HEBE DE BONAFINI: “SIEMPRE DIJE QUE MACRI ERA MI ENEMIGO”

hebeentrevista

Por Santiago Asorey y Juan Manuel Ciucci
APU: Estamos ante una nueva Marcha de la Resistencia, ¿qué significado histórico perdura y qué implica esta marcha hoy?
Hebe: La Marcha de la Resistencia tiene una historia muy fuerte, que la gente no conoce. La primera la hicimos en el año 1980, éramos setenta madres solas. Marchamos 24 horas sin parar, que son unos 140 kilómetros. Con los pies ampollados, pasamos toda la noche rodeadas por 300 policías y a oscuras. Jean Pierre Bousquet era un periodista francés que escribió el primer libro sobre las Madres, que se llama “Las locas de la Plaza de Mayo”, nos dijo: “si ustedes resisten esta noche, van presentar una gran batalla.” No se equivocó. Al otro día vino Adolfo Pérez Esquivel y cantaron el Himno en la Plaza, en los diarios sólo salió Pérez Esquivel con Graciela Fernández, de las Madres ni se habló. Al día siguiente once Madres tomamos la Catedral de Quilmes y ayunamos hasta el 24 de diciembre. Nada de eso salió en el diario.
Hemos hecho 25 Marchas de Resistencia, hasta que vino Néstor. Después la gente empezó a ver toda la gente que se juntaba, y que era un éxito. Después hicimos la Marcha de los Pañuelos, a cada marcha le agregábamos algo. También con la foto de nuestros hijos tapábamos la pirámide. Siempre tratamos de que no se pintaran los monumentos históricos, a veces algunos chicos se zafaban. Por eso con las fotos de nuestros hijos y con los pañuelos fuimos tapando la pirámide para protegerla. Porque no hay que arruinar las cosas que son nuestras. Y cuando llegó Néstor nos dimos cuenta que el enemigo no estaba más dentro de la Casa Rosada. No era necesario reclamarle nada.
A la semana de asumir Néstor, me llamó Fidel que ya había hablado con él cuando asumió y me dijo: “Hebe tenele paciencia, porque este hombre le va dar mucha felicidad al Pueblo”. Fidel ya se había dado cuenta lo que era Néstor. Así que las suspendimos hasta el 9 de diciembre del año pasado, que cuando terminó el mandato Cristina, nosotros dijimos “cómo vamos a dejar que Macri pase por la Plaza, si la Plaza es del Pueblo, no puede pasar”. Para nosotros siempre fue enemigo, porque ya lo conocíamos. Así que nos quedamos y Macri y su gente no pudo cruzar la Plaza, tuvo que pasar por la calle, eso poca gente lo sabe gente. Después hicimos una Marcha de la Resistencia en septiembre y ahora esta. Tenemos muchos motivos para reclamar, sobre todo por el trabajo, la prepotencia, la represión y todo lo que está pasando.

APU: Se cumple un año del Gobierno de Macri, ¿cómo lo analiza?
HB: Creo que lo analicé antes, porque siempre dije que Macri era enemigo y todos me dijeron de todo. Para mí son como la dictadura. Porque estos tipos son los mismos que apoyaron a la dictadura con plata, con empresas. Son los mismos, sólo que este hizo más rápido las cosas. No han hecho desaparecer gente, pero una forma de hacer desaparecer a las personas es que no tengan trabajo, ni comida para sus hijos. No cuentan para el sistema, no existen.

APU: ¿Cómo ve los reclamos sociales que se están dando?
HB: Algunos están bien, pero lo que está haciendo Pérsico (Emilio) es una porquería que no se puede creer. Me da lástima la gente que junta para eso, para negociar con estos tipos. Parece que ha negociado mucho dinero y que van a armar una economía propia, que eso es muy delicado, para bajarle los ánimos a la gente. Para que la gente no salga a la calle y no reclame trabajo.
Para mi cumpleaños pedí que no me regalen nada, que juntáramos cosas, pero de buena calidad, y llenamos un camión con comida. Nos trajeron muchísimas cosas, para mí fue una sorpresa. Armamos pequeñas bolsas, y que la gente la pague lo que puede, 10, 20 o 30 pesos. Pero un aceite, un kilo de azúcar, un kilo de arroz y una leche en polvo vale el triple. Pero la gente es digna, compra con lo que puede, con su trabajo, con su esfuerzo.

