QOM: UNA VIDA ÍNTIMA

Por las injusticias, la comunidad La Primavera se volvió famosa, pero a la medida mediática: nadie sabe cuál y cómo es su esencia. Aquí, un recorrido por los pasillos de su mundo.

Son las 9 de la mañana y hacen 32 grados. Acabamos de llegar a Formosa, estamos en la terminal. “Chipá calentiiito” grita una voz. Ay!

En un rato sale el bondi para Clorinda. Queda bien al norte, casi frontera con Paraguay, pero nosotros nos bajamos antes. Vamos al kilómetro 130 de la ruta provincial 2, a dos horas de aquí. Vamos a la comunidad qom Napocna Potae Navogoh, conocida occidentalmente como La Primavera.

El asfalto
Dos qompi se bajan con nosotros.
Desde la ruta: un camino que se mete en el monte. Las palmas y las malezas no dejan ver más allá.
Desde la ruta: un puesto de gendarmería. Dos gendarmes echados en reposeras cual Mardel, bajo el único lugar donde es posible estar: un árbol. El sol te tumba.
Esperamos las motos que nos vienen a buscar. Los qompi también.
Un gendarme se acerca. Amable, pregunta los nombres; la profesión, el por qué.
Mentimos un poquito los datos. Un poquiito.
El gendarme dice que es “por el bien de la comunidad”.
Los qompi lo miran de reojo.
Llegan tres motos: Marcos, Pablo y Ricardo. Nos saludamos, nos subimos y nos llevan por el camino de tierra.
Entre la naturaleza vamos. Cada tanto se abren claros que dejan ver la perspectiva del monte, y alguna que otra casa. Una víbora ¡enorme! en el camino saluda mi venida a la comunidad, ay! ¿Esas pican? mariconeo. “Sí, y te paralizan, andan de noche”, se ríe Rubén con ganas de asustarme.
Llorarás con un ojo y con el otro te reirás!
De movida, las 600 familias que al parecer viven aquí están bastante diseminadas. Casi 3 mil personas que se reparten en la inmensidad del monte, en la magnitud de un barrio porteño.
Cada casa – cada familia- tiene un par de hectáreas para desplegar cultivos, pollitos, gallinas, perritxs, niños y niñas. Y se va de un lado a otro a pie por estos senderos de tierra y algunos internos que atraviesan el monte. Algunos tienen moto – los caballos del siglo XXI- y otros bicicletas. Cuando llueve, la tierra es barro y el transporte no sirve: “Hace falta que asfalten”, repone Pablo, por si algún despistado –yo- no se dio cuenta. Al otro día lo comprobaríamos.
Pensé que las “lluvias tropicales” eran un invento de la profesora de geografía para hincharme las pelotas con el mapita. ¿Te acordás que las ubicabas en Formosa? Bueno, acá están. Tomá.
Las gotas pesan y duelen. Llueve a los baldazos. No son gotas, no, es una pantalla de lluvia. Son como dos lluvias juntas. Es una catarata!
No exagero. No me quejo, tampoco. A los Qom les hace falta esta agua.
El agua

Fotos: Facundo Miguel Nívolo
Agua para que los aljibes se llenen y las lagunas rebalsen, agua para que la naturaleza se llene de color y las ranas canten, para que los cultivos crezcan y los animales que se fueron alguna vez, vuelvan. “Antes había hasta monos”, cuenta Pablo. “Hace unos años, con la sequía, se fueron yendo para el Pilcomayo”.
Monos en el monte formoseño, que tul?
Yacarés, ñandúes, todo tipo de víboras y serpientes, lagartos y lagartijas, ranas que parecen perros y, tan grandes son, que andan en cuatro patas: es decir, no saltan de a dos y se apoyan: caminan.
Todos estos bichos necesitan del agua tanto como nosotros bichos humanos. A veces nos olvidamos de eso porque AySA nos soluciona la vida,
¿no?
Además de la sequía del monte formoseño, y el calor, los Qom no tienen agua potable: un servicio garantizado por la constitución al igual que la vivienda digna: eso tampoco lo tienen.
Por eso esta lluvia tropical les viene bien. La reciben con naturaleza y como parte de ella.
Sobre las casas: hay de todo tipo y color. Color amarillo las 100 que fueron construidas por el gobierno provincial, “solo para los amigos” define Antonio. Color amarillo y antena de cable, techito de chapa y dos o tres ambientes.
El resto de las familias, el 84% de la comunidad, hizo sus ranchos con sus propias manos: paredes de adobe y madera, techo de palma, suelo de tierra.
De Félix Díaz se dijo de todo. Una de ellas es que, en realidad, no era un indígena del monte formoseño sino un interesado – y comprado- señor que, en realidad, vivía en una alta casa.
Puede suponer, uno, acostumbrado a los placeres inmobiliarios de la gente con poder, y sin siquiera ser un tipo prejuicioso, que Félix, por ser el carasche de la comunidad, tendrá uno de los ranchos mejores puestos.
Pero no. Nada más lejos de la realidad.
Félix vive como todos o más austeramente aún. Su rancho es de adobe y madera y techo de palma y piso de tierra, como casi todos. En 2 ambientes conviven él y su mujer, Amanda, sus tres hijos y dos nietos, dos perros, gallinas, pollitos y siempre algún invitado.
Hoy que llueve el agua se cuela el techo y lo moja todo. Al menos, un poco de fresco para el calor formoseño, y nada que no se seque luego al sol.

Las tierras
La casa de Félix queda en uno de los bordes de la comunidad, es la última antes de la ruta nacional 86 que separa a los Qom de la familia Celía.
Los Celía son una familia que arrenda tierras que les corresponden, por mandato ancestral y leyes argentinas e internacionales y avaladas por cortes interamericanas, a los Qom.
Los Celía es una familia que practica el diálogo a través de las armas, es artista de las amenazas y amante de los aprietes. Aunque nunca necesitaron mancharse las manos para mantener esa particular forma de relacionarse.
En 2010, era por esas tierras que hoy tienen los Celía que los Qom cortaron la ruta; por eso los reprimieron, detuvieron y hasta mataron a Roberto López.
Félix mira hacia la ruta, hacia sus tierras, con firmeza. Sabe, dice que es su reclamo principal, lo que desencadenó el resto.
(Son las tierras más productivas de la zona).
Ese reclamo lo articula con la lucha indígena de antaño por el territorio. Sabe, dice que se trata de un avance histórico contra los derechos de los pueblos originarios.
Y que la única forma de pararlo es reclamando y resistiendo.
Hoy, su comunidad toma la posta.
Hoy, en este mundo occidentalmente loco, eso se llama hacer cumplir las leyes.

La educación
Antonio es el único profesor bilingüe de la única escuela de la comunidad. Una escuela primaria, remodeladamente nueva, cuyos profesores y directora vienen de Laguna Blanca o Nainek, los pueblos más cercanos, y no son qom. Cuenta Antonio:
- La educación en esta comunidad está muy atrasada. Yo estoy ahí cuando hacen las articulaciones o cuando hacen la evaluación del aprendizaje de los chicos acá, y mienten todos. La directora, todos. Por eso a mí me tienen ahí. Yo en el jardín no le dejo hacer eso a las maestras. No vas a poner cosas que no se vieron en el año.
Por ejemplo: que se dio tal clase, que se tomó esto, que aprendieron bien, que están muy bien los chicos. Eso no. Hay que profundizar los temas.
Dicen que los chicos no entienden. ¿Y para qué estoy yo? ¿Cómo sabes que no entienden? Tenés que trabajar más con los chicos, tenés que estar más con los chicos vos.
-Están atrasados casi en todas las áreas. Salen sin saber nada acá. Leer y escribir: eso sí. Pero así deletreando y escribiendo… En comparación, yo he estudiado con los filagá y los wichi y están muy avanzados. Ven a la educación como algo re lindo, es muy lindo lo que se aprende en la escuela, sin dejar lo que es de ellos: se siguen vistiendo igual, siguen hablando su propia lengua.
Acá hay que hacer mucho con la educación. Hay que motivar más a los padres, a los chicos…
- Si hubiese crecido la educación tendría que haber un colegio de acá, dentro de la comunidad. Y desde hace mucho. No la agarra la educación de los blancos acá la gente, porque nunca les motivaron de que es algo bueno la educación, que el día de mañana vas a hacer esto y esto. Si hubiesen empezado desde el comienzo la gente lo hubiese tomado, hubiese habido gente profesionales en la comunidad, hubiese crecido. Como en la comunidad toba que hay ingenieros, hay profesores…
Muchos chicos se recibieron en la secundaria pero quedaron ahí nomás, por falta de ayuda económica. Como no se abren carreras acá…
De la comunidad para allá hay mucha gente que ha terminado la secundaria. Para este lado, nadie, casi nadie… solamente la primaria. Ahora creo que hay dos chicas que siguen estudiando, ojala que terminen.
- Cuando había una directora bien seria acá mucha gente salieron bien. Son las promociones casi del 80, por ahí. Ellos saben comunicarse, desenvolverse bien por lo que aprendieron, por la exigencia que tenían.
Hay muchos chicos acá que no saben leer ni escribir. Y son grandes ya y creo que les da miedo… una vez que tienen 11-12 años se creen adolescentes y les agarra la timidez de querer estar en la escuela… Por eso sería lindo tener una escuela de adultos.
-Está cambiando mucho el idioma, las palabras. Se está perdiendo mucho, se está mezclando mucho el castellano con el toba. No se utiliza más casi los nombres de cosas… cosas que uno aprende yo creo que en la tele, o escuchando… Por ejemplo te dicen “mirá la estrella”, el “mirá” en toba pero “estrella” en castellano. Solamente vas a escuchar esas palabras en los más ancianos. Los chicos a través de la tele escuchan mucho el castellano.

Justicia
En Argentina originaria, el libro sobre el tema de Darío Aranda, Raúl Zaffaroni habla de la importancia de que los pueblos originarios tengan acceso a la justicia. “Sino, empezaran a actuar por la acción directa” dice.
Lo cierto es que las acciones directas de los pueblos originarios se conocen desde siempre, siempre como alternativa a las vías institucionales-judiciales que les impuso la occidentalidad en algún momento.
Hoy, desde la reforma de la constitución en 1994 se reconoce la preexistencia étnica y cultural de estos pueblos, hay leyes que amparan el derecho ancestral del territorio, hay avales internacionales que los respaldan e invitan no sólo a garantizar sus condiciones de vida y futuro, sino a proteger sus derechos a través de medidas que aseguren igualdad de oportunidades y eliminen las diferencias socioeconómicas.
Las tierras usurpadas por la familia Celía, el asesinato de Roberto López, la falta de acceso al agua potable y una vivienda digna, a una educación propia y que respete sus paradigmas culturales, su lengua, el acceso al DNI, las muertes recientes de Celestina Jara y su nieta de diez meses atropelladas por un gendarme.
No hay sospechosos, ni imputados ni investigados por los crímenes, ni se hizo un relevamiento sobre las tierras que les pertenecen, o para ver si les pertenecen, y apenas se está poniendo en lenta macha el plan para que tengan agua potable en un año.
Fuente: Nos Digital

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