Indoamérica: A las caídas y caídos en Indoamérica y el Caribe contra el neoliberalismo imperante

01 flor de cactus de la vieja

por Oscar Ruiz de Huidobro. -

La foto es la flor de un cactus que tiene el origen en la zona de los primeros asentamientos precolombinos. Esta flor viene de la zona de los hermanos y hermanas Quilmes de los Valles Calchaquíes Tucumanos. En esta flor reside toda una historia de resistencia en los Quilmes que jamás se entregaron a enemigo invasor. En esta coyuntura se reedita esta foto de la flor por las guerreras y guerreros caídos en Ecuador, Chile, Bolivia y Colombia. ¿Por qué? Atrévase. Siga leyendo. Entérese de parte de la mitología de la lucha contra el invasor y el colonialismo y de la historia que arrastra esta flor guerrera.

Esta flor deviene de nuestra mitología indoamericana. Llegó a mis manos a través de mi madre. Que logró salvar el cactus de 39 allanamientos y viajo con ella a Buenos Aires. Tras otros allanamientos y de la muerte de mi vieja, Mi hija Libertad multiplicó su ADN por toda la familia. Así la fuimos pasando a otras familias de combatientes y sigue luchando. Ahora vamos a la mitología. Llevo a ustedes una síntesis pasada de boca en boca:

Los guerreros Quilmes de lengua cacan casi extinta hoy en día. Habitaban la zona oeste de los Valles Calchaquíes dentro de lo que después sería Tucumán. Ellos y ellas fueron los únicos combatientes que jamás se entregaron al invasor y colonizador del imperio español. Hoy todavía puede verse parte del territorio sagrado de sus fuertes en las alturas de los valles a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.

En una vieja ronda de mate un cacique dijo que un día, el viejo cacique preparó a los guerreros y guerreras para una emboscada a lo largo de los valles para exterminar la columna enemiga de los invasores. Única forma de proteger la vida de su pueblo. La orden no llegó y los Quilmes se quedaron en su puesto de lucha. Se acabó el agua, el chuño, el charquí y el resto de la comida. Siguieron firmes apostados esperando al enemigo. Dispuestos a cumplir la orden o morir para que otros vivan en el intento. La orden jamás llegó. Los españoles habían hecho prisionero al chasqui que traía el mandato y la forma del combate. Los guerreros y guerreras del arco iris siguieron en su puesto de combate. Nadie los movería. En su disciplina guerrera solo podía cambiarle el objetivo quien los había mandado a ese puesto de combate. Ellos y ellas, tenían que proteger a su pueblo y vencer al invasor. Algunos murieron de sed y hambre.

Ahí intervino la Pacha. En su inmensa conciencia de amor a su pueblo y de su inmensa solidaridad no podía permitir la muerte de los guerreros y guerreras. Así, decidió protegerlos. Primero les puso raíces en sus pies y los cubrió con su vientre leal que pudo alimentarlos y saciar su sed. Transformó el hondo del hueso en un hueso milenario para que estén bien plantados y protegiéndonos para siempre. Les cubrió la piel con espinas para que nadie pueda pecharlos y llevarlos por delante así no más.

La Pacha pensó que, por estar por siempre en la emboscada para detener invasores, no podrían multiplicar sus genes en prolongaciones de su sangre. La Pacha siguió pensando y razonando. Hasta que de pronto inventó esta bella flor. Con esta flor se reproducen los guerreros y guerreras Quilmes. Con esta flor los ADN se entrecruzan y los guerreros y guerreras de los Valles Calchaquíes llegaron con su amor por el otro a cubrir los Andes. Por esta bella flor, ahora también se reproducirá el amor de los caídos y caídas y hasta se recuperarán los ojos perdidos de los nuevos guerreros y guerreras del arco iris. Esta flor seguirá reproduciendo a los caídos y caídas que por amor al otro dan todo y con el instinto de clase combaten hoy en esta indoamérica morena y caribeña. Gloria terna a los caídos que volverán en flores de resistencia y combate por la libertad del hombre y la mujer del continente y el mundo.

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