APU: La semana pasada ha denunciado amenazas…
HB: Siempre, eso es continuo. No fueron más a mi casa pero sí por teléfono, tienen mucha impunidad. Todas tienen mucha impunidad, fíjate las cosas que pasan que nunca se aclaran. Te agarran a balazos en un lugar y nadie sabe nada. Yo por eso no hago la denuncia a la policía. La hago pública. Pero a esta altura no de todas las llamadas y amenazas… Ahora me rompen los celulares, mandan un sonido cuando estoy hablando para quemar el celular. Por eso me compro celulares baratos.

APU: ¿Cómo la ve a Cristina para lo que viene?
HB: La veo muy bien, no sé si va aceptar. Yo digo que ahora ella no manda más sino el Pueblo que la eligió a ella. Todos decimos Cristina conducción. Qué va a hacer ella, no sé. Ahora viaja a Brasil, tiene una entrevista con Lula, con Dilma, en un encuentro latinoamericano muy importante . Ella va a ser siempre una gran militante.

APU: ¿Cómo analiza sus últimos actos públicos?
HB: Hermosos los actos, va cualquier cantidad de gente. Yo digo que ellos podrán tener soja, vacas, dólares, mansiones. Lo que no tienen es esa cantidad de gente, esas plazas. La gente en Lanús estuvo cuatro horas al rayo del sol, porque adentro no entraba más. Había 6.000 personas creo, la gente una arriba de la otra. Y ella siempre con la misma fuerza, con las mismas ganas.

APU ¿Cómo ve la idea de un frente, que ella impulsa?
HB: No sé cómo será eso. Lo que pasa es que al frente hay que pasarle un colador, uno chiquito. Sino siempre nos pasa lo mismo, después nos traicionan. Todo depende con quién.

APU: ¿Qué recuerdos tiene del encuentro con el Papa?
HB: Muy buenos, porque nunca esperé que me atendiera tanto tiempo. Con decirles que fui 45 minutos antes, porque no sabía qué iba a pasar, cuándo me iba a recibir. Y él dijo “si está ella, ya la atiendo”, porque es así. Y cuando me dijo así, pensé “será que me va a atender poquito”. Y no, estaba sentada en un lugar y se me apareció, y nada, estaríamos hablando todavía. Me escuchó, muy bien, me dijo que le contara a la prensa todo lo que le había dicho. Que yo lo contaba bien, y que la prensa no estaba acostumbrada a esas cosas. Y la verdad que pasó así, porque siete periodistas internacionales me felicitaron después, me mandaron una carta. Y es muy chistoso él, a mí me gusta hacer bromas, y él sabía que le había devuelto un rosario al otro Papa, y me dice “te voy a regalar un rosario, este no lo vas a tirar”. Le dije “No, este no” (risas). La gente le lleva bolsas de rosarios para bendecir, cuando salíamos, lo agarran ahí al Papa, ¿viste? Y le digo “yo compré también unos pequeños rosarios para unas Madres que son católicas, y no te los traje para que los bendigas”. “No”, dice, “a la distancia sirve igual”. Imáginate que el tipo es piola, piolísimo. Me acompañó hasta la puerta, cosa que nunca había hecho, tuvo cosas de mucho cariño, de mucho afecto.

APU: Ustedes han tenido una relación bastante dura con la Iglesia Católica…
HB: No, sí, estábamos repeleados, por cosas que habían pasado en la Catedral. Antes de empezar le dije que le quería pedir disculpas, que en algunas cosas me había equivocado y en otras no. Y le conté quién empezó la pelea: no fueron las Madres, la empezaron los curas. No le hablé de él, pero le dije en general. Le dije “nosotras no somos una locas que nos fuimos a pelear con la Iglesia, le pedíamos a la Iglesia que hiciera misas por desaparecidos, y ellos nos querían hacer misa por muertos. ¿Quién empezó, ustedes o nosotros? Ustedes empezaron”. Porque si no parece que somos una banda de locas, viste. Después le hablé mucho de mis hijos, de mis hijos todos. De la entrega que han tenido, del ejemplo que fueron, son y serán siempre. De cómo había que reivindicarlos, y de tanto cura del tercer mundo que la peleó con ellos.

