LA PÓLVORA MÁS RECIENTE

Por Ramón Raggio

¿Por qué 24 años atrás militantes populares intentaban copar el regimiento militar de La Tablada? Hugo Montero charló con Marcha sobre la historia del MTP, el rol de Gorriarán Merlo y los militantes que protagonizaron ell último gran hecho de la guerrilla.

 

 

 

Treinta horas de fuego ininterrumpido hubo en el Regimiento de La Tablada el 23 de enero de 1989. Cerca de las cuatro de la mañana casi cincuenta militantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP) coparon ese predio del Ejército.
Con el argumento de frenar una avanzada golpista del grupo militar carapintada, el movimiento cuya referencia pública era Gorriarán Merlo avanzó en la que fue la última gran acción directa de las organizaciones revolucionarias en nuestro país.
En la represión de la toma actuaron en conjunto el Ejército y la Policía Bonaerense. Alfonsín dio entonces un cheque en blanco para el descontrol de las fuerzas represivas.
Los oficiales desoyeron tres solicitudes de rendición de los militantes. Durante la represión utilizaron fósforo blanco, un arma química prohibida por Naciones Unidas tras su empleo por parte de Estados Unidos en la guerra de Vietnam.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA presentó en 1997 un informe en el que afirmaba que hubo torturas y desapariciones por parte de las fuerzas represivas y que los encarcelados fueron torturados.
Distintas organizaciones de derechos humanos sostuvieron en su momento que no se realizó una investigación independiente, completa e imparcial frente a las violaciones de los derechos humanos cometidas por las fuerzas represivas.
La CIDH pidió la excarcelación de los presos, pero la Corte Suprema la rechazó por unanimidad. Esa situación termino resolviéndose entre 2000 y 2003, cuando los detenidos fueron indultados.
El copamiento dejo casi una treintena de militantes caídos. De unos tres aún se desconoce el paradero de los restos. Del lado oficial solo hubo once bajas entre militares y policías.
Hugo Montero siente un profundo respeto por los militantes que se la jugaron en La Tablada. Tenía 13 años cuando sucedieron los hechos. Tiempo después egresó como periodista en la Universidad de Lomas de Zamora. Desde 2001 dirige la revista Sudestada. Realizó y publicó la investigación periodística e histórica De Nicaragua a La Tablada, una historia del Movimiento Todos por la Patria (2011).
-¿Cuál fue la lectura de ese momento para justificar la toma?
-Se genera en Argentina la avanzada carapintada. Eso cambia el escenario. Se plantea como alternativa real al alfonsinismo la ultraderecha, no solo con los carapintadas sino con el empresariado y otros grupos que comienzan a animársele al débil y claudicante gobierno de entonces. Desde el MTP se ve un vacío: no hay una alternativa popular que se le plante al proyecto de golpe de la ultraderecha que podría llevar a un escenario como el de la última dictadura. Y en ese escenario es que se plantea tomar el cuartel. Se necesita para validar la acción militar algunos elementos fácticos de la táctica, por eso hubo que forzar la realidad. A partir de una visión voluntarista de la realidad simulan estar en presencia de un golpe de estado para, a partir de ese hecho, aparecer ellos como parte de un grupo multitudinario que intenta detener el golpe y defender la democracia. Lo que planteo en el libro es que se trató de generar una insurrección popular con un grupo de vanguardia, hacer eso con un grupo de 46 personas y con otras 20 que quedaron afuera.
-¿Cómo surge el MTP?
-Nace del laburo de una fracción del PRT que conduce Gorriarán, que hace una experiencia de lucha importante en la última avanzada sandinista. Participan del proceso y del periodo triunfante de la revolución, con lo complicado que puede significar hacer eso. Siempre con la cabeza en Argentina, y con la idea de construir una organización nueva, la experiencia de Nicaragua marcó para romper lo que pasó con las organizaciones en los años 70. El MTP intenta no ser sectario, ser amplio, apostar a la confluencia de distintos grupos. Allí había militantes de DDHH, curas del tercer mundo, jóvenes del conurbano, militantes de los 70. Fue una experiencia original. Laburo de base, pequeño porque no era una organización grande, pero con un laburo sólido.
