«LOS ÚNICOS ÑOQUIS SON LOS QUE SE COMEN»

ñoquiadamacri

El viernes fue 29, el primero de una serie que serán para estar en la calle contra las políticas del -aún- flamante gobierno de Mauricio Macri.
Y el 29, tradicionalmente, es el día en que los ñoquis se amasan, se cortan, se pasan por el tenedor y se ponen en una olla de agua hirviendo; se acompañan con tuco y son un ritual que acompañó a miles de familia en la Argentina.
Olla, comida, familia, mesa… elementos y partes tan simples como fundamentales en las vidas de las trabajadoras y los trabajadores. quienes hoy temen porque esos sencillos elementos se tornen beneficios para quienes conserven sus laburos.
Así llegó la campaña #Macri pará la mano, para denunciar los miles de despidos injustos y fuera de la ley -sólo entre diciembre y enero hay 27.719 empleados /as públicos y 23.009 del sector privado con sus telegramas de despidos en la mano- y mostrar en la calle y en el epicentro del devenir porteño, como lo es el Obelisco, que los ñoquis se comen (como dijo Guido, vocero de la campaña) pero no son quienes construían día a día una forma de trabajo y una defensa del el empleo público y la política cerca de quienes más lo necesitan.
Entonces la lluvia del viernes dio paso a un sol que permitió que ese ñoqui gigante sea motivo de una foto o de un comentario por parte de las personas que pasaban caminando. Los globos amarillos emulaban la política de las promesas desinfladas y el futuro pinchado a fuerza de decretos.
Una campaña que se viralizó por las redes sociales convocó a cientos de transeúntes, organizaciones sociales, artistas y gente de a pie que decidió, luego de llenarse la panza con un buen plato de ñoqui casero, bajar por corrientes y sumarse al festival que se desarrollaba en las puertas del Centro Cultural Kirchner, donde las y los ex trabajadores recordaban que la cultura, para ser popular, deber ser, además de gratuita, de calidad.
Las voces se suman, las manos se multiplican para decir ¡basta!, los pies caminan juntos, la calle empieza a tomar el color de los reclamos contra las injusticias y la inflación notoria que se suma al bolsillo de las y los laburantes. La calle empieza a ser de quienes no se conforman con vivir a puro decretazo y despido sin causa… cuando llegue el próximo 29, los ñoquis volverán a hervir en una olla gigantesca y las manos volverán a juntarse y frenar atropellos. Porque cuando las voces empiezan a sonar, es difícil que se detengan.

Fuente: Marcha

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