LA EXCLUSIÓN URBANA Y LA ALTERNATIVA POR LA DIGNIDAD

Por Marcelo Otero

Quiénes sostienen la carpa de la Corriente Villera Independiente frente al Obelisco. El colectivo de vecinos y militantes que mantiene un reclamo sobre la crisis habitacional en la que está sumida Buenos Aires. La discriminación hacia las villas.

1.

En el cruce de las avenidas 9 de Julio y Corrientes se levanta el Obelisco. Es una estructura alta, blanca y lisa, con forma de escarbadientes. Siempre pensé que es una nave marciana descendiendo en la ciudad. Ahora que me tomo un rato para mirarlo, pienso que tal vez sí: la diversidad arquitectónica y cultural caracterizan a la ciudad de Buenos Aires.

¿Por qué no pensar que el Obelisco, el palacio de Aguas de la avenida Córdoba, el Congreso, los bosques de Palermo, las torres de Lugano y la villa 31 son parte de un todo, complejo, excéntrico, desquiciado, pero un todo finalmente?
Un todo, es necesario decirlo, múltiple pero no uniforme, ya que las cosas tienen su peso, y la balanza de la ciudad está visiblemente desequilibrada por la preponderancia simbólica pero sobre todo económica de algunos sectores. Para cambiar ese desequilibrio hay una carpa armada junto al Obelisco, la de los integrantes de la Corriente Villera Independiente, con ocho villeros y villeras en huelga de hambre y gente que acompaña, charla o simplemente toma mate y espera frente a la mesa de las adhesiones.

2.
Mónica, 39 años de la 31 bis. Vino del Paraguay hace 15 años, tiene cuatro hijos. Me dice que están ahí por su derecho a la vivienda, a la educación, a la salud, a tener su propia cultura. Que le reclaman al Estado, pero que también han construido una solución no muy grande, pero chiquita para cada punto. Como Corriente Villera Independiente, me explica, crearon un espacio de salud para enfrentar el frío del invierno y las infecciones a causa de la falta de redes cloacales en la 31 bis; espacios formativos, un jardín que no es jardín, porque ellos eligen llamarlo espacio de juegos, donde los chicos puedan no ser oprimidos, sino sacar lo que quieren; una primaria para adultos -18 personas- y espacios de deportes; para enfrentar la violencia de género abrieron una casa de la mujer, con talleres y asesores para resolver los problemas de género; un espacio de cultura. Mónica me da una definición curiosamente antropológica: la cultura es lo que depende de nosotros, cómo nos formamos y cómo nos vamos llevando día a día.
Me cuenta de su sobrino, dos años y dos meses. Tenía fiebre y lo llevaron a la guardia del Hospital Fernández, donde no les pareció que tuviera nada significativo y lo devolvieron a su casa sin querer realizarle más análisis. Pocas horas más tarde, murió de meningitis.
Cuando hicieron la denuncia la médica negó haberlos visto antes, pero ahí estaba, la planilla acusadora. Por ser villero, por ser paraguayo, la ciudad de lo múltiple lo puso en su lugar.

3.
En el mes de marzo, dos médicas del Sistema de Atención Médica de Emergencias (SAME), Eva Celia Rodríguez y Marcela Susana Tela, fueron condenadas a tres años de prisión en suspenso, dos años de inhabilitación y otros dos de trabajos en un comedor comunitario, por negarse a entrar a la Villa 31 a tratar a un Humberto Ruiz, que finalmente murió por falta de atención. La Justicia expresó que «las imputadas faltaron a su deber por sus prejuicios discriminatorios”.

4.
Natalia es de la villa 21-24, en Barracas. Es muy preguntona, pero no por ignorante, me dice mientras se toma un té. «Lo difícil es abrir el pensamiento y animarse a preguntarse ciertas cosas», agrega. Cómo se hace una política sin clientelismo, cómo crear conciencia en el barrio, cómo no transmitir frustración a los hijos y tratar de cambiar las cosas sin negarlas. También se pregunta cómo le va a explicar a su familia el haber dejado de ir a laburar en la escuela donde trabaja como camarera y pasar cinco días en huelga de hambre, por algo tan inasible como un ideal y una lucha colectiva.
«Pero peor me hubiera sentido si no hubiera venido», me explica Nati y mira abstraída el grabador, más cerca de su casa que de esta entrevista. Está estudiando para maestra de primaria, porque piensa que para cambiar las cosas hay que cambiar la educación de los pibes. «Porque es en la escuela donde ya te enseñan a no querer más, a pensar que no hacés lo suficiente para estar mejor y que la culpa de cómo estés es tuya y que sos un extraterrestre entre los demás. Y para cambiar a los grandes, el compañerismo y la organización son el camino. La lucha es larga y dura, pero hay que tomar la iniciativa para pelear por un mundo mejor».

5.
Mercedes Benz, la automotriz alemana, tiene una gran pantalla que da al cruce de las dos avenidas y mira la carpa desde arriba. La empresa de autos de lujo reconoce en su página web el uso de cerca de 30 mil prisioneros de campos de concentración nazis como trabajadores forzados durante la Segunda Guerra Mundial. En la Argentina se la recuerda por hacer desaparecer, en 1975 y en complicidad con el régimen militar, a 14 delegados de SMATA a los que la empresa entregó en una lista de «empleados indeseables». Hasta el momento no ha sido declararla «empresa indeseable» en una ciudad múltiple que a diario excluye expresamente a los habitantes de las villas.

