MACRI EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

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Por Juan Manuel Erazo
Con 29 Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), Mauricio Macri puso en marcha su gestión. En medios masivos, redes sociales y reuniones familiares, volaron opiniones cruzadas, repudios, balances sobre el gobierno saliente. Entre el shock y el cambio gradual, hay una derecha que experimenta ser gobierno en el siglo XXI.
Los grupos agroexportadores, las cámaras de comercio e industria, facciones de las fuerzas de seguridad, los jueces y fiscales de la impunidad, los sectores conservadores ligados al clero, en fin, eso que se denomina comúnmente la “derecha orgánica”, ha experimentado diversas formas de ser gobierno sin tener que caer en el condicionamiento de ninguna fuerza democrática y/o populista.
Fraude electoral, proscripciones, gobiernos democráticos condicionados mediante las fuerzas armadas, golpes de Estado, dictaduras cívico-militares, incluso una compleja alianza durante los años 90 con el Partido Justicialista que dejaba sus vestigios de movimiento popular y se transformaba en un partido del orden capaz de garantizar gobernabilidad a la oligarquía que hace 40 años atrás decía combatir.
Así de flexible y pragmática es la derecha argentina. A principios de este año, Diego Pares había dibujado para la revista Barcelona la propaganda de un nuevo condón llamado NISMAN, acompañado de la leyenda “¿Cansado de no ponerla desde el 2003? Ponela de golpe, ponela con Nisman”. No de un día para el otro, y con múltiples desaciertos y limitaciones del kirchnerismo, esta derecha volvió al poder sin mediadores.
No obstante, se encuentra ante un desafío que jamás había experimentado ¿Cómo ejercer el poder desde un gobierno democrático? ¿Cómo ejercer el poder después de tantas alianzas, discursos vacíos, falta de cuadros políticos y técnicos? ¿Cómo ejercerse el poder a casi 15 años de la crisis del 2001? ¿Cómo ejercer el poder después de 12 años de kirchnerismo?

Una agenda atrasada
Para el establishment el tiempo es dinero y ya no hay tiempo que perder. La agenda impuesta desde el 2013 (caída de commodities mediante), esa misma que el kirchnerismo contuvo, repudió y muchas veces aplicó, lleva años estancada en los cajones de los grupos económicos.
Hablamos de devaluación, aumento de tarifas en los servicios públicos, reendeudamiento, contención del conflicto social vía espaldarazos o palazos y una reformulación de la política internacional a partir de un mayor acercamiento a los Estados Unidos. En definitiva, cerrar el ciclo progresista de concesiones a los sectores populares abierto en el 2001.
Para consolidar esta agenda, el PRO cuenta con procesos de fragmentación social, de desideologización y despolitización de una importante franja social. No obstante, las promesas de cambio, de pobreza cero, de mejoras en las condiciones de vida de las personas, la defensa de la república y la democracia avasallada por el populismo, lo meten en una encrucijada compleja donde el pez por la boca muere.
La importante pata sindical que ha logrado consolidar no se alimenta de aire y el mismo Moyano ya reclamó por la quita inmediata del impuesto a las ganancias y el bono de fin de año manifestándose en “alerta”. Dentro de la misma alianza Cambiemos, comienzan las contradicciones. Julio Cobos dijo estar “sorprendido” por la designación de los jueces de la Corte Suprema por decreto y el diputado de la Coalición Cívica Fernando Sánchez consideró que los miembros del máximo tribunal deben nombrarse “por la vía ordinaria establecida por la Constitución”.
Con el gobierno se vienen los pases de factura y los diarios Clarín y La Nación (usinas del establishment) hacen públicas sus expresiones de deseo sobre la quita del cepo al dólar y siguen de cerca el reciente anuncio de “retenciones cero” a las agroexportaciones. Dentro de la derecha también hay internas y mientras algunos apuestan a la modestia otros empiezan a marcar la cancha.
Pero el verdadero cuco se encuentra por fuera de la alianza Cambiemos y se llama PJ, el partido al que le gusta gobernar y siempre piensa en su retorno. Mientras Urtubey da algunos gestos hacia el macrismo insinuando una recomposición subordinada a este, Massa también juega sus cartas y se perfila como la oposición peronista libre de kirchnerimo. Por su parte el FPV sigue en internas, tensiones y balances inquisidores.

Entre el límite y la improvisación, la receta del PRO
Por ahora el macrismo recurrió al “shock” de 29 decretos y aplicó el principio de Aguad: las leyes no pueden limitar las acciones del presidente. Desconocimiento de la Ley de Medios, omisión de las leyes de educación vigentes, jueces de la Suprema Corte puestos a dedo, el macrismo se guardó pocos puntos de la agenda y evalúa las respuestas que no se hacen esperar.
El PRO, expresión de un fenómeno regional donde la derecha orgánica ha sido capaz de entrar en un proceso de modernización con nuevos liderazgos jóvenes, está aprendiendo a gobernar (en algunos casos recordando). Ya tuvo su laboratorio en Capital Federal, donde aprendió a victimizarse, a fusionar funciones del Estado con empresas y ONGs sin hablar de privatización, a profundizar la ruptura del bipartidismo PJ – UCR, a abandonar aventuras represivas como la UCEP, a aggiornarse. Ahora su desafío es enorme y decisivo.
Más allá de los aparatos, está la masa politizada, esa que hace catarsis en las redes, que llama a movilizar espontáneamente, que comienza de a poco a copar las calles, que comienza a dar batalla por el sentido común y hoy se muestra lejos del desgaste.
El macrismo por su parte, tiene que lidiar con un clima caldeado de fin de año que el mismo generó. Esta derecha pragmática e inteligente recurre a una de sus recetas, la de golpear y esperar las respuestas. Si es necesario, pide disculpas y corrige. Si hay impunidad, avanza. El tiempo (que en política no es dinero, sino desgaste) y el pueblo (ese actor heterogéneo y dinámico) dirán cuanto más podrá sostener este juego.

Fuente: Notas

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