Resistir hoy
APU: ¿Cómo analiza nuestra actualidad, en el contexto de un continente que sufre una fuerte avanzada conservadora?
HB: Creo que acá nos equivocamos en no haber cambiado la Constitución, porque si Maduro dura es porque la cambió, y Evo también, son los dos que están peleándola. Creo que lo que nosotros tenemos es una gran militancia, que no la tienen otros países. La gran militancia de la juventud no la tiene Correa, no la tuvo Dilma, no la tiene Evo. Nosotros tenemos una gran militancia de juventud, yo que ando dando charlas por todos lados, veo que es impresionante. Anoche a La Matanza llegué tarde, había cortes de quienes siguen pidiendo comida como recién decía, y la gente me esperó como dos horas. Eso para mí es muy emocionante, y es lo que te da esperanzas y expectativas de que hay que seguir la pelea. Porque yo ya pasé por todo, imagínate ya cumplí 88, me faltan dos para los 90. ¿Mirá si viví cosas? Y siempre luchando y peleando, luchando y peleando….

APU: Habiendo vivido tantas paradas difíciles, y cuando muchos compañeros se han desanimado este año, ¿qué mensaje se le puede dar a la militancia?
HB: El mensaje que le quiero dar a los jóvenes primero es que nada es chico, nada es pequeño. Porque a veces cuando se juntan dicen “uy, somos poquitos”. Si yo hubiera pensado que éramos poquitas, tan poquitas que éramos al principio, no estaríamos acá. Y después, que no hay que tomar la política como lo que me sobra de tiempo. Mis hijos me enseñaron que la política es la mejor forma de vivir, me enseñaron que hacer política tiene que ver con la lealtad y con la solidaridad. Me enseñaron la entrega. Y creo que eso es lo que nos faltó, nos faltó solidaridad y lealtad, porque eso también se enseña. Y sin embargo los pibes están súper convocados a trabajar y hacer, y eso hay que mantenerlo, sostenerlo, defenderlo, pero con trabajo. Y explicándoles que la política no es una manera de llegar a tener un puesto político. El cargo político te lo dan los compañeros si servís, y te eligen. No que vos te elijas para tener un cargo. La política no es el camino para tener un cargo ni político ni de nada, ni un trabajo. La política es como una parte de la vida, como el amor, una pareja. La política es eso, una manera de enamorarse de algo que es parte de nuestras vidas, y que hace que nos podamos defender, y nos hace sentir mejores personas. El que hace política como hicieron los nuestros… eran tan felices, tan entregados. No es que no sabían lo que les iba a pasar; pará, sí que lo sabían. Y sin embargo lo hicieron con una generosidad, increíble. Todavía este país, este Pueblo, les debe eh, les debe un montón. No para ponerles el nombre de cada uno, porque todos fueron héroes anónimos. Algunos, por distintas circunstancias son más conocidos.
No había querido ir a Monte Chingolo hasta hace poquito, porque en ese lugar murieron un montón de gente y pibes entregados a una lucha donde fueron masacrados por la traición. Esas cosas hay que reivindicarlas, enseñárselas a los pibes como parte de la historia. Que ningún revolucionario es terrorista, hay que meterle esa idea en la cabeza. Porque acá se habló tanto de terrorismo, y porque eran terroristas estaba justificado que los maten, los torturen. Fue una justificación eso, para que todo el Pueblo dijera “bueno, si son terroristas, que los maten, y si hay que torturarlos, que los torturen”. Hasta que el Pueblo se dio cuenta que eso era una mentira, las Madres tuvimos que sufrir muchísimos ataques. Nosotros nos separamos de Abuelas por eso, porque Estela dijo que los únicos inocentes eran los niños. Y yo dije “con ese criterio, no quiero ir ni al baño con esta mujer”. Lo que hago es enseñarle a mis hijos, a los otros, a los compañeros quienes eran los nuestros. Todo mi esfuerzo lo pongo ahí.

APU: Antes hablábamos de la Marcha de la resistencia, parece que son momentos para eso, ¿cómo piensa la resistencia, qué significa resistir?
HB: Y eso: estar 40 años en la Plaza sin faltar un jueves, y estamos en la número 28 De la resistencia… Hacer todos los días algo, responder a lo que va pasando. Caracterizar al enemigo y después no negociar con él, así te quedes en pelotas. Porque si no, con la cosa de que no me falte, no…

Socializar la maternidad
APU: Ha reaparecido hace poco la película Todo es ausencia, de Rodolfo Kuhn. ¿Qué recuerdos tiene de ella?
HB: Es una película que primero tenía otro sentido, el guión era de Osvaldo Bayer, y era para hacerla de las Madres, pero no había plata. Como la familia Bettini tenía plata, fue la protagonista. Una familia rica de La Plata, que ni soñaron con el hijo que tuvieron, que se hizo revolucionario, y entonces tuvieron más participación que nosotras. Es una buena película, solo que lo que hicimos las Madres, la mitad no salió, por esta cuestión de que primó el que tenía dinero para poner, nosotras no teníamos nada.

APU: Es muy impresionante verte tan joven, y diciendo que tus hijos te habían parido, ya muy al principio habían elaborado esta concepción…
HB: Porque es verdad, fijate: ellos desaparecen y nacemos nosotras. No estamos antes de ellos, ellos estaban antes que nosotras. Mis hijos me decían “mamá, leé de política”, “no guardes más los platos al mediodía, si a la noche los tenés que sacar de nuevo”. Y tenían razón, “tirá los patines de piso a la mierda”, todo así. Cuando venían chicos a comer, yo enseguida me levantaba y les preparaba más comida: “no mamá, nosotros traemos a los compañeros pero no hagas más comida, se comparte la que hay, si alcanza, alcanza, y si no mala suerte”. Desde ese momento nunca me dejaron levantar ni para hacer un huevo frito. Y esas son enseñanzas muy fuertes…
Siempre recuerdo el día que vino mi hijo mayor y me dijo “mamá hay que cambiar a un chico de lugar, no tiene casa, se quedó sin nada, anoche le entraron, ¿qué tenés para darle?”. Le dije “en el cuarto del fondo tengo lavada y planchada ropa”, y me contestó “no mamá, eso hacen los ricos, dar lo que te sobra; dame todo lo que tenés en la cama, que no tiene nada”. Y se llevó hasta el colchón, mi marido me dijo “¿dejás que se lleve el colchón?”. Y qué voy a hacer, “si me planchó con lo que dijo, tenía razón” le dije a mi marido. Me dio una señal de cuál es la solidaridad… (se emociona)

APU: Ya no hablabas de tus hijos, sino de todos….
HB: ¿Porque sabés lo que pasa? A mi casa venían muchos pibes, siempre. Cuando había pibes guardados les daba la comida, la ropa. Mis hijos me lo pedían y yo lo hacía. Y vi que era muy injusto que se hablara de los pibes que las madres habíamos tenido más coraje para salir, y había muchos que los familiares no los reconocían, no querían pedir o tenían vergüenza que sus hijos fueran revolucionarios. Entonces decía ¿cómo puede ser que los nuestros estén y haya quien los pide, y por ellos no? Y decidimos socializar la maternidad, y hacer los pedidos por todos. De 100, 150, 200, y los jueces no querían. “¿Saben en lo que se meten ustedes?”, decían. “No le importa a usted, tiene que reclamar por ellos”, les decíamos. Además, había que desparramarlos por distintos juzgados, porque uno era de San Martín, otro de La Plata, de cualquier lado. Transformamos cosas que ellos no querían transformar.
Recuerdo que uno de los tantos que venía a casa era muy amigo de mi hijo Raúl, hicieron una investigación en los Esteros del Iberá. Y su papá era policía, entonces su familia no lo reclamaba. Y entonces yo decía “¿cómo, si él hizo lo mismo que mi hijo, quién lo va a reclamar?”. O me enteré también por ser amigo de mi hijo mayor, de una familia judía a la que le llevaron al único hijo que tenían, deciden irse a Israel, el padre se muere en el viaje en barco y la madre llega y muere dos meses después. ¿Quién iba a pedir por ese chico?, si era tan valiente como ellos… (se emociona) Muchas cosas… Esas madres estúpidas de clase alta, “yo no sé para qué se metió en eso si no le faltaba nada”. Eso es no entender lo que los chicos querían, y todas esas cosas me hicieron… Me costó mucho también hacerlo entender a otras madres. No era fácil socializar la maternidad, decirle “no pidas más por tu hijo, no lo nombres en los actos”. Que nadie sepa quiénes son nuestros hijos, no importa cómo se llamen, porque lo importante es qué querían, y dónde querían llegar.

Fuente: Agencia Paco Urondo

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