracterizar la ola de gobiernos progresistas sudamericanos que sobrevinieron al repliegue neoliberal de fines de la década del 90’ y principios del siglo XXI. Según Gargarella los llamados “gobiernos de izquierda” en realidad, no son de izquierda. Y critica la definición de Andrés Malamud, uno de los autores del libro. Dice Malamud: “Si no hay elementos incontestables, ¿qué es lo que define la ubicación ideológica de un líder o un partido? La respuesta solo puede ser una: la intersubjetividad?”. “Gargarella dice que esa forma de definir ‘izquierda’ resulta insólito en el campo de las ciencias sociales”. De más esta decir, que no nos hacemos cargo de la definición de Malamud.
Gargarella, más bien parece polemizar con el “caso argentino” porque a decir verdad no existe una uniformidad en los procesos de trasformación y cambios ocurridos la década pasada. Existen diferentes grados de intensidad entre el proyecto encarnado en los países del ALBAy el Socialismo del Siglo XXI (Venezuela, Bolivia, entre otros) y los llamados modelos desarrollistas –Argentina, Brasil, Uruguay, entre otros–.
Sin profundizar el debate sobre “los gobiernos”, interpela la observación de Stefanoni a Gargarella: “la identidad de izquierda no se construye en el campo de las ciencias sino de la política” y agregaríamos “en la práctica política”. Ya que consideramos que la “identidad” no se construye solamente a fuerza de demarcación del espacio político, programático sino también en la acción concreta. Basta con recorrer la historia del marxismo latinoamericano y en particular del Partido Comunista y Socialista para observar las dificultades de los partidos para empalmar con los sectores obreros y de masas a pesar de pregonar en su programa el mensaje de la revolución y el comunismo. En la práctica solían tener más peso movimientos políticos y sociales que abrevaban en elementos del marxismo y leninismo pero apelando a la historia nacional y el antimperialismo como elementos identitarios. Estos, además, interpelaban a una gama de “sujetos” que trascendía al obrero industrial que no se contaba en millones, algo que si ocurría con el campesinado indígena. Esto se ve claramente en la polémica que el peruano José Carlos Mariátegui mantiene con la Internacional Comunista durante la década del ‘20 del siglo pasado y luego en los años 50 con la irrupción de la guerrilla rural del Movimiento 26 de Julio en Cuba.
La década del 90 y los albores del siglo XXI están marcados por la irrupción de los movimientos sociales, las grandes movilizaciones de masas para resistir las consecuencias de la política neoliberal y en Argentina la innovación del piquete como método de lucha en reemplazo de la efectividad de la huelga o las bajas programadas de la producción en los años 50 y 60 del siglo pasado. En algunos países el correlato fueron gobiernos reformistas con mayor o menor intención de atacar las bases de la desigualdad capitalista. Sobre todo en Venezuela y Bolivia hubo verdaderos intentos de socialización de los medios de producción y transición a un Estado de “nuevo tipo”. En Argentina, como sabemos, se dio un proceso particular. Ni el gobierno de Néstor ni el de Cristina se reivindicaron de izquierda o socialista aunque en los hechos se pareció más a un gobierno de centroizquierda por las reformas parciales y su retórica latinoamericanista aunque sin afectar intereses del capital concentrado ni los límites de la democracia representativa.
La frase “a la izquierda del kirchnerismo está la pared” acuñada en el momento de mayor fortaleza de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, remite al espacio político que ocupo la fuerza que domino la escena política durante la década pasada y que a fuerza de iniciativa logro neutralizar el progresismo no K.
Hoy, asistimos a un reordenamiento del escenario político regional y nacional marcado entre otros factores por la derrota de Daniel Scioli en diciembre pasado y la diáspora kirchnerista, la llegada al poder político de la derecha argentina por primera vez de manera democrática en el contexto de los efectos de una crisis internacional económica, política y social que no termina de cerrar. Nuestro humilde juicio es que no necesariamente “retrocede la izquierda”. Preferimos hablar de un repliegue temporal de la lucha social y el movimiento de masas. Coincidimos con Álvaro García Linera cuando analiza la crisis de los llamados “gobiernos progresistas” y la cita de Marx, “en 1848, cuando analizaba los procesos revolucionarios, siempre hablaba de la revolución como un proceso por oleadas. Nunca imaginó como un proceso ascendente, continuo, de revolución. Decía, la revolución se mueve por oleadas. Una oleada, otra oleada, y la segunda oleada avanza más allá de la primera, y la tercera más allá de la segunda”.
