SALIR EN LIBERTAD

 

El Ágora está formada por un grupo de internos universitarios de la Unidad Penal 9 de La Plata que sueña con convertirse en una cooperativa de trabajo. Ofrecen a bares y restaurantes la traducción al braille de las cartas menú y fabrican un dispositivo electrónico que facilita la comunicación a personas con discapacidades motrices. Ayudando a personas que también “la sociedad ha dejado de lado”, buscan luchar contra las trabas del sistema que muchas veces te hace “salir peor” y “te mete más en el pozo”. Tratan de encontrar herramientas que les permita NO volver tras las rejas, porque explican que NO es lo mismo salir a la calle que salir en libertad.

“Nos dimos cuenta que hay un montón de gente discapacitada que no se ve porque las ciudades y lugares no están adaptados para ellos. No salen porque no se deben sentir cómodos, porque no tienen lugar para ellos. Prefieren quedarse en su casa para nos ser discriminados y marginados”, cuenta Silvio, uno de los responsables de El Ágora, un proyecto productivo llevado adelante por personas detenidas en la Unidad Penal 9 de La Plata. Son estudiantes secundarios y universitarios que comenzaron hace dos años con un taller que les enseñó a traducir textos al braille para donar a escuelas y otras instituciones. Llegaron a traducir la Constitución Nacional para donarla a la Universidad de Buenos Aires. Al poco tiempo recibieron también capacitación para fabricar un dispositivo electrónico que se conecta a la computadora para que personas con discapacidades motrices puedan comunicarse. “El slogan nuestro es ‘construyendo un mundo para todos’ – se suma Pedro – porque creemos que la sociedad ha dejado de lado a las personas esas como nos han dejado de lado a nosotros y es una doble reinserción la que nosotros queremos. Desde el punto de vista emotivo es muy fuerte porque sabemos que estamos escribiendo para alguien que no puede leer con los ojos. Nosotros estamos haciéndole ver cosas que realmente ellos lo necesitan, como un libro o un cuento”.

La Pulseada charló con ellos dos y con Gustavo, que se sienta pero deja hablar a sus compañeros, una tarde calurosa de diciembre, en el salón que los presos evangelistas prestaron en el Penal para realizar el acto de cierre anual de las carreras universitarias. Silvio es de Morón, tiene 30 años y entró por primera vez a una cárcel hace 14 años, cuando era menor. Pedro, de 36, hace 10 que está preso. Gustavo tiene 32 y está detenido hace 3.

“Este es nuestro espacio y nos costó un montón. El nombre El Ágora viene porque así se llamaba en la antigua Grecia a donde se reunían, hacían asambleas para debatir cuestiones que en ese momento pasaba en la sociedad, las problemáticas”, explica Silvio.

Las trabas del sistema
“Esto te atrapa mucho, la cárcel es algo muy duro de afrontar -relata Silvio-. Te encontrás con la droga, el boludeo. La cárcel es una institución que tiene que funcionar como reinsertora social, pero es todo lo contrario. Acá, si vos querés estudiar te ponen trabas, si vos querés trabajar o hacer algo bueno, te ponen trabas. Y nosotros estamos tratando de contribuir a cambiar esto. Mucha lucha contra el servicio… Contra el sistema en realidad, porque no le podemos echar la culpa al Servicio. En realidad es un sistema que siempre te está marginando”.

“Ya venimos de un sistema que te deja de lado, que no te deja avanzar –agrega Pedro-. La mayoría venimos de villas, lugares donde sos discriminado y ves desde que nacés la droga, la delincuencia y terminás la primaria, si es que la terminás, y venís acá. Salís de otro sistema y venís a uno mucho más peor, que no te da chances, realmente, y te mete más en el pozo”.

“Es la criminología mediática que habla Zaffaroni –recuerda Silvio-. El sistema crea estereotipos que no sólo vienen acá los que delinquen, sino también los que por ser parecidos, por vestir parecidos, por ser de una clase social baja, pobre, también en algún momento van a venir a parar a la cárcel. El destino parece ser ese. Y la sociedad termina pensando que tienen que ir todos a la cárcel, que son todos malos, todos chorros”.

-Programas de televisión como Policías en Acción…

-Claro, ahí es como que están degradando mucho a las personas. No es bueno mostrar eso porque no es toda la realidad, ni la verdad de todo. Eso son personajes. La inseguridad son otras cosas… Yo sufro mucho cuando veo en las cárceles que se va la visita y a veces parecen… no sé… queda mal la palabra, pero como ‘manadas’ de gente que es toda gente pobre, gente sufrida, gente que viene de abajo. Acá en la cárcel no ves nunca gente de plata. Todo eso a mi la verdad me conmueve mucho y me hizo ver un montón de cosas y me di cuenta que tenía que parar, ver qué estaba pasando en mi y buscar un cambio para no venir más a la cárcel, mostrarles también a otros compañeros que están presos que hay otra forma mejor de vivir, otras posibilidades.

