¿OTRO MALÓN?

Por Manuel Eiras para La Tribuna de los Sin Voz

El 9 de octubre integrantes de los pueblos Kolla y Quechua cortaron la Ruta Nacional 9 y la Provincial 52. Fue a la altura de Purmamarca y duro cuatro días. Así se manifestaron, habitantes de las ciudades de Cochinoca, Rinconada, Santa Catalina y Yavi, en el “Día de la Diversidad Cultural”.

Me tocó estar del otro lado del corte. Estaba en Tilcara cuando miembros de los pueblos originarios cortaron las rutas 52 y 9, a la altura de Purmamarca. Los tres días que estuvo el corte yo estuve como turista en Tilcara y por lo tanto recibí los comentarios de todos los que rodean el mundo turístico de la zona. Los comentarios eran muy similares a los que nos tienen acostumbrados parte de la clase media bonaerense que defiende otros intereses que no son los de los trabajadores. La ciudad de Tilcara se ha vuelto muy turística. Se encuentra repleta de hoteles, restaurantes, bares, casas modernas, tiendas de recuerdos. Hay que alejarse del centro o irse a los pueblos cercanos para encontrar habitantes con antepasados oriundos de la zona.

La noticia estaba orientada al “caos en la ruta”. Me enteré del corte en un almacén. Dos turistas hablaban con el señor que atendía la tienda. Las preguntas tenían más que ver con la inquietud de los visitantes en cuándo se levantaría el “piquete” más que por qué se hacía: cuando le preguntaron si sabía si se podrá pasar el domingo él contestó que eso no lo sabía, “se van a quedar hasta que les den lo que están pidiendo”. Y ahí se terminó la conversación, a esos turistas no les importaba que lo que exigen es la entrega de títulos de territorios comunitarios que les vienen prometiendo hace 15 años.
No dejaban pasar a la gente que transitaba por la ruta o hacían valer sus derechos o se cansaron de hablar con personas que no contestaban o hacían un piquete. Todas estas cosas hicieron las personas que protestaban y todas estas fueron las maneras con las que escuché que se referían. Escuché otras, surgidas más desde el sentido común que desde los argumentos comprobables, opiniones poco informadas y demasiado egoístas. Como que estaban ahí porque no querían trabajar o que si tienen un problema no tienen porqué perjudicar a los que “nada tienen que ver con su problema”. De todas, me quedo con una que se opone a estas últimas y que me dijo un chico que escuchaba cómo su padre y yo hablábamos del asunto: “si no es así, caminando, de a muchos, no es”. Lo dijo haciendo referencia a lo mucho que caminaban cada uno de los manifestantes para encontrarse en donde hacían el acampe pero también reivindicando el derecho a protestar. Esa frase, corta y precisa, le bastó para explicar que si uno o unos pocos fueran los que estuvieran en desacuerdo o los que se hubieran movilizado no tendrían la resonancia que tienen. Ahí, en esas pocas palabras, en esa oración que parece salida más de un dirigente campesino que de un niño de unos diez años, estaba la respuesta a los otros comentarios que yo venía escuchando: esa es la única manera que tienen de hacerse oír. Claro, no pueden sacar solicitadas en los diarios de alta difusión, ni cuentan con acceso a los masivos programas de radio y televisión, ni tienen un trato fluido con los dirigentes y gobernantes responsables.

Una protesta histórica

Hay varios antecedentes de movilizaciones de los pueblos originarios. La principal y que todos conocemos es la del llamado Malón de la Paz, ocurrido en 1946, cuando miles de integrantes de las comunidades indígenas de las provincias del noroeste argentino marcharon hasta Buenos Aires para expresar sus demandas ante el presidente Juan Perón. El presidente los recibió pero poco cambió después de ese encuentro.
Sesenta años después se llevó a cabo otro Malón, inspirado en aquel sucedido durante el primer mandato de Perón. El 7 de agosto de 2006 realizaron lo que se llamó el Segundo Malón de la Paz. Habían pasado muchos gobiernos pero las demandas eran las mismas. Esta vez integrantes de 120 comunidades indígenas marcharon hacia Purmamarca para exigirle al gobernador de entonces, Eduardo Fellner, que cumpla con el fallo de la justicia de entregar 1,5 millón de hectáreas a los pueblos originarios. Finalmente, representantes de las comunidades originarias se reunieron con el gobernador Fellner y firmaron un acta en la que el gobierno local se comprometía a hacer entrega de 19 títulos de propiedad comunitaria antes del mes de diciembre de ese año.
Otro antecedente data del año pasado. En la Revista Mu de octubre, que recomiendo, Darío Aranda (periodista de Página 12, autor del libro Argentina originaria) retoma el diálogo entre los representantes de los pueblos originarios movilizados hasta la Plaza de Mayo y  la presidenta Cristina Fernández. Vale la pena tener presente ese artículo donde se publicó el diálogo hasta entonces inédito. En mayo de 2010, integrantes de los pueblos originarios se movilizaron masivamente no para festejar el bicentenario sino para recordar que “seguimos vivos”. Reclamando territorios que les pertenecen y reprochando los avances de los desmontes y las extracciones de petróleo y las mineras de capitales extranjeros. La Presidenta los recibió y prometió que se encargaría de crear una comisión para analizar la situación de la propiedad comunitaria argentina. 

Corte por tierras
Así llegamos a octubre de 2011. Cuando integrantes del pueblo Kolla y Quechua de Cochinoca, Rinconada, Santa Catalina y Yavi, decidieron realizar un corte de ruta a la altura de Purmamarca. Coincidiendo con el feriado nacional por el “Día de la Diversidad Cultural”. A través de un comunicado, los pueblos indígenas reprocharon el no cumplimiento de la implementación de varios programas provinciales que están destinados a regularizar la entrega de títulos comunitarios y que fueron firmados hace 15 años.
Los manifestantes, en pleno acampe, aseguraron que «en el marco de nuestros derechos consagrados en el artículo 75 inciso 17 de la Constitución Nacional, y de la lucha incansable por la restitución territorial de nuestras comunidades de los Departamentos de Santa Catalina, Yavi, Cochinoca, Rinconada, Tumbaya, Tilcara y Humahuaca, y luego de haber agotado todas las instancias de diálogo con un gobierno provincial que sólo apuesta al avasallamiento de la gran minería, es que estamos presentes en la ruta para hacer escuchar nuestra voz».
Además de la entrega de los títulos comunitarios, a través de un manifiesto, los pueblos originarios exigían “los remanentes de territorios que fueron dejados a un lado del Programa PARA TPAJ” (los programas firmados hace 15 años, que garantizaban la entrega de los títulos) y  una “Ley de eximición del  impuesto a las Comunidades que ya tienen Títulos Comunitarios”.
El fin del acampe
Cuando fui por la ruta hasta la altura de Purmamarca el corte ya no estaba. Pregunte a la gente que estaba por ahí y nadie sabía darme alguna información. Entre a Purmamarca y ahí sí encontré a un lugareño, vendedor de artesanías, que me contó que “el piquete se terminó, pero la protesta sigue”. Parece que de un lado, los gobernantes, a una semana de las elecciones, prometieron solucionar el problema de los títulos en menos de 90 días y, por el otro lado, los trabajadores, aseguraron que si en ese plazo el tema no está resuelto, convocarán a una marcha hasta Buenos Aires, ¿se viene otro malón?

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