¿QUÉ HAY DETRÁS DE LA VIOLENCIA?

Los últimos acontecimientos en la comunidad qom La Primavera de Formosa son el disparador para pensar en la relación entre la violencia creciente en los desalojos en el “interior” del país y la instalación del modelo de los agronegocios que hace fuerza por hegemonizar la explotación de la tierra.

Por Maitén Pauni Jones de La Tribuna de los Sin Voz

Los asesinatos cometidos por la policía provincial de Formosa el pasado martes 23 de noviembre se suman a una escalada de violencia contra campesinos y miembros de pueblos originarios que sacude a nuestro país desde hace ya un buen tiempo.

 

En una nota en Página 12, el periodista Darío Aranda – quien se especializa en temas vinculados al movimiento campesino y a los conflictos por el territorio – realiza un interesante recuento de los hechos violentos acontecidos en los últimos años.
Desde La Tribuna de los Sin Voz hemos hecho un seguimiento sostenido de alguno de ellos, como el caso del compañero diaguita Javier Chocobar, que en octubre de 2009 fue asesinado por los pistoleros de un terrateniente, en Tucumán. La lista se engrosa con Sandra Juárez, campesina asesinada el pasado 13 de marzo en Santiago del Estero. Si consideramos hechos menos recientes no podemos olvidar al joven ava-guaraní de la Loma que fue asesinado a garrotazos por la seguridad privada del ingenio San Martín de Tabacal en 2006, o la muerte del viejo cacique wichí de Tonono en manos de la policía de Salta.

La violencia toma también otras formas

 


La violencia contra las comunidades campesinas e indígenas también se manifiesta de otros modos, un ejemplo de ello es el incendio intencional sufrido por la comunidad mapuche Enrique Sepúlveda, en el paraje Buenos Aires Chico de El Maitén, Chubut.
También en Agua Amarga, en el norte santiagueño, un grupo de hombres armados irrumpieron en tierras campesinas y golpearon salvajemente a las familias del paraje. La policía actuó deteniendo a las víctimas y dejando en libertad a los agresores.
En la nota de Darío Aranda, por otra parte, se da cuenta de los resultados del relevamiento “Conflictos sobre tenencia de tierra y ambientales en la región del Chaco Argentino”, realizado por la Red Agroforestal Chaco Argentina (Redaf), que revela un total de 164 conflictos de tierras y ambientales en el último año, con casi 8 millones de hectáreas y 950 mil personas afectadas (en su mayoría indígenas y campesinos).

El modelo detrás de las agresiones

 


Y así podríamos seguir enumerando ataques, muertes, desalojos violentos, expropiaciones, etc. Lo que nos interesa ahora es entrever qué causas más generales pueden encontrarse detrás de todos estos hechos singulares; una pauta más que valiosa para el análisis es considerar que casi la totalidad de estos acontecimientos violentos se da en simultáneo con la incorporación y profundización del modelo extractivo de los agronegocios. 
Las tristes noticias que nos llegan del “interior” del país sobre conflictos por la tierra y recursos generales en general, se inscriben en el marco de la expansión de la frontera agropecuaria, vía los agronegocios y las cosechas récord para la exportación.
El profesor e investigador en Sociología Rural Diego Domínguez, afirma que “según la Comunidad de Estudios Campesinos (CEC), la violencia rural es parte de los dispositivos de que se valen los impulsores del agronegocio para controlar tierras en manos de pueblos originarios y comunidades rurales”.  Los hechos violentos que involucran a la mayoría de los conflictos por el territorio deben ser leídos, entonces, como parte de las consecuencias de la implementación de un modelo económico que se basa en la explotación y agotamiento de los bienes naturales. “No estamos frente a accidentes o excesos de las fuerzas de seguridad, sino que estamos frente a una de las condiciones necesarias para la consolidación del modelo neo-exportador en este país, el cual ha sido bautizado por los movimientos indígenas, campesinos y de pequeñas ciudades como “modelo extractivista”, sostiene Domínguez.
El modelo económico de los agronegocios, que ve en la tierra una fuente de riquezas que debe ser explotada al extremo y de cualquier modo, es antagónico al modelo campesino que concibe al territorio como un espacio de vida, donde hombres y animales conviven con al tierra, no viven de ella. Para el modelo que prefiere un campo sin campesinos, la existencia de comunidades indígenas y campesinas es un verdadero obstáculo para la expansión de los monocultivos y el enriquecimiento de un pocos puñadito de terratenientes.

 

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