-Porqué no todos los internos estudian como ustedes, ¿no?

-Nosotros lo que queremos también es mostrarles otro paradigma, porque yo también vengo de esos lugares, de la ignorancia, los lugares pobres, donde realmente nunca tuve la posibilidad de estudiar.

-¿Algunos los cuestionan acá adentro por estudiar?

-Si, pero es la ignorancia misma porque yo estuve de ese lado y realmente veía personas que estudiaban y progresaban y yo decía “mirá estos giles, estos caretas”. Para mi fue fundamental el estudio, los libros. Eso fue lo que me dio, me abrió la mente y me hizo ver las cosas de otra manera. Vos fijate que yo tengo 14 años presos y no trabajé nunca, no tuve la oportunidad, no tengo la cultura de trabajo, de estudio, porque la cárcel no me ofreció eso. Yo para estudiar tenía que patear todos los días una puerta, pelearme con el encargado y pedirle que por favor necesitaba ir al colegio.

“Es re difícil salir –dice Pedro-. El Servicio no te da posibilidades para que vos puedas educarte y crecer dentro del establecimiento para el día de mañana… Nosotros decimos que no es lo mismo irse a la calle que irse en libertad. Si vos te vas a la calle después de estar detenido 5 años, 10 años, 7 años, salís peor de lo que viniste. Es como que te cierran los espacios. Entonces eso es salir a la calle, no tenés caminos. Nosotros lo que estamos pidiendo es una política de Estado. Realmente que se preocupen por la gente que el día de mañana tiene que pasar por este lugar, para que tengan la posibilidad de salir adelante como lo estamos haciendo hoy nosotros, a pesar de todo el sufrimiento que padecimos para llegar a donde estamos. Quizás no es mucho para una persona de afuera, pero para nosotros es re grandioso. Porque el día de mañana nosotros vamos a recuperar la libertad y vamos a saber salir adelante, saber trabajar, estudiar”.

“Hay un montón de cosas que se pueden hacer para vivir mejor, para que la sociedad esté mejor, no solamente unos pocos enriquecidos con el sacrificio de la sociedad –reflexiona Silvio-… Muchas cosas feas que sufre la clase baja, los pobres, los presos… porque nosotros también de alguna manera pasamos a ser un poco víctimas de este sistema. Yo no robé porque quise, tuve un concepto errado de la vida, de lo que era lo bueno y lo malo. Yo soy pobre, no tuve la oportunidad de estudiar, cuando salí la primera vez de estar preso no tuve la oportunidad de trabajar y hoy tengo otras herramientas que me dio el estudio y quiero que la sociedad sepa que se puede y que más que nada ellos tienen que entender que pueden contribuir mucho a que esto cambie. Se tienen que dejar de lado los prejuicios y tomar un poco de conciencia que necesitamos todos vivir mejor”.

Javier Sahade

Los productos de El Ágora
El objetivo de El Ágora es transformarse en una cooperativa para que tengan trabajo tanto los internos dentro del penal, como quienes dejan la institución. “Nos preguntamos acá en la cárcel cómo podíamos cambiar de vida si no teníamos trabajo, con todos lo que te cuesta conseguir trabajo después de estar preso. La cooperativa es para salir de acá y ya tener un trabajo”. La capacitación está a cargo de miembros de la Asociación Civil “Actitud Emprendedora”, a través de la Dirección de Desarrollo Productivo Local del Ministerio de la Producción bonaerense.

¿Qué ofrecen? Principalmente dos productos. En primer lugar, un Switch (dispositivo digital) que permite a las personas con discapacidades motrices, comunicarse mediante la conexión de una parte del cuerpo a una computadora.

En segundo lugar, aprovechando la ley sancionada el último año que obliga a bares y restaurante a tener una carta menú en braille, El Ágora ofrece hacerlas a los emprendimientos gastronómicos que lo requieran. “Si va una persona no vidente a un restaurante, se va a encontrar con que tiene un menú para leer y pedir lo que realmente quiere”, explica Pedro.

Para pedir los productos, ofrecerse como promotor de venta o hacer consultas, escribir a tallerelagora@gmail.com

Fuente: La Pulseada

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