[Eusk/Cast] Movimiento feminista postmoderno

1 mujer roja 2

por Nahia Santander
Tengo la sensación de que en los espacios feministas postmodernos adquiere especial fuerza el modelo político pequeño -burgués
El pasado lunes escribía en Gedar Manex Gurrutxaga bajo el título “Heziguneak; performanceen erakusleiho ala klase borrokarako gudu-zelai?” (I), en el que justamente exponía lo que semanas más tarde iba a ser el tema de mi artículo: el modelo político y organizativo de la clase media, frente a lo que debería ser la cultura militante socialista. Considero que a pesar de que pueda parecer redundante, es de vital importancia atender a las especifidades de cada campo de lucha concreto: esto es, la educación, y en lo que a mí respecta, la problemática de género. De este modo, en las próximas líneas querría analizar las características que presenta el movimiento feminista como movimiento político, para poder seguidamente relatar las implicaciones de las mismas.
Y es que, sospecho que actualmente el autodenominado mugimendu feminista (etiqueta de la cual tratan de expulsar sistemáticamente a las mujeres proletarias que abogan por una forma organizativa independiente y de clase) es una de las palancas principales de que dispone la clase media para mantener su status quo. Así las cosas, tengo la sensación de que en los espacios feministas postmodernos adquiere especial fuerza el modelo político pequeño -burgués, que responde como bien afirmaba Kolitza1 a la estrategia de crear mera opinión para ser luego instrumentalizada por los partidos burocráticos de la burguesía y su bloque de apoyo.
En cualquier caso, en esta ocasión vengo con una enfoque sobre el tema más de andar por casa, no por ello menos importante: me gustaría partir de las impresiones y reflexiones generadas por el modelo de militancia del feminismo hegemónico en aquellas que hemos sido integrantes del mismo en mayor o menor grado, o en las que no hemos podido serlo nunca por el mero hecho de habernos declarado comunistas. Se tratan, