LOS OJOS SOBRE EL CAIRO

El Consejo de Seguridad, con Argentina como presidente, analizó la situación tras la represión en el país árabe. Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales llamaron al cese de la violencia, pese a las injerencias que tienen en la región.

El Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebró este jueves una reunión de emergencia para analizar la crisis que vive hoy el pueblo egipcio, en medio de la represión desatada por el gobierno militar contra los seguidores del derrocado Mohamed Mursi. El secretario general adjunto Jan Eliasson, fue el encargado de hacer una relatoría acerca de los hechos en la reunión que se realizó a puertas cerradas en Nueva York. Si bien aún no se dio a conocer un comunicado oficial del organismo -y todo indica que tampoco lo va a haber en breve a causa de las posiciones contrastantes de los países miembros acerca del golpe de Estado-, diversos funcionarios condenaron la violencia registrada en el país árabe en los últimos días.

 

La Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Navi Pillay, instó al país a “alejarse del borde del desastre” y apuntó contra el “uso de la fuerza excesivo, incluso extremo, contra los manifestantes”. Pillay, quien fue jueza de crímenes de guerra de la ONU, aseguró que “tiene que haber una investigación independiente, imparcial, efectiva y creíble del comportamiento de las fuerzas de seguridad. Cualquiera que sea encontrado culpable de un delito debe enfrentar a la justicia”.
Mientras tanto, el Ministerio de Salud de Egipto confirmó que el saldo de la represión policial de la madrugada del 14 de agosto ascendió ya a 638 víctimas y 4200 heridos. Todos ellos registrados durante el ‘desalojo’ que las fuerzas de seguridad realizaron en una serie de acampadas organizadas por la Hermandad Musulmana -el grupo al que pertenece el ex presidente Mursi-, acusadas de “violencia extrema” por las autoridades oficiales. A partir de allí se dictó el estado de emergencia y el toque de queda en todo el país.
Al conocer la noticia, el premio Nobel de la Paz, Mohamed El Baradei, quien fue nombrado vicepresidente interino por los militares en el poder, presentó su renuncia. “No puedo seguir asumiendo la responsabilidad de las decisiones con las que no estoy de acuerdo y temo sus consecuencias. No puedo asumir la responsabilidad de una sola gota de sangre”, expresó El Baradei en un comunicado oficial.
El Baradei había sido uno de los líderes del movimiento protagonizado por liberales, laicos, cristianos coptos y fuerzas de izquierda que lograron derrocar a Mursi en julio pasado y sostuvieron la llegada al poder las Fuerzas Armadas de Egipto, con el general Abdul Fatth Al Sisi a la cabeza. Inmediatamente se compuso un gobierno civil de transición guiado por el jefe de la Corte Constitucional Suprema, Adly Mansur, que suspendió la Constitución aprobada por Mursi y anunció nuevas elecciones para enero de 2014.
Sin embargo la resistencia de la Hermandad Musulmana al golpe se mantuvo firme. Con actos de violencia que dieron la vuelta al mundo por parte de ambos bandos, la tensión jamás bajó pese a los llamados de los organismos internacionales. El último acto, el desalojo perpetrado por el ejército el miércoles pasado, desató una enorme inestabilidad en la región, que los demás países miran con cierta preocupación.
Que el país árabe más poblado del mundo, y el único en reconocer al Estado de Israel, se encuentre en tal situación desde 2011 -cuando, durante la llamada ‘primavera árabe’ fue derrocado el dictador Hosni Mubarak- es un dato alarmante para las principales potencias del planeta con fuertes intereses en la zona. Y lo demuestra la decisión de Turquía, país que posee el segundo ejército más grande de la Organización del Atlántico Norte, y principal aliado occidental en Oriente Medio en los último meses, que llamó a su embajador en Egipto ayer “para discutir acerca de los recientes acontecimientos”, según dio a conocer la cancillería turca.
Por su parte, Barack Obama salió a desligar su responsabilidad en la situación egipcia. “Estados Unidos no puede determinar el futuro de Egipto. Por allí estoy leyendo en algunos periódicos que Occidente y los Estados Unidos estamos siendo señalados como los culpables por los seguidores y opositores de Mursi y esto no es así”, aseguró en declaraciones oficiales.
Es que EEUU tras el derrocamiento de Mursi se encontró en una posición muy incómoda. Ambos bandos, el de las Fuerzas Armadas y el de la Hermandad Musulmana le son convenientes a sus intereses geopolíticos en la región. Los islamistas han sido la organización predilecta para digitar o encabezar los gobiernos que siguieron a las rebeliones de 2010 y 2011 en en mundo árabe, ya que se condecían con la estrategia de occidentalización de la región en el ámbito económico y una presunta solidez política. Pero por su lado, las FFAA egipcias son estrechas aliadas de las potencias occidentales desde los Acuerdos de Camp David de los años ’70, cuando Egipto aceptó reconocer a Israel a cambio de una subvención anual de 1300 millones de dólares a su ejército, a lo que se deben agregar los entrenamientos conjuntos y la venta de material bélico.
“Estados Unidos no puede determinar el futuro de Egipto. Eso le toca a su pueblo, no podemos hacerlo nosotros. Queremos un Egipto próspero y democrático y eso lo deben alcanzar los egipcios y para ello deben trabajar duro. Reconocemos que esos cambios toman tiempo”, aseguró Obama.
Sin embargo, es de público conocimiento la injerencia que este país tiene y ha tenido en los derrocamientos de Gaddafi en Libia y en el intento de desestabilizar al gobierno de Bashar Al Assad en Siria -donde la Hermandad Musulmana juega a favor de los planes occidentales-.

Fuente: Marcha

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