LIBERTAD PARA BELÉN ES LIBERTAD PARA TODAS

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Por Pilar Escalante*
Este viernes 12 de agosto un grito recorrerá todo el país, la consigna de Libertad para Belén estará una vez más en las gargantas del movimiento de mujeres y feministas, en las calles, en las plazas, exigiendo que esta joven condenada a 8 años de cárcel por haber sufrido un aborto espontáneo salga de prisión y sus derechos dejen de ser vulnerados.
¿Qué significa la condena y efectiva prisión de Belén? La (in)justicia tucumana, haciendo alarde de un tendal de malos procedimientos y decisiones infundadas, ha querido hacer del de Belén un caso testigo de disciplinamiento. Instalar una “ejemplificadora” condena a una mujer por no continuar con un embarazo (así sea cuando el aborto se haya producido espontáneamente como en este caso) es un mensaje claro de dónde nos quiere el poder judicial. Es entender a las mujeres como máquinas reproductivas más allá de -y a pesar de- nuestras decisiones, nuestros deseos, y aún más allá de los derechos vigentes. Porque este no es solamente un mensaje individual a cada una de las mujeres que puedan tener un aborto, este es un mensaje a un movimiento de mujeres y feminista que en los últimos años ha sido un sector en lucha, con dinamismo callejero, con posibilidad de instalar agenda, profundizar reclamos y debates actuales. Entre estos reclamos el derecho al aborto legal, seguro y gratuito es una de las puntas de lanza que nos unifican y fortalecen. No es casual que los ataques vengan por este flanco.
En las últimas décadas el movimiento de mujeres y feminista de nuestro país ha crecido, profundizado sus debates, avanzado en la cristalización de algunos núcleos de sentido común impensables hace sólo unos años, y articulado una serie de legislaciones y derechos progresivos que actualmente se encuentran bajo asedio.
No son hechos aislados la reducción fáctica del Programa de Salud Sexual y Reproductiva, la designación de personajes nefastos como Jorge Lemus, Carlos Mahiques o Abel Albino en áreas de responsabilidad, el avance de enfoques retrógrados y conservadores en los contenidos de la Educación Sexual Integral, o la reciente presentación de un Plan Nacional contra la Violencia de Género que en muchos aspectos concibe a la mujer sólo desde el rol tradicional de madre de familia. Estamos viendo acciones sistemáticas y consistentes que buscan atacar los derechos que hemos ganado con la lucha y movilización de decenas de años, productos de avances y retrocesos de militancias históricas y una vocación de interpelación masiva y construcción colectiva que se ha visto cristalizada en las convocatorias de #NiUnaMenos y en cada creciente Encuentro Nacional de Mujeres.
La prisión de Belén, mientras se efectiviza sobre su vida y su cuerpo, es un mensaje para todo este movimiento, es un grito terrible que pretende atemorizar a muchas y muchos más que a ella.
Desde el momento de su horrenda atención hospitalaria hasta el de su prisión efectiva y condena judicial, Belén vio incumplidos sus derechos humanos: se desconoció el protocolo vigente a nivel nacional de atención a mujeres que cursan un aborto, se rompió el secreto profesional, fue víctima de un proceso judicial sesgado e irregular que terminó con la tremenda condena de ocho años de prisión. Este derrotero pretende desconocer los derechos en los que hemos avanzado y cimentar una condena social a todo reclamo por los mismos; pero si algo viene quedando claro es que Belén no está sola y que no permitiremos que se avasallen nuestros derechos.
Porque ante el ejemplo amedrentador que quieren hacer de ella, el caso de Belén se ha convertido en una trinchera para todo el movimiento de mujeres y feminista, porque sabemos que Belén somos todas, que en ella nos jugamos lo construído y también la apuesta por avanzar en el reconocimiento de más derechos.
Los avances de los sectores conservadores y retrógrados nos deben encontrar, y en este caso lo están haciendo, en la mayor unidad posible, construyendo una resistencia que permita defender lo conquistado al mismo tiempo que exigimos todos los derechos que sabemos se nos adeudan. Por eso la lucha por Libertad para Belén se entronca con la de Aborto Legal, porque sabemos que para desterrar el riesgo de ser penalizadas por exigir nuestro acceso a la salud integral necesitamos una ley clara que reconozca el derecho de las mujeres a decidir sobre nuestros propios cuerpos, que el cumplimiento de los protocolos de Abortos No Punibles no puede quedar pendiente de decisiones locales sino que necesita una sanción obligatoria para garantizar el efectivo acceso a los derechos.
Por eso este jueves un grito va a poblar las calles y las plazas del país, por libertad para Belén, para que se sepa que no está sola y, sobre todo, que no pensamos retroceder ni un paso.

* Integrante de Socorristas en Red y la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Fuente: Notas

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