JULIANA AWADA, UNA PRIMERA DAMA VINCULADA AL TRABAJO ESCLAVO

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Sólo en la ciudad de Buenos Aires, existen al menos 155 talleres textiles clandestinos, donde los trabajadores confeccionan prendas para las marcas más caras y “prestigiosas” en condiciones de esclavitud. Entre las empresas denunciadas por la organización La Alameda se encuentran “Awada” y “Cheeky”, ambas marcas propiedad de Juliana Awada, mujer de Mauricio Macri, que en los próximos días se convertirá en la primera dama de todos los argentinos.
El oficio de costura y confección de indumentaria suele transmitirse en los sectores populares, de generación a generación, como trabajo de subsistencia. Suele ser una actividad autogestionada, que recibe una muy baja remuneración por prenda, y funciona generalmente bajo la modalidad de trabajo a domicilio en pequeños talleres familiares. Se cree que en la Argentina unas 180.000 personas, en su mayoría mujeres, ejercen el oficio de esa forma. Ellos son parte del universo de trabajadores que conocemos como Economía Popular.
Es verdad que en la última década surgieron experiencias muy exitosas de organización cooperativa de los trabajadores textiles, como así también asociaciones de trabajadores a domicilio, que mejoraron significativamente sus condiciones laborales, y que pelean día a día por la regularización y la formalización de la unidades productivas, prueba de ello es la rama textil de la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular) o la Red Textil de la CNCT (Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo), que agrupa a entidades de todo el país.
Sin embargo, la actividad textil se destaca por tener altísimos índices de trabajo esclavo, fundamentalmente de trabajadores migrantes de los países de Bolivia y Perú, donde son cooptados por redes de esclavitud laboral ofreciendo falsas condiciones de trabajo y remuneraciones que jamás son cumplidas.
Según la organización “La Alameda”, que históricamente se dedicó a investigar y denunciar este delito, sólo en Buenos Aires existen 155 talleres con trabajadores reducidos a la servidumbre. En reiteradas oportunidades, la organización presentó ante las autoridades ejecutivas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires el mapa indicando las direcciones precisas dónde se encuentran los talleres clandestinos que ejercen la explotación. Jamás se tomaron medidas al respecto.
Según Gustavo Vera, legislador porteño y referente de La Alameda “el 78% de la industria textil del país se basa en confecciones producidas en talleres inmersos en la informalidad”. Desde la organización, se denunció, en el marco de una megacausa por reducción a la servidumbre, a 106 marcas que se comercializan en el país, entre las que se encuentran: Awada, Cheeky, Adidas, Montagne, Kosiuko, Akiabara, Chocolate, Ona Saez, Douffuor, Puma, Topper, Mimo, Lacoste y Bensimon, entre muchas otras.

El camino de la esclavitud
El circuito comienza en Bolivia, donde las tasas de desocupación son altas. De allí provienen el 90% de los trabajadores esclavizados, el resto llega desde Perú, donde las redes de trata les ofrecen trabajo, vivienda y buenas remuneraciones a sus víctimas.
“Los colectivos que traen a esos trabajadores son los mismos que negocian con los tratantes de mujeres para explotación sexual, porque cargan personas sin documentos y arreglan en las fronteras el paso”, describió Ezequiel Conde, referente de la Unión de Trabajadores Costureros de la Alameda, al diario Tiempo Argentino.
Una vez en Buenos Aires, son trasladados a los talleres que se encuentran en su mayoría entre los barrios de Liniers, Flores y Floresta. Allí les retienen los documentos y les obligan a pagar los costos del pasaje, la comida y la estadía, gasto que no existían en el arreglo original que realizaron en su país.
“Cuando llegan al taller, no tienen contacto con nadie, no los dejan salir sin autorización, los asustan constantemente con la idea de que los van a deportar y las únicas radios que se escuchan son emisoras clandestinas de la comunidad boliviana que completan el círculo del aislamiento, porque insisten con la posibilidad de deportación, una medida que no forma parte de la política inmigrante de nuestro país”, asegura Conde.
Además, les pagan un valor aproximado de 20 centavos por la confección de una remera y cinco pesos por un jean, los mismos en los locales se venden a más de 500. Cumplen jornadas desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche y el dinero nunca les alcanza para pagar lo que deben. “La escena más terrible era ver cómo a una familia de cuatro personas debían arreglarse con sólo un plato de comida que le daban sus explotadores”, aseguró Adolfo, un trabajador que logró escapar de un taller clandestino.

Las denuncias contra Juliana Awada
La esposa del presidente de electo de Argentina, Juliana Awada, tiene varias denuncias por talleres clandestinos como copropietaria de la marca de ropa para niños “Cheeky” y la de indumentaria de mujer que lleva su mismo apellido “Awada”. La futura primera dama, también es dueña de la marca para adolescentes “Como quieres que te quiera”. Entre todas sus empresas, suma más 220 locales a la venta en todo el país.
En el año 2013, La Alameda logró entrar con una cámara oculta a un taller que trabaja exclusivamente para la marca Cheeky en Mataderos. Allí encontró a trece trabajadores explotados, ellos eran de origen boliviano y trabajan jornadas de 7 a 22 horas, con cama adentro, por 1800 pesos al mes.
Según denunció la organización “los costureros están encerrados y para ir a hacer un simple mandado a la calle y traspasar la puerta de hierro, deben dejar siempre sus pertenencias como garantía de que no se escaparán”. Además, “los trabajadores están hacinados en cuartos muy pequeños con cama cuchetas. Y en esas mismas camas cuchetas deben comer, ya que carecen de mesas y sillas. Los niños de varios de esos costureros también están sometidos al encierro y todos comparten un baño muy precario”.
En el año 2007, Cheeky fue denunciada penalmente por La Alameda, en esa oportunidad aseguran que habían logrado inspeccionar varios talleres con “costureros sometidos a la servidumbre”.
Lamentablemente un escandaloso fallo del ex Juez Federal Guillermo Montenegro, ministro de Seguridad de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires, y próximo embajador argentino en el Uruguay, sobreseyó a la firma que por la ley de trabajo a domicilio es solidariamente responsable de los talleres donde manda a confeccionar sus prendas.
Otros talleres de Juliana Awada ya habían sido filmados y denunciados en septiembre de 2006 y en marzo de 2010. A pesar de los testigos y las inapelables imágenes de las cámaras ocultas, también la justicia hizo la vista gorda con estas denuncias.

Fuente: Economíapopular.coop

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