RAMÓN EN MIL MUERTES

Ramón Oliva, quien permanece en huelga de hambre con los labios cosidos, fue visitado por Adriana Revol -compañera de la Coordinadora Antirrepresiva por los Derechos Humanos-, en el Penal Nº 5 de esta ciudad. Aquí, su relato doloroso que narra fragmentos de la vida de un ser privado de libertad, cuya humanidad muestra la destrucción que desciende desde el Estado sobre todos los seres cautivos. A la vez, este vínculo con Ramón y la difusión del calvario abren las puertas de la solidaridad y la movilización para rever esa condena de cuatro años, fabricada por policías y jueces, clara sentencia a una muerte implacable.

¿Por donde empezar?, creo que podemos hacerlo contando en tres palabras la vida de Ramón. Él casi siempre estuvo preso, nunca había permanecido dos años en libertad y cuando pensó que la cárcel se había acabado, porque estaba trabajando, la pesadilla se reinició.

En el ultimo juicio, creyó en la posibilidad de que le den la palabra para defenderse, y se la dieron, pero solo para que se declare culpable. Igual que siempre.

Y como la única propiedad privada que tuvo siempre, fue su cuerpo, el estado se lo embargó. Siempre la clase de arriba juzgando a los pobres, y siempre condenando, condenando la rebeldía.

Como dice Foucault, los jueces practican el arte de retener la vida en el dolor, subdividiéndola en mil muertes. Sobre todo es un arte cuantitativo del sufrimiento.

Nos someten al castigo para que entendamos que nosotrxs no tenemos el poder. Nos quieren sumisos y a serlo nos enseñan en la cárcel, a agachar la cabeza, a renunciar a nuestros pocos derechos.

Ramón dice que esta vez es inocente, (fue preso porque un policía se quebró un dedo, golpeándolo junto a otros en una madrugada siniestra), pero él no sabe que nunca fue culpable.

Ramón tiene vih/sida y diabetes, ahora hace más de un año que esta en el penal de Villa María, y nunca lo ha visto un infectólogo, con la gravedad que tienen estas dos enfermedades en una misma persona.

Esta tirado en enfermería (que es una cloaca de sucia), con un pedazo de goma espuma como colchón.

Y espera, todavía espera una respuesta de este sistema que le negó todo.

Lo que el no sabe, es que es un muerto vivo, es un desaparecido.

El estado una vez más lo abandona con empeño hasta morir, y el mismo estado que dice estar en contra de la pena de muerte, lo sentenció a cuatro años de encierro con tormentos que es lo mismo que matarlo. Por eso nos urge la solidaridad y movilización. Para salvar la vida del compañero Ramón Oliva.

Adriana Revol

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