SANTA CLARA EN TRAVESÍA CON LA HISTORIA

santaclarache

«…que cada palabra lleve ala y color».
José Martí, La Nación, Buenos Aires, 1887.

Atrás quedaron caseríos, ciudades y guarniciones liberados. Fue de ofensiva rápida, de relámpago, a partir del lunes 15 de diciembre, ocasión que el Comandante Che Guevara eligió para cortar las comunicaciones entre Placetas y Fomento, y asediar Güinía de Miranda y Báez de acuerdo con la concepción de guerra desde la serranía central rumbo al llano.
Apenas la prensa plana y radial de la región se hizo eco de aquellos acontecimientos que trajeron enfrentamientos directos contra las fuerzas batistianas, y tampoco atestiguaron bombardeos frecuentes contra la población indefensa y las posiciones de los rebeldes.
De la otra parte está la añoranza y euforia en la población con los signos de libertad que trazaran un nuevo orden social que promete la Revolución en armas.
Los rotativos, con la prórroga de suspensión de las garantías constitucionales y censura impuestas por el régimen, proclaman en amplios titulares, de acuerdo con lo expuesto por el general Tabernilla, que «No hay rebeldes en Pinar del Río ni en Las Villas», y con tres velitas alegóricas a la Navidad Cristiana pregonaron que se «ilumine la conciencia de todos en estos momentos sombríos y difíciles que vive el mundo […] asolado por guerras y rumores de guerras». Cierta ironía escondían los mensajes por fin de año, mientras el cine-teatro Cloris, el más moderno en equipamientos tecnológicos de Santa Clara, anunció los estrenos exclusivos de Imitación General, o El general improvisado, una comedia bélica estrenada en agosto pasado por la Metro-Goldwyn-Mayer, y las actuaciones especiales de Glenn Ford y Red Buttons. Otro tanto hará con El puente sobre el río Kwai, un filme más reciente y de aventuras, que dirige David Lean.
Tal parecía que nada ocurría cuando en realidad todos escuchaban las detonaciones de cócteles Molotov, sirenas de carros patrulleros y descargas de fusiles Garand y San Cristóbal, o vuelos rasantes de aviones de combate, y muertos que hacía desaparecer la soldadesca enemiga. En muchos lugares sucedían apagones reiterados, y la noche se convertía en calvario. Nada reseñó la prensa de entonces, y casi la totalidad de las tropas del coronel Alberto del Río Chaviano permanecían en el regimiento Leoncio Vidal, de Santa Clara, o en los cuarteles de otras localidades villareñas, en tanto el hostigamiento de la columna 8 «Ciro Redondo», dirigida por el Che como jefe máximo de las fuerzas rebeldes, y Camilo Cienfuegos, frente a la número 2 «Antonio Maceo», por el centro-sur y el norte, respectivamente, se abrían paso por Cabaiguán, Guayos, Falcón, Placetas, Manicaragua, así como por Jatibonico o Yaguajay. Tenían el empeño de no dar tregua y cortar todas las comunicaciones terrestres al oriente del país.
El objetivo es llegar a Santa Clara en un frente que por la Carretera Central obstruya el tránsito y abarque más de 50 kilómetros en su trayecto a la capital provincial, bastión de las fortalezas militares de la dictadura. En la Nochebuena comenzó el asedio a Remedios y Caibarién. No hay intervalo hasta que ocurra la rendición de los hostiles batistianos que defienden el régimen anticonstitucional.
Un titular de última hora, en la edición matutina del periódico El Villareño reiteró que Joaquín Casillas Lumpuy asumió el mando del Ejército en la guerra que se desataba en Las Villas. Obvia, por supuesto, cualquier información sujeta a los combates que se suceden y al paso arrollador de la arremetida rebelde. Alberto del Río Chaviano es relevado de la potestad militar, y se afirma que el general José Eleuterio Pedraza fue llamado a La Habana para ocupar direcciones de la Policía batistiana. Ambos tienen fama de gángsteres y asesinos a sueldo fijo.
El sábado 27 de diciembre, desde el Gran Hotel Las Tullerías, en Placetas, el Che traza la estrategia y la táctica guerrillera hacia el sitio definitivo: Santa Clara. Las horas para el combate son inminentes con sus rutas de acceso, por el este se encuentran totalmente bloqueadas por la Carretera Central. El profesor y geógrafo Antonio Núñez Jiménez, a quien la prensa villareña lo presenta en pesquisas de yacimientos minerales en el Escambray, está incorporado a la columna rebelde, y contribuye a despejar la topografía de acceso a la capital provincial.

