LA VERDAD SE MILITA

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Por Juan Manuel Erazo
El 23 de agosto de 1962, Felipe Vallese caminaba por la calle Canalejas rumbo a la fabrica TEA. Era noche cerrada en el barrio de Flores. El delegado metalúrgico y militante peronista aceleró sus pasos. Ocho sujetos lo increparon, lo golpearon con armas largas y lo introdujeron a un Fiat 1100. Vallese tenía 22 años, fue detenido, luego desaparecido, el primero de muchos.
El periodista Pedro Leopoldo Barraza investigó la desaparición en las revistas Compañeros y 18 de Marzo. En 1971, los secuestradores fueron encarcelados, y tan solo tres años después, liberados. Años más tarde, Barraza y el fotógrafo Carlos Laham, serían asesinados por un grupo de tareas de la Triple A. El cerebro de la masacre era Juan Fiorillo, secuestrador de Vallese, luego agente activo de la dictadura.
El 9 de junio de 1956, los altos mandos de la dictadura autodenominada Revolución Libertadora, ordenaron el fusilamiento clandestino de 12 civiles, en su mayoría obreros y militantes peronistas. Los basurales de José León Suarez fueron el sitió de la masacre, el escarmiento contra los sublevados debía ser ejemplar. De las nueve personas fusiladas, cinco murieron en el acto (Carlos Lizaso, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Vicente Rodríguez y Mario Brión), siete sobrevivieron.
En 1957, el periodista y escritor Rodolfo Walsh, compiló las crónicas sobre los fusilamientos de José León Suarez que había escrito en el periódico Revolución Nacional, en el semanario Azul y Blanco, y en la revista Mayoría. El resultado fue un hito de la crónica narrativa: Operación Masacre. Su compromiso por la verdad lo llevó a militar hasta los últimos segundos de su vida. El 25 de Marzo de 1977, tras enviar por correo las primeras copias de su carta abierta a la junta militar, Walsh fue atacado por un grupo de tareas, baleado y secuestrado.
Trabajadores, militantes, periodistas, nada de esto debe estar escindido. Un periodista es un trabajador de la prensa, y a su vez puede (y debe) ser un militante de la verdad. Ese es el ejemplo que dieron los y las trabajadoras del diario La Nación, quienes salieron públicamente a repudiar el editorial titulado “No más venganza”.

“Yo repudio el editorial”
“La elección de un nuevo gobierno es momento propicio para terminar con las mentiras sobre los años 70”. De esta manera comienza el editorial, basta una oración para imaginar lo que sigue. Diferentes figuras de la política y el activismo por los derechos humanos salieron a repudiar la nota.
El Premio Nobel de la Paz y activista por los DDHH, Adolfo Pérez Esquivel fue tajante: “Rechazamos los términos que utilizan, aquí no buscamos venganza. Buscamos el derecho de verdad y justicia. Con todo lo que luchamos estos 40 años no vamos a retroceder un paso más”.
Incluso la misma senadora del Frente Cívico, Norma Morandini, mencionada como fuente de las principales ideas fuerza del editorial, consideró que dicha nota es “una burla” y confesó “sentirse utilizada”.
Pero el dato relevante es el repudio de los trabajadores de prensa, centralmente aquellos que escriben en La Nación. Hugo Alconada Mon, Mariana Verón, Laura Rocha y Patricio Insua, entre otros, se distanciaron del editorial y abogaron por la continuidad de las causas judiciales por violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura. Desde el Foro de Periodismo Argentino y el Sindicato de Prensa de Buenos Aires también repudiaron el editorial y reivindicaron la actitud de los periodistas y gráficos.
“Rechazamos la lógica que pretende construir el editorial de hoy, que en nada nos representa, al igualar a las víctimas del terrorismo de Estado y el accionar de la Justicia en busca de reparación en los casos de delitos de lesa humanidad, con los castigos a presos comunes y con una cultura de la venganza”. El comunicado lleva la firma de los “trabajadores de La Nación S.A. Comisiones Internas de Prensa y Gráficos”.
Es que la actitud denota más que un simple comunicado de repudio. En primer lugar rescata la historia de resistencia contra la impunidad que vienen sosteniendo quienes luchan por memoria verdad y justicia: el repudio se decidió en una asamblea de trabajadores, y el método fue el escrache, ese que busca al victimario y desnuda sus miserias.
El móvil no fue económico, la visera sensible no fue el bolsillo, sino la ética y el compromiso con la verdad, la memoria y la justicia. El triunfo a Macri, ese que hoy envalentona a las derechas y los mandamases del billete, choca contra la conciencia y la memoria activa de un gran número de argentinos y argentinas que siempre dirán Nunca Más. Muchos son los que no olvidan, no perdonan, no se reconcilian.

Fuente: Notas

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