LAS PATOTAS CONTRA LOS CHOFERES DE COLECTIVOS

Desde 2011, varios choferes de diversas líneas de colectivos fueron agredidos mientras exigían mejores condiciones laborales. En medio de un clima de violencia gremial, amenazas e intentos de intimidación, los reclamos siguen vigentes.

Los hechos, ocurridos desde el año pasado hasta este mismo mes, involucran a una patota que respondía al delegado del sindicato UTA (Unión Tranviarios Automotor) Rodríguez Leovino. El mismo encabezó una patota para agredir y amedrentar a Germán Amor, chofer de la línea 135 y activista gremial.

 

 

 

Germán fue despedido y la explicación de la empresa fue una «reestructuración» mientras que el chofer asegura que fue por los reclamos realizados respecto a los horarios y a la imposibilidad de que los empleados se tomaran sus correspondientes descansos.
En pleno juicio exigiendo su reincorporación, Germán describe la agresión. Cuando sucedió, el 6 de diciembre de 2011, había sido citado a un edificio de la empresa para recoger un telegrama que debía llegar a su casa pero que nunca llegó. La patota estaba encabezada por los dos delegados gremiales de la UTA, Sergio Mataloni y Rodríguez Leovino secundados por otros cuatro compañeros de Germán.
La agresión tuvo a lugar en un edificio cuya propiedad es del grupo DOTA (propietaria de unas 40 empresas de transporte) y no se detuvo hasta que se hizo presente Alejandro Samoano, jefe de personal de la empresa quien instó tranquilamente a la patota a que se retirara luego de que Leovino golpeara en la cabeza a Amor con la culata de un arma de fuego.
Posteriormente, Amor declaró a la prensa que solo los directivos de la empresa sabían sobre su citación lo cual los relaciona directamente con el episodio de violencia ocurrido. La citación fue realizada por el señor Samoano. Poco después, Germán recibió un llamado de Leovino que consistía en mayores amenazas.
El problema no terminó ahí. El 7 de agosto del corriente tuvo a lugar otra agresión a un chofer de la línea 135, llamado Marcelo Wissoc, quien había estado repartiendo volantes para sus compañeros como forma de reclamo. La agresión fue perpetuada por Omar Laprida, trabajador de la línea e integrante de la patota de Leovino.
Marcelo se presentó como testigo de Luciano del Percio, despedido por realizar reclamos. A su vez, del Percio fue testigo por el caso de Germán Amor, cuyo juicio por su reincorporación está en sus últimas etapas tal como se acerca la última tanda de testigos el día 24 del corriente
Los choferes denuncian constantemente las presiones e intimidaciones pero son acallados y muchos de ellos prefieren el silencio. Incluso los hay quienes acuden a las reuniones de empleados (que es una instancia de discusión y organización) y luego solicitan a sus compañeros que no se mencione a nadie su presencia en las mismas. Tan presionados se encuentran que cada dos años, cuando tienen a lugar las elecciones de delegados, no se presentan candidatos opositores a la línea que detenta el cargo (desde hace cuatro años según Germán Amor).
Así, pasan los meses y los casos aumentan. ¿Las formas? No cambian. El esquema de miedo y violencia se repite. El silencio se hace lengua común pero de a poco algunas voces dan cuerpo a los reclamos y no parece que se vayan a callar.

Fuente: AnRed

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