-¿Cuánto jugó la figura de Gorriarán Merlo ahí?
-Es cierto que es imposible hablar del MTP sin mencionar a Gorriarán y a la concepción que tenía de la política. Lo interesante es ver como, del mismo modo que podía originar una experiencia nueva como el MTP, podía mantener la idea del recurso militar como táctica para aprovechar el momento histórico.
-Mirándolo desde hoy, fue un momento histórico de rechazo a la violencia en general y a la acción armada en particular.
-Creo que se apostaba a generar una organización política para dar la batalla en la legalidad. Pero también a tener un grupo de gente preparada para tomar el atajo cuando se dieran las condiciones necesarias para ganar con un golpe de mano. Más que nada por lo que fue la mala experiencia electoral del MTP, un crecimiento lento y de largo plazo.
-¿Cuánto hay de cierto en las versiones de que compraron un buzón de los servicios?
-No era gente improvisada, algunos tenían experiencias de militancia con más de 40 años. La teoría de que el gobierno radical, desde alguno de sus sectores, pudo haber agitado el copamiento es ridícula: la toma dejó temblando al gobierno de Alfonsín. Por otro lado el menemismo era un enemigo en común en ese momento, es cierto. Los informantes le otorgaron por ahí al MTP los elementos que necesitaban para una puesta en escena, seguro habrá de ello tambien. Pero lo que hay de fondo, a mi entender, es la voluntad de crear un cambio revolucionario. Creo que hay que reivindicar la acción, con un montón de errores sí, pero como un intento de cambiar las cosas en la Argentina y de torcerle el brazo a la derecha imponiendo una alternativa popular. Y en ese rescate de la experiencia hay que tener cuidado con cualquier chamuyo de los servicios.
-Como las versiones que simplifican en la toma la experienciad el MTP, ¿No?
-Así es. Por eso creo que el merito del libro es que hablan ellos, es trabajar las historias de vida de tipos silenciados y demonizados por la prensa. Por ejemplo había un compañero, Lucho Segovia. Fue dirigente en distintas huelgas, estuvo en el proceso de lucha en Villa Constitución, había sido el único que no cayó en manos de la represión cuando Isabelita larga el operativo con Lorenzo Miguel. La experiencia de él como obrero industrial era extraordinaria. Años de lucha y preparación: fue uno de los que cayó en combate en La Tablada. Una historia a nivel humano extraordinaria. Los principales dirigentes del MTP estuvieron en la primera línea. Los demás murieron todos o están desaparecidos. Pero hay que aclarar: más que voluntad lo que pasó fue voluntarismo, no podemos arriesgar tipos con formación sindical de casi 40 años en una acción militar no fue acertado.
-¿Qué rescatás de la experiencia del MTP hoy?
-Tengo lecturas por la negativa y por la positiva. Por la negativa es que el problema de la inserción, en algunos sectores clave como los laburantes, te permite poner las prioridades en los lugares donde deben estar. Si uno no está preparado para hacer política no se puede estar preparado para resolver las cosas de otra manera. Si no tenes inserción en los lugares clave es muy difícil reemplazar eso con voluntarismo o con algún golpe de mano. No se puede transformar uno en alternativa en poder tomando el atajo.
-¿Y cómo positivo?
-Hay que apostar a una construcción de largo plazo y por abajo. En ese entonces la consideración era de rechazo ante cualquier tipo de violencia. Hubo un error de lectura. Ahora pasa lo mismo. Hay que desarrollar el espacio de militancia siempre teniendo en cuenta el momento histórico donde toca vivir. No es lo mismo lo que se hizo en los 70 que lo hay que hacer ahora.

Fuente: Revista Marcha

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