Es más, la profundidad del repliegue o reflujo debe ser pensado en detalle para proyectar mejor nuestra intervención política. Para ello usemos dos ejemplos: la actualidad de la izquierda y el estado de la movilización social frente al ajuste. Si tomamos estos dos elementos, veremos que ni siquiera un contexto de reflujo se traduce en un retroceso en todas las líneas o “vuelta a cero”.
En términos políticos, la izquierda siguió conquistando posiciones y generando nuevas experiencias políticas y organizativas. La política es relaciones de fuerza, en ese sentido no da lo mismo si existe un planteo disruptivo como el de Podemos en España o que una coalición de izquierda haya ganado la alcaldía de Valparaíso en Chile. En Argentina la izquierda trotskista en el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) acaba de realizar un acto masivo en el estadio Atlanta, además de haber logrado la adhesión de miles de personas en las últimas elecciones legislativas y presidenciales. Es obvio que existen debates y diferencias notables entre los ejemplos que mencionamos, pero para un contexto de reflujo no es lo mismo contar con el respaldo de dichas experiencias que no.
Por el lado de la movilización, la respuesta no ha sido menor. Son miles los que se movilizan contra el ajuste del gobierno ilegitimo de Temer en Brasil, lo mismo en Venezuela, donde las fuerzas chavistas resistieron intentos claros de golpe de Estado. En Argentina hubo cientos de movilizaciones para enfrentar el ajuste del gobierno de Macri pero hay algunas que llaman particularmente la atención por la masividad de las convocatorias y sus protagonistas. La más reciente fue el pasado viernes 18 convocada por los movimientos sociales y sindicatos en reclamo de una ley de “emergencia social”. Estas movilizaciones y acciones evidencian que Macri y Cambiemos no la tiene tan fácil para llevar adelante el plan conservador y reaccionario que le gustaría y por otro lado, la dinámica entre sindicatos, movimientos sociales y un nuevo-viejo actor por el control de la calle; la Iglesia. Otro aspecto es la disputa política por la organización y representación frente al estado de los trabajadores de la economía popular –ese tercio de la clase trabajadora en la informalidad– que llegó para quedarse. Aquí tampoco es correcto hablar de sindicatos y movimientos en términos de un bloque homogéneo: los hay combativos y de izquierda, otros simplemente combativos y quienes, como las centrales sindicales, están más preocupados por la negociación y el statu quo. En este importante nivel de movilización y politización de un sector no menor de la sociedad argentina se inscribe el “Paro de mujeres” que movilizó de forma inédita miles de personas contra la violencia de genero.
Por último, observar que estos “dos elementos” que elegimos para analizar la profundidad del repliegue, no necesariamente van ligados. Desde algunos sectores de la izquierda por ejemplo, se criticó con particular dureza la marcha por la “emergencia social” y a quienes con calificativos propios del mundillo de las redes sociales que no contribuye a un debate serio. También se señaló que el reclamo por una ley de “emergencia social” es incorrecto porque “precariza el trabajo” al no reclamar “trabajo genuino” soslayando por un lado los cambios en el mundo del trabajo luego de largos años de neoliberalismo desregulador y por otro y la dinámica propia de un segmento de la clase trabajadora que posee su propia lógica política y organizativa.
Por último, ahora sí, decir que la “profundidad del repliegue” también se pone a prueba a la hora de pensar la representación del espacio político. En ese sentido, las elecciones de medio término del año que viene en Argentina quizá marquen una nueva configuración de fuerzas en el marco del nuevo escenario. Aunque no de manera definitiva. Parte del sindicalismo y los movimientos sociales se van a expresar en armados diversos que van desde el peronismo no K, quizá el kirchnerismo que sobreviva o el centroizquierda. Probablemente la influencia de Bergoglio Papa en alguno de estos armados también sea notoria.
La izquierda tiene una oportunidad de incidir en “la discusión” solo si logra coagular una formación unitaria que ponga en tensión el purismo de las fronteras ideológicas y sea capaz de interpelar a sectores no contenidos en “la clase obrera”. La historia de lucha en el continente muestra que fueron exitosas las experiencias que lograron combinar elementos del nacionalismo revolucionario y el antimperialismo con las diferentes expresiones del marxismo revolucionario. Cuando nos referimos a “éxito” somos conscientes del contexto de reflujo. Ante un importante grado de fragmentación, la unidad apremia.

Fuente: Marcha

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