LA ESPERANZA, FÁBRICA RECUPERADA DE PURIFICADORES Y EXTRACTORES DE AIRE

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La Cooperativa de Trabajo La Esperanza de Monte Grande es una empresa recuperada (ex empresa Cler S.A.) que se dedica a la producción de extractores y purificadores de aire. La fábrica entró en convocatoria en el 2001 y quebró en el 2009, cuando se constituyó como cooperativa. Los trabajadores jamás dejaron de ir al inmenso galpón ubicado en la calle Fernando del Toro, aún en los momentos más dificiles. Hoy son un modelo de producción y empresa autogestiva en el campo de la economía popular.

 

 

 

 

La Esperanza de Monte Grande es una fábrica metalúrgica que produce motores en forma integral para la diferente gama de productos de extracción y ventilación de aire, extractores para cocina y para baño. Además de ventiladores de techo y turbos. El galpón de cientos de metros cuadrados está compuesto por enormes máquinas y está organizado en diferentes áreas de trabajo que se corresponde con las partes de producción de los motores.
Elías Robledo, presidente de la Cooperativa comentó que el “7 de agosto del 2009 tuvimos la matricula para empezar a trabajar como cooperativa”. Luego de que se decretara la quiebra en la empresa CLER, varios compañeros comenzaron la difícil tarea de recuperar los medios de producción y su fuente de trabajo. Así transitaron el camino del cooperativismo y lograron sacar al mercado sus productos con marca propia: LAES.
“Comenzamos siendo 8 compañeros, pero uno se fue por que no pudo entregarse al 100%, ya que es muy difícil entender el cambio de ser empleado a ser dueño y tener más responsabilidades. Hoy seguimos los 7 socios de siempre”

La decisión de formar la cooperativa
“Esa época fue un calvario para todos los compañeros, casi no se cobraba. Había deuda de tres o cuatro meses de sueldos y era llegar los viernes y cobrar 100 o 200 pesos que dependía si vendíamos o no. Así fue durante 9 años. Y eso fue muy duro, porque acá todos tenemos familias, hijos”.
Los 7 compañeros y socios de la Cooperativa se conocen desde hace muchos años. Elías hace 22 años atrás entró a trabajar en la fábrica, y lo recuerda con nostalgia y orgullo, por que vivió lo que fue, lo que tuvieron que pasar y lo que viven hoy por hoy. “Prácticamente esto es una familia, muchos años juntos acá adentro, por eso cuando me dijeron los puntos sobre lo cual se basa una cooperativa que es principalmente compañerismo y solidaridad, eso ya lo teníamos por trabajar tantos años juntos”.
Cuando Elías se dio cuenta que la fábrica no podía remontar su situación económica, él comenzó a informarse y gestionar la posibilidad de formar una cooperativa y continuar con su fuente de trabajo. “Se lo plantié a mis compañeros y acá estamos. Cuando uno empieza esto, hay que pensar en el capital de trabajo, si pensas sólo en llevarte plata no va a funcionar. Por eso, arrancamos y ahora pasamos de cobrar 100 pesos los viernes a 1.000 por cada compañero. Siempre estuvo en la cabeza de todos nosotros la materia prima, el capital de trabajo”.

“Acá hay que salvar esto,  hay que defender la comida de todos los días”
A mediados del 2007 “yo veía que esto no iba más, algo raro estaba pasando. Me hice delegado en el sindicato por que quería cambiar las cosas, y así empecé a trabajar. Yo pensaba: acá hay que salvar esto, hay que defender la comida de todos los días”.
Elías cuenta lo difícil que fue la relación con los patrones al principio con todos los cambios que estaban surgiendo. “En un momento me llama el patrón y me dice que iba a vender un balancín y que le iba a dar 1.500 pesos a cada compañero. Después de eso yo bajé a decírselo a mis compañeros y todos aceptaron felices. A los días me vuelve a llamar y me dice que no lo va a pagar porque le habían dado un cheque con fecha extensa, pero le daría igualmente a cada compañero, 150 pesos más a lo que cobran habitualmente. Yo bajé y se lo comenté a mis compañeros, nadie lo podía creer. Y nos pagó sólo un día esos 150 pesos de más. Después quería vender el otro balancín que por supuesto que le dijimos que no”.
Gran parte de las cooperativas que se conforman para recuperar una empresa, es llevada a cabo por los empleados de la parte productiva. Es por eso que la comercialización les resulta difícil, ya que no están acostumbrados ni capacitados para cumplir ese rol. Otro factor en contra que encontraron los cooperativistas de La Esperanza de Monte Grande fue que la parte de venta al público de la fábrica estaba clausurada. Entonces tuvieron que abrir la última puerta del fondo del enorme galpón y sacar los productos a la vereda.
No fueron comienzos fáciles, tuvieron que aprender roles y funciones hasta ese momento desconocidos. “Nosotros empezamos a llamar a los clientes –Cler tenía algo más de 400–, íbamos con el estatuto bajo el brazo, les decíamos que hacíamos un producto bueno, con dos años de garantía” contó Elías.
Los trabajadores de la Cooperativa La Esperanza de Monte Grande apostaron por no quedarse con los brazos cruzados. Sabían que tenían que luchar y defender su fuente de trabajo. Y así remontaron la empresa, lograron sacar al mercado sus productos con marca propia (LAES) y hoy, continúan creciendo en el mercado.

Fuente: Portal de Economía Popular, Social y Solidaria

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