LA CRISIS Y LOS DESPIDOS

Frente a la crisis del sector cárnico las grandes empresas frigoríficas – la mayoría de origen multinacional y las que aún quedan de capital nacional – no duraron: Para conservar sus niveles de ganancia achicaron los planteles de trabajo. Las Empresas Autogestionadas Sin Patrón del sector no ajustaron con sus socios.

 

 

 

por Santiago Díaz

Ante la crisis estructural del sector cárnico la decisión de despedir trabajadores fue rápida. Desde las gerencias de las casas centrales estadounidenses, brasileras o desde las cómodas oficinas porteñas de nuestro país, lo primero que ordenaron fue reducir personal para achicar gastos.
Esa decisión que protege la rentabilidad por sobre el trabajo y la condición humana fue la cara deshumanizada que mostraron cada uno de los directivos de las explotadoras asentadas en el país.
Así, Cargill y Friboi que después de algunos años de ganancias, anunciaron primero que recortarían personal – caso Finexcor, , – y después dejaron miles de trabajadores en la calle cerrando frigoríficos – Caso Consignaciones Rurales, Cepa,  -.
Las multinacionales fueron las que sintieron el golpe de la crisis más rápido. Esa fue la excusa que las principales firmas: decían que estabas apretadas por la orden de sus casas matrices y debían achicar costos.
Lo primero que hicieron fue imponer la Garantía Horaria, después provocaron suspensiones y para principios de Diciembre de 2009 ni los trabajadores en garantía o suspendidos, ni las órdenes de vacaciones anticipadas alcanzaban. De esa manera, primero terminaron despidiendo y luego cerraron fuentes de trabajo.
Las grandes empresas de capital nacional – como Rioplatense, Runfo, Látigo, Lafayette, Marcelarius – no se quedaron atrás y aplicaron las mismas medidas.

EL PAPEL DEL ESTADO

Ante la crisis capitalista mundial y sus coletazos en nuestros país, el Estado, protegió a los trabajadores de la industria tradicional con un subsidio a los salarios – Programa de Recuperación Productiva (Repro) que subsidiaba con 600 pesos a cada trabajador – que de hecho favoreció también al sector patronal monopólico y nacional bajando la presión del salario sobre los costos empresarios.
Como contrapartida, las patronales debían comprometerse a no producir despidos. Así fue como el Estado – de acuerdo a lo que dice el Ministerio de Trabajo – llegó a sostener 135 mil puestos laborales durante 2009, que cayeron a 82 mil a principios de 2010.

DECRETO DE CRISTINA

Los grupos de capital multinacional y los de capital nacional de la carne, no podían quedar fuera del beneficio que otorgaba el estado. Así, presionaron con sus cámaras empresarias y el paro forzoso al Gobierno. El Estado respondió favorablemente.
La presidenta Cristina Fernández firmó el Decreto 703/2010. A modo de fundamento sostuvo que: «la industria frigorífica de carne bovina se encuentra transitando una situación singular, en razón de la disminución de la faena para la comercialización en el mercado interno, la que conlleva un impacto negativo en el nivel de actividad del sector con consecuencias en el tiempo efectivo de ocupación de sus trabajadores».
A raíz de ello, la Presidenta creó «el PROGRAMA ESPECIAL DE ASISTENCIA AL EMPLEO destinado a asistir a trabajadores que prestan servicios exclusivamente en la industria frigorífica de la carne bovina para la comercialización en el mercado interno, afectado por la disminución de la faena».
El Decreto, consagró «un beneficio de ayuda económica mensual, de carácter transitorio y no remunerativo por un valor de hasta un máximo equivalente al importe de DOSCIENTAS (200) horas de salario convencional, por un plazo no superior a SEIS (6) meses».
Los socios de las Empresas Autogestionadas Sin Patrón quedaron fuera del beneficio del Decreto 703/2010, ya que no tenían, ni tienen, ni tendrán relación de dependencia. A pesar de ello, las plantas frigoríficas recuperadas no excluyeron a sus socios, ni les rebajaron el adelanto de los repartos de excedentes.

LAS RECUPERADAS SIN EXCLUSIONES

A pesar de esto es necesario recalcar que en medio de la crisis de la industria cárnica, la existencia del Programa de Trabajo Autogestionado del Ministerio de Trabajo de la Nación aportó y aporta en la contención de las empresas recuperadas, a través de la asistencia económica en el marco de la línea de Ayuda Económica Individual, por un monto de $ 600 por cada socio trabajador durante el plazo de seis meses. Esta asignación no reembolsable ayudó a que las Empresas Sociales Autogestionadas puedan sostenerse en la crisis sin excluir a ningún socio sin patrón.
Esta contención del Estado, si bien no es el aporte que necesita el sector, ayuda en la relación de fuerzas. Si a este escenario, le sumamos la firmeza ideológica de algunas recuperas como la Cooperativa Frigocarne, que logró que los socios sin patrón no solo no fueran excluidos, sino que en articulación y prestamos conseguidos de las «pymes informales» lograron mantener sin ajustar el adelanto del reparto del excedente.
He aquí como a lo largo y ancho de la nación un grupo de obreros sin patrón, se diferenciaron claramente de las empresas capitalistas. Ellos, ante la crisis estructural de la industria cárnica ni siquiera pensaron en excluir trabajadores. Desde las gerencias de la familia obrera sin patrón de la carne, a contramano de las patronales transnacionales o de gran capital concentrado argentino, lo primero que organizaron fue reducir inversión para achicar gastos, y si se ajustó fue a los impuestos del estado, quien tendría que amalgamar recursos para este sector..

A MODO DE REFLEXION

Esta última situación agudizó las contradicciones dentro de las Empresas Sociales Autogestionadas. Ante la ausencia de marco teórico, sigue el debate conceptual en el seno de las unidades productivas recuperadas. Ejemplo, los obreros sin patrón todavía no pueden descifrar si son parte de un fenómeno de una economía social que se visualiza como una economía para pobres expulsados de la economía formal del capitalismo, o si luchan para mantenerse dentro del aparato productivo venciendo el hecho de ser solo una consecuencia del proceso de desindustrialización y desocupación masiva del neoliberalismo.
En este punto hay una enorme diferencia entre lo que podemos considerar como Empresas Sociales Autogestionadas (Cooperativas de trabajo de empresas recuperadas) que se involucran, se organizan, resisten, producen y comercializan socialmente luchando para seguir produciendo sin patrón, y los microemprendimientos o microempresas territoriales que nacen como una pobre alternativa para escapar de la pobreza extrema.
De acuerdo a versiones, entrevistas y militancia en el sector de los medios de producción recuperados por los obreros que en vez de llorar lucharon, se podría definir que las Empresas sociales Autogestionadas que recuperaron su espacio productivo solo reciben una mínima expresión de la plataforma económica de contención social del Estado.
Por esto, y a modo de reflexión, se hace necesario plantear que el Estado – que a pesar que designan partidas acotadas destinadas a la compra de insumos o bienes de capital –  debe designar partidas destinadas a lograr la Expropiación Definitiva de las unidades productivas recuperadas, quien después devolverán peso a peso el capital asignado al pago de las expropiaciones. Solo así, el estado aportará en la continuidad y desarrollo del nuevo actor social, que va gestando – aún con falencias e inocencia – un nuevo sector productivo alternativo.

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