MACRI JAMÁS: UNA RESPONSABILIDAD SOBRE NOSOTRAS MISMAS

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Por Mariel Martínez
Hace exactamente un año, los jóvenes macristas de Córdoba iniciaban una campaña de prevención del Sida. Se llamaba PROtegete, y el afiche publicitario lo constituía la foto intervenida de una vagina con cierre. Una vagina blanquita, lampiña, joven; un cierre prolijo, sellando los labios mayores con un delicado moño rojo. En concha cerrada no entran moscas, parecía susurrar tremenda gráfica. De todos modos es para subrayar que hubo muchos cordobeses con salud: la abstinencia como remedio y la mujer como foco del mal fueron demasiado burdos para durar. Después del consabido “no nos dimos cuenta”, se metieron la campaña en un lugar oscuro y sin cierre, para no decir otras barbaridades.
Meses después, en la mitad de este año, Santa Fe corría el riesgo de ser gobernada por un hombre que hizo su fama, su dinero y hasta su carrera política jugando a tocar tetas y culos de mujeres más o menos taradas, a ridiculizar a mujeres más o menos exitosas, o a parodiar histéricas y ninfómanas. Miguel del Sel, que lloró y pataleó como él considerará lo hacemos las mujeres, no derrochó berrinches antes de aceptar su derrota. No actuaba esta vez.
Un año antes, el jefe de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, distinguía a Violetta, una cantante que es un personaje montado, con la mención de embajadora cultural. Violetta encajaba perfecto con los parámetros de belleza Pro: flaca, bonita, adolescente, arribista eterna de canciones de amor, inscripta en la misma tradición que las princesitas yanquis de cuentos europeos, del tío Rico y del ratón Mickey. Una porteñita for export.
Resultaría hasta vano hacer la cronología de las agachadas y los ataques del macrismo en torno a la legislación de género. Se opuso o se hizo el otario cuando conquistamos el matrimonio igualitario, cuando se obtuvo la ley de identidad de género, cuando se legisló la fertilización asistida. Cerró en Ciudad de Buenos Aires al programa de víctimas de trata, redujo el presupuesto a las políticas de niñez y de mujer. Para rematar, haciendo pública su filosofía de café agriado, Mauricio sumó a su lista de aforismos aquel que afirma que a las mujeres nos encanta que nos digan groserías, y que cuando caminamos por la calle nos agrada en extremo que se opine a los gritos sobre nuestro culo.
Su recientemente elegido intendente en Mar del Plata, Carlos Arroyo, está vinculado en forma estrecha con los grupo neonazis que en el Encuentro Nacional de Mujeres nos cagaron a trompadas, y que hace poco más de un mes destrozaron a golpes a dos homosexuales. Su nuevo asesor Abel Albino, un medievalista pro abstinencia, pretende erradicar la desnutrición infantil evitando que los pobres cojan y de esta forma se reproduzcan. Su esposa Juliana Awada, espiguita silenciosa y elegante, está denunciada por la política esclavista e inhumana que sostiene a familias enteras en talleres clandestinos.
Su recién electa gobernadora de la provincia de Buenos Aires, la siempre callada y de semi -sutil- sonrisa Vidal, se resistió todo lo que pudo a la construcción de jardines maternales en la Ciudad de Buenos Aires. Su candidata a vicepresidenta, Gabriela Michetti, declaró un poquito arrepentida que no votó la ley de matrimonio igualitario porque “le hacía ruido”. He aquí a las mujeres y al cambio de Cambiemos, a la política de género del Pro, al cruce de bestialidad y machismo de Macri. Al patriarcado lo conocemos mucho Mauricio, no estás cambiando un carajo.
Este domingo tenemos una responsabilidad sobre nosotras mismas. No retrocedamos ni un centímetro de lo que no nos regaló nadie, de lo que ganamos a fuerza de calle y ovario. No dejemos que nos cierren, que nos silencien, que nos clausuren. No nos dejemos tocar el culo. No paremos de decir que Macri nunca, ninguno, jamás. De que Nunca Macri. De que Mauricio Macri Jamás.

Fuente: Notas

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