Mil palabras
Las gráficas históricas pesan por mil palabras escritas, según los axiomas del periodismo universal. El código visual recrea acontecimientos y revela sucesos antológicos. Hay instantáneas notables de la efervescencia guerrillera que, desde el Escambray, partió como foco hacia poblados circunscritos a la llanura villareña. Cámara en ristre, Tirso Martínez Sánchez, luego de su recorrido por el rotativo habanero Avance, dejó huellas de aquellos relámpagos. También lo hizo Perfecto Romero Ramírez, luego de su incorporación guerrillera en tierras espirituanas y su tránsito por Yaguajay, Santa Clara o el trayecto posterior a 1959 rumbo a la capital del país junto a las huestes de la Revolución.
De igual modo, existen otros anónimos o conocidos fotógrafos cubanos que, en campaña de guerra, figuraron como corresponsales de una centella histórica sin parangón en la gesta emancipadora y contemporánea cubana. Una minuta suscrita por Orlando Herrería Mursulí, abogado y notario público, rememoró en los primeros días de febrero de 1959 aquellos periplos en los cuales el jurista y periodista José Oscar Barrero del Valle, junto a Felipe Fernández Roza, se internó en zonas de Güinía de Miranda, municipalidad de Fomento, y contactó con fuerzas del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, momento en el cual dialogaron con la jefatura de esa columna con el propósito de redactar un amplio reportaje clandestino de cuánto trascendía en el territorio serrano.
Un salvoconducto del entonces fallecido capitán Juan Martínez Ramírez los condujo hasta el comandante Faure Chomón Mediavilla, y visitaron la tumba de Enrique Villegas Martínez, muerto en combate el 25 de enero, al tiempo que llegaron a Báez, apreciaron la toma de Manicaragua y los enfrentamientos guerrilleros contra efectivos militares ubicados en el cuartel de Vigilancia de Caminos (Los Caballitos) y el «Miguel Jerónimo Gutiérrez», Capitanía
Fernández Roza lleva colgada del cuello una cámara Kodac Retina III con la cual luego captará la población de la capital villareña convertida en hervidero tras el sonido de las sirenas de alarma, y el paso rasante de aviones B26, F47 y Sea Fury cuando bombardean a la población indefensa.
La estrategia de «cerco completo» del Che, a partir de decisiones y órdenes a los efectivos revolucionarios, entra en acción. El enemigo está posesionado en sus baluartes: el Regimiento No. 3 Leoncio Vidal, la Estación de Policía, y el Gran Hotel, mientras un convoy militar blindado, con más de 300 soldados, se estaciona en la ciudad y no puede continuar la travesía rumbo al este debido al derribo, días antes, del puente de Falcón.
En Santa Clara, desde el 27 de diciembre cuando en Placetas el Che organizó las misiones conjuntas para el asedio definitivo a la ciudad, la desmoralización de las fuerzas de la tiranía sería definitoria. Luego de unas 94 horas de combate, el martes 30 cayeron el cuartel de Los Caballitos y el Gobierno Provincial. El Tren Blindado es descarrilado y lo toman por asalto el día 29.
En Yaguajay todavía Camilo Cienfuegos trata de rendir al enemigo, mientras en Santiago de Cuba, Fidel Castro Ruz, el jefe de la Revolución, está por entrar triunfante con su columna a esa ciudad oriental.
Las horas están contadas en Santa Clara, se conmina al enemigo a la rendición, y las condicionantes impuestas por el Che para la entrega inminente de las armas son aceptadas. El nuevo año amanece con la libertad conquistada.
De esos instantes hay tres documentos imprescindibles. Son también testimonios gráficos del periodismo cubano en campaña. Uno, el acta notarial número 102 del viernes 10 de abril de 1959, suscrita por el abogado y notario público Dr. Agustín M. Anido Valdés, según declaraciones de Eduardo Rafael Ocaña Valdés, profesor de Educación Física y jefe de la Brigada 17 de la Cruz Roja Cubana en la ciudad.
Los restantes son imágenes captadas in situ por Orlando Marín Obregón durante el bloqueo aéreo a Santa Clara, y el freno y descarrilamiento al Tren Blindado. La última pertenece a Antonio Díaz de Villegas que, luego de la cruenta batalla, perpetuó para la historia en material fílmico de 8 milímetros los estragos de una guerra y una ciudad que trazó la ruta para inmortalizar la Revolución.
Luego vendrían el Boletín de Santa Clara (órgano oficial de la Junta Local de Contribuyentes y Vecinos), preparado en los primeros días de enero de 1959 por el periodista José Oscar Barrero del Valle con el concurso de estudiantes y profesores de la Escuela Profesional de Periodismo y Artes Gráficas Severo García Pérez, así como las imágenes antológicas de Alfredo Naranjo. También están las recogidas por Sergio Piñeiro en Prensa Libre, o las captadas por el mítico folklorista Samuel Feijóo, y las que el fotógrafo norteamericano Burt Glinn perpetuó con la entrada triunfal de Fidel a la ciudad, aquel Día de Reyes Magos, instante definitorio que marcó un paso preciso de la historia.

Fuente: Vanguardia

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