No creo en Santos – Colombia

 

Juan Manuel Santos se convirtió en presidente de la República de Colombia en una segunda vuelta electoral que contó con una abstención de más del 55%-
Álvaro Uribe deja la presidencia con niveles de pobreza que alcanzan el 46% de la población y un nivel de desempleo que araña los 13 puntos.
Tras este nuevo avance de la derecha en América Latina el periodista colombiano Orlando Flores, de Acción Informativa se pregunta ¿Para quién va a gobernar Santos? Desde La Tribuna de los Sin Voz recuperamos su análisis de las elecciones para aportar en el debate sobre los nuevos rumbos que, como clase que vive del trabajo y como sociedad, debemos tomar en la lucha por una Latinoamérica libre y soberana.

¿Para quién va a gobernar Santos?, por Orlando Flores

Sí, Juan Manuel Santos es presidente de este país. ¿Alguien lo dudaba en la democracia más vieja del mundo? La colombiana es una “democracia” al estilo feudal en el que las familias del poder se pelean por él cada cuatro años y pretenden hacer partícipe de su “fiesta” a la mayoría de la población que la sufre. La familia Santos está ligada a la oligarquía desde que en el siglo XVIII Antonia Santos Plata participó en la la confrontación que dio lugar a la llamada Independencia de Colombia que este año 2010 conmemora su bicentenario.
Juan Manuel Santos lleva años preparándose para ser presidente de la República —como lo fue su tío Eduardo Santos entre 1938 y 1942— después de ser ministro de Comercio Exterior con César Gaviria, de Hacienda con Andrés Pastrana y de Defensa con Álvaro Uribe. Tantos años al lado del poder dan lugar a muchas mañas que han culminado en lo que se ha podido confirmar en la primera vuelta de estas elecciones presidenciales con las famosas “inconsistencias” en el conteo de votos. Esas “inconsistencias” impiden hablar de “fraude” pero han generado denuncias directas o indirectas que apoyan esa desconfianza en la “legalidad” como la del ex candidato presidencial por el Polo Democrático Alternativo que aseguró que la Registraduría contrató parte de la logística de las elecciones con una empresa vinculada a Santos.
Por otro lado algunas cifras de la exclusión son preocupantes: el nivel de pobreza afecta al 46% de la población y la pobreza extrema llega a un 17,8%; el desempleo alcanza el 12,8% y la Corte Constitucional declaró en peligro de extinción a 32 de los 102 pueblos aborígenes. La posibilidad de que una persona joven muera asesinada en Colombia es cinco veces más alta que el promedio de América Latina. ¿Eso es democracia?

¿Elección histórica?
Los medios de comunicación hablan de una elección histórica por los más de nueve millones de votos que consiguió el heredero de la Seguridad Democrática de Álvaro Uribe. Incluso hablan de que Santos gozará de mayor legitimidad para gobernar que Uribe al conseguir casi dos millones más que el antioqueño. Esos mismos medios hablan también de la alta abstención —que superó el 55%— y la relacionan sin mayores análisis a la lluvia caída durante todo el día y a la coincidencia con el Mundial de fútbol en Suráfrica.
La población en Colombia estimada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadistica (DANE) para el 20 de junio de 2010 a las 9 de la noche es de 45.494.892 personas de las cuales según la Registraduría Nacional pueden ejercer el derecho de voto 29.983.279. De las casi 30 millones de personas con derecho a voto sólo lo han ejercido poco más de 13 millones (13.337.658 votos), lo cual da como resultado una abstención de más del 55,5%. Ese dato da cuenta de la “legitimidad” con la que va a gobernar el que será el único presidente de Gobierno con una orden de captura por parte de Ecuador al ser el responsable de una operación militar contra un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano.
Para empezar, Santos va a gobernar un país de 45 millones de personas con el apoyo electoral de 9 millones de ellas, es decir, el 20% de la población. Es cierto que ese dato puede resultar tendencioso pues las personas menores de edad no pueden votar —y alcanzan más del 30% de la población—, pero tampoco las personas inmigrantes (más de 109.000 personas en 2005) ni muchas personas desplazadas forzadamente de su hogar. También quedan excluidas del derecho de voto las personas condenadas por rebelión u otros delitos políticos, que no son pocas en Colombia. Tampoco pueden votar los muertos y siempre aparece algún voto en el país. Tampoco pueden votar los aproximadamente 500.000 miembros de la fuerza pública. Y tampoco pueden votar los miles de miembros de la Unión Patriótica asesinados, las víctimas de los “falsos positivos” militares, las más de 7.000 personas presas políticas…

(Fuente: Contrapunto)

 

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