MUGICA, SU RECUERDO Y UNA LUCHA QUE SIGUE VIVA

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Por La Tribuna de los Sin Voz
El pasado 11 de mayo se cumplieron 41 años del brutal asesinato del sacerdote villero Carlos Mugica, en manos de la Triple A. Este nuevo aniversario de su muerte se da en el marco de la lucha de los habitantes y vecinos de las villas porteñas por el cumplimiento de las leyes de urbanización aprobadas pero completamente ignoradas por la gestión del Pro.

El padre Mugica, un cura villero
Carlos Mugica creció en el seno de una familia conservadora y con profundas convicciones religiosas, y tuvo una formación acorde al sector social al que pertenecía. Durante sus primeros años, Mugica experimentó, según él mismo, un profundo desprecio por el peronismo que sólo empezó a cambiar de rumbo al vivir de cerca la trsiteza popular desatada tras el golpe militar del ’55 y la ofensiva antiperonista de la “Libertadora”.
Estos hechos sumados a distintas experiencias en el marco internacional (la revolución cubana, la Revolución Cultural China, el Mayo Francés, etc.) terminaron por cuestionar esa formación inicial; Mugica se sentía cada vez más cerca de los sectores populares y cada vez más lejos de su clase de origen. Movido por este sentimiento, Mugica desarrolló profundas reflexiones y trabajos escritos en torno a la articulación entre los valores y preceptos del cristianismo y las banderas sostenidas por el pueblo peronista.
En 1949 comenzó la carrera de Derecho en la Universidad de Buenos Aires, donde conoció a compañeros como Roberto Guevara, hermano del Che. En 1950, en ocasión del Jubileo, viajó a Europa con algunos sacerdotes amigos (algunos integrantes del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo); este viaje fue crucial para su formación religiosa ya que a su regreso decidió ingresar al Seminario Metropolitano de Buenos Aires e iniciar su carrera sacerdotal.
Su rol como sacerdote lo acercó a los sectores más pobres y olvidados del país, en el marco de la caída del gobierno peronista en manos de un golpe de Estado. Su trabajo en capillas ubicadas en los barrios más humildes de la Capital Federal terminó por ubicarlo junto a los más humildes, pero no desde la mirada caritativa y paternalista que históricamente tuvo la Iglesia católica, sino desde una lectura profundamente política, con fuertes definiciones respecto a la justicia social y con una clara y muy concreta opción por los pobres.
Tan concreta fue su apuesta que le costó la vida. Un 11 de mayo de 1974, en condiciones que aún no han sido aclaradas, Carlos Mugica fue asesinado a la salida de la parroquia Francisco Solano por ráfagas de ametralladoras empuñadas por miembros de la Triple A.

Su lucha, nuestra lucha
Como fundador de la parroquia Cristo Obrero, en la Villa 31, el padre Mugica condujo la lucha por los derechos de los pobladores de las villas y contra las políticas expulsivas de los gobiernos democráticos y militares. La imagen de Mugica, a más de 40 años de su muerte, es un símbolo central en la construcción de la identidad villera porque significa la puesta en valor de la vida de quienes vieron violado su derecho a la vivienda digna. Quizás por eso su recuerdo atraviesa tan fuertemente la memoria de villeros y villeras en estos tiempos en que la avanzada del Pro contra los barrios más humildes de la Capital se hace sentir con tanta fuerza.
En todos los años de gobierno macrista, no se ha avanzado ni un paso hacia la urbanización de las villas porteñas. Si bien la Constitución de la Ciudad garantiza la vivienda digna, específicamente en su artículo 31, y si bien existe una ley, la N° 148/98, que promueve un marco general para la urbanización de todas las villas de la Capital, el gobierno del Pro no ha realizado ningún avance en relación con el cumplimiento de la ley. Para Mauricio Macri y sus secuaces, las bici-sendas y los canteros con flores fueron siempre asuntos más importantes que el derecho de miles de ciudadanos a tener calles, alumbrado, cloacas y condiciones de vivienda digna.
La Ley 3343/09 que dictamina la urbanización de la Villa 31, que se logró gracias a la lucha de los vecinos y vecinas del barrio de Retiro, continúa sin reglamentarse. El Estado porteño que recibió recientemente un fuerte apoyo en las PASO de la ciudad, reduce todo su accionar en relación con las villas a cajonear leyes, acordar sobrepecios, hacer negocios inmobiliarios millonarios, controlar punteros, etc.
La memoria viva del padre Mugica está presente no sólo en los actos y homenajes que cada barrio porteño le rindió en la última semana, sino también, y sobre todo, en la lucha inclaudicable de quienes exigen el cumplimiento de un derecho básico y enfrentan a diario la desidia de quienes gestionan y gobiernan a espaldas de los más humildes, en contra de los intereses del pueblo.

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