6.
Juliana tiene una voz fuerte y se encarga de la prensa, que a esta hora soy solo yo, y de las actividades para hacer pública la huelga de hambre. Me dice que la gente pasa todo el tiempo y a pesar de la velocidad y la premura, se para y charla. Algunos vienen a cuestionar o a debatir también. Que la huelga de hambre es mucho, que por qué no cortar la calle, como se hace siempre para estas cosas, etcétera.
Yo me pregunto si la ley antipiquetes en discusión incluirá una normalización para huelgas de hambre. ¿Cortes de un solo carril y desayuno obligatorio?
Juliana me cuenta que uno de sus trabajos es dialogar con los artistas que vienen a solidarizarse, casi todos los días está tocando algún grupo. Le pregunto por el Obelisco como lugar y me contesta que representa el centro de la ciudad, «no lo es, pero lo representa», y que pasa gente todo el tiempo. Y es verdad, siempre hay gente en el Obelisco. De madrugada, a la mañana, a la noche, caminando, mirando, tomando algo o haciéndole gestos a los autos, hablando consigo mismos. Un hombre alto pasa llevando de una cuerda un largo tren cuyos vagones están hechos de botellas de gaseosa, cuidadosamente recortadas y ensambladas. Me cuesta concentrarme sin dejarme llevar por los permanentes estímulos visuales.
Juliana, una militante comprometida, se focaliza en el trabajo en la carpa y solo cada tanto mira alrededor. Dice que se sorprende cuando recambian los huelguistas, que es un momento de llantos, de abrazos, de catarsis, de ver lo que están haciendo y que cuando lo piensan no lo pueden creer. Después, la vorágine de las actividades la devuelve a eso que en 14 días se ha convertido en su cotidianeidad.

7.
Según datos del Censo de Población y Vivienda de 2010, el parque habitacional de la ciudad comprende 1.425.840 viviendas y de estas, el 24% se encuentra desocupadas, esto es, alrededor de 342 mil viviendas. La ciudad tiene casi la misma cantidad de habitantes que en 1947, pero la presión edilicia aumenta. Según Di Virgilio y Rodríguez, en su artículo «Buenos Aires, una ciudad sin techo», el mercado de la construcción se ha orientado hacia departamentos en altura para sectores de alto poder adquisitivo, que permiten márgenes de ganancia seguros, pese a que muchas de las nuevas unidades permanecen vacías. En Puerto Madero, por ejemplo, la ocupación de viviendas solo alcanza al 18 % del espacio disponible.

8.
Rafa tiene 41 y está ahí, colaborando en lo que se pueda, como él mismo dice. Habla con seguridad y sin pausas. Lo saqué de una conversación y hay gente esperando para cuando lo deje libre. «Ya está ir de oficina en oficina para que se urbanice -arranca-. La apuesta es neoliberal, ya quedó claro, ahora es el plan de lucha». Me cuenta que la administración Macri está empezando a dar certificados de dominio en Lugano, un papel (el «modelo Medellín») que no tiene valor formal porque la tierra de la villa no está loteada formalmente, pero da derecho lugar a intercambiar el certificado, es decir, el lugar de posesión, y ya se sabe que en el capitalismo los que ganan son las corporaciones y quienes son capaces de acumular esos papelitos podrán invertir con seguridad.
El proyecto Puerto Madero 2, alargando la urbanización hacia el norte y la Villa Olímpica en Lugano son los ejes centrales de la política de urbanización que contempla la revalorización de las tierras ocupadas. Rafa me explica que en cuatro años se perdieron 1.000 millones de pesos del presupuesto habitacional. Hay un negocio con la pobreza, una combinación de maquillaje para las próximas elecciones y proyectos que parecen mejorar el conjunto, pero solo buscan valorizar los terrenos. Alrededor de 350 mil personas viven en las villas de la ciudad, estima la Corriente Villera, y a eso debemos sumarle otras 250 mil con problemas de vivienda. Me tira más números. A esta altura me parece que Rafa, más que colaborar con lo que se pueda, convive con el problema habitacional de la ciudad en su cabeza.
¿Soluciones desde la gestión? Solo los créditos del Banco Ciudad, escasos y de bajo monto. Ni cooperativas ni autoconstrucción, con la excusa del estruendoso fracaso del proyecto de las Madres. Le pregunto qué es la carpa. «Es denuncia -y se prende un cigarrillo-, exigir que se cumplan las leyes de urbanización y presionar a la Legislatura para que vote a la emergencia habitacional». «La gente que pasa es muy solidaria -me dice-. Que gane Macri en la ciudad no significa que haya un 60% de fachos, no podemos hacer lecturas tan lineales. Hay que problematizarse eso».

9.
Una batalla silenciosa se está jugando en la Ciudad de Buenos Aires. Sus actores mueven sus fichas a la luz del día y sus resultados se encarnan en la vida cotidiana de la población. Mientras el gobierno (el nacional y el de la ciudad,) hace explícitas sus intenciones de no regular alquileres y políticas de valoración de los terrenos, en la capital se lleva a cabo una política de exclusión sistemática, que tiene como objetivo a los sectores más pobres y apunta a la consolidación de negocios urbanísticos con la excusa de una ciudad cosmopolita, moderna, múltiple. La Corriente Villera Independiente, asentada hace 23 días en el Obelisco, están peleando por la visibilización del conflicto. La gestión macrista los ningunea, pero ellos no parecen preocupados. Tienen hambre de justicia y una paciencia infinita.

Fuente: Marcha

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