«EL CANTO DE ZITARROSA LLEGABA A TRANSPASAR LAS BARRERAS SOCIALES»

Fuente: Tiempo Argentino

Por Tomás Forster

En Alfredo Zitarrosa. La biografía, Guillermo Pellegrino repasa la vida del gran cantante, compositor, poeta y periodista uruguayo, autor de clásicos como “Doña Soledad”, “Pa’l que se va”, “Adagio en mi país” y “Zamba por vos”.

Una tarde caprichosa de diciembre, indecisa, oscilante entre chaparrones estridentes y un sol obstinado a esconderse detrás de las nubes oscuras. Un encuentro rioplatense, una charla que se extiende al ritmo de los viejos que juegan billar y de algún otro que hunde la mirada nublada en el devenir de los peatones apurados. Un tiempo que se agita porque el tema en cuestión es la cifra de un nombre que venció cualquier olvido: Alfredo Zitarrosa. Se enciende el grabador y Guillermo Pellegrino comienza a despacharse largo y tendido sobre la vida y la obra del autor de “Adagio en mi país”. Pellegrino acaba de publicar Alfredo Zitarrosa, la biografía, lanzado por Ediciones Continente-Peña Lillo que condensa y abrevia el anterior libro que realizó sobre el cantor oriental e incorpora nuevos trazos desconocidos sobre su derrotero artístico y personal.

–¿Qué fue lo que te llevó a interesarte en la figura de Zitarrosa?
–Un poco Zitarrosa me encontró y otro poco lo encontré. El interés surgió hace más de 15 años y se fue profundizando durante el trabajo de recopilación e investigación que llevó a Cantares del alma, la primera biografía que hice sobre él. En ese entonces, yo vivía en Palermo, en un departamento y, en un momento del día, unos vecinos ponían alguna canción de su repertorio. Un día cuando estaba por salir a Ciudad Oculta, donde trabajaba, escucho que suena “El violín de Becho”, y cuando llego a Ciudad Oculta la gente de ahí también estaba con la misma canción. Ahí entendí que Zitarrosa traspasaba todas las barreras sociales. Creo que eso fue lo que me llevó a engancharme tanto con su historia y a pretender contarla.
–¿Cómo trascurrieron sus años de infancia y la temprana juventud?
–La madre, Blanca Iribarne, lo tuvo de muy jovencita, con muy pocos recursos y lo anotó con su apellido. Al poco tiempo de nacido se lo dio a un matrimonio de clase más baja que media. Y él pasó a ser Alfredo Durand durante varios años, mientras la madre lo visitaba esporádicamente. Al cumplir Alfredo 16 años, la madre se había casado con un argentino que se llamaba Alfredo Nicolás Zitarrosa y Alfredo termina adoptando el apellido de este hombre. De gurí tuvo tres apellidos, tres identidades diferentes y eso lo marcaría hondamente.
–Una de las características principales y constantes de Zitarrosa fue su compromiso político y militante. ¿Cuánto influyó ese rasgo en su obra como cantor y letrista?
–Él era un tipo con mucha formación política y literaria a partir de inquietudes propias y de algunas amistades que dejaron su huella. En su juventud se juntaba con algunos amigos de ideas anarquistas, algunos de ellos poetas. Su generación también tomó mucho de la impronta que irradiaba la revolución cubana y, desde ese momento, comenzó a dividirse entre los que buscaban un cambio a través de las masas vía el Partido Comunista y los que optaban por la vía armada a través de los Tupamaros. En aquel Uruguay, hubo dos vertientes de cantores: los procomunistas, entre los que estaba Alfredo, y los protupamaros. Alfredo participó activamente en el nacimiento del Frente Amplio.
–¿Qué importancia tuvieron los viajes que realizó por Latinoamérica?
–Alfredo quería llegar a Cuba; y en un momento intenta hacerlo vía Perú, pero termina quedándose un año allí. Por esas vueltas del destino, Perú termina siendo un mojón muy importante en su vida porque en ese país se consolida como cantor. Hasta ese momento, se había destacado como poeta, locutor y periodista en el mítico semanario Marcha. En Perú debuta como cantante profesional en la televisión. A Cuba llegaría finalmente, algunos años después, ya convertido en un cantor popular muy reconocido.
–A Zitarrosa se lo quiso encuadrar tanto en la bohemia montevideana como en el folklore del interior uruguayo, ¿cómo convivieron esas distintas dimensiones en su obra?
–Zitarrosa era un tipo urbano que, en algún momento, vivió en las afueras de Montevideo, con el campo muy cerca. El gusto por la vida de campo lo adquirió porque de chico fue, en varios veranos, a la casa de un tío en Flores, en el interior. Ahí comenzó a consustanciarse con la poesía rural. Para definir las distintas facetas de Zitarrosa se puede hablar de las distintas etapas que recorren su trayectoria. En la primera etapa se nota más lo folklórico, está “Pa´l que se va”, “Zamba por vos”, “Milonga de ojos dorados”. Y después, en su última etapa, está mucho más interesado en lo instrumental. No era tan bohemio como se lo ha pintado, aunque es cierto que le gustaba el trago y el encuentro nocturno con amigos o el café sin apuro, que existe cada vez menos por estos tiempos. Pero no se la pasaba errando por las calles, siempre volvía a su casa, con los suyos.

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