Maxi y Dario: 8 Años


De: La Tribuna

Aquel 26 de junio de 2002 alrededor de tres mil manifestantes organizados en movimientos sociales y agrupaciones piqueteras buscaban cortar el Puente Pueyrredón con la esperanza de que así, finalmente, se los escuchara. Exigían el pago de los planes de empleo que desde hace varios meses estaban sin cobrar; reclamaban un aumento de los subsidios (de 150 a 300 pesos) y la implementación de un plan alimentario bajo gestión de los propios desocupados; demandaban mayor inversión en educación y salud y desprocesamiento de los luchadores sociales perseguidos por el gobierno; también se solidarizaban en las consignas con Zanón ante la amenaza de desalojo que enfrentaban los obreros de la fábrica. Venían marchando, llegaban al puente y se encontraban con la presencia de más de 400 efectivos policiales de cuatro fuerzas de represión (uniformados y de civil). El Estado había preparado, además, una «novedad» para hacerle frente a la movilización: se conformaron al menor dos «grupos de tareas» que, de manera ilegal, reprimieron a los manifestantes con balas de plomo.


La Represión

La represión se desató hacia el mediodía. La cacería policial se extendió en un radio de más de 20 cuadras del Puente Pueyrredón y dejó al menos 33 heridos con balas de plomo. En el interior de la estación Avellaneda del Ferrocarril Roca, Darío Santillán, militante piquetero, se acercó a socorrer a Maximiliano Kosteki que sangraba por la nariz y por la boca, producto de las municiones que había recibido. Fueron sorprendido por una banda de salvajes, un puñado de efectivos policiales que, comandados por el cabo Acosta, ingresaron a la estación y arremetieron contra los compañeros que se habían refugiado allí.

Acosta entró primero y con gritos e insultos apuntó a los dos que quedaban en el suelo. Atrás entró Fanchiotti, a los tiros. Darío sostenía la mano de Maxi y extendía su brazo con la intención de frenar, simbólicamente, la avanzada policial. El grupo de tareas debió esperar a que Darío se volteara para matarlo como acostumbran hacerlo, cobardemente, por la espalda.

La complicidad de los medios

La «Masacre de Avellaneda», como se llamó a estos hechos, fue presentada en los medios del poder como un enfrentamiento entre grupos piqueteros. Pasaron varias horas antes de que se conocieran las imágenes de los asesinatos y se revelara cómo las fuerzas policiales reprimieron salvajemente a los manifestantes. Clarín tituló los hechos con «La crisis causó dos nuevas muertes»… debió tragarse sus palabras cuando las agrupaciones piqueteras lograron demostrar que los muertos era producto de la represión policial, de una decisión del gobierno provisorio de Duhalde de «aleccionar» al movimiento piquetero y desacreditarlo, y no de ninguna crisis.

La misma impunidad

En Fanchiotti y sus hombres recayó la responsabilidad operativa de la masacre. El gobierno se desligaba de la parte que le tocaba y la justicia colaboraba al responsabilizar a los autores materiales. A 8 años del asesinato de Maxi y Darío, las agrupaciones piqueteras y los movimientos sociales continúan reclamando: CARCEL A LOS RESPONSABLES POLITICOS E INTELECTUALES DE LA REPRESIÓN DEL 26 DE JUNIO DEL 2002 EN EL PUENTE PUEYRREDON: Eduardo Duhalde (Presidente de la Nación), Felipe Solá (Gobernador de la Provincia de Buenos Aires), los ministros de sus gabinetes y a los agentes de inteligencia y seguridad que tuvieron una activa participación en la planificación de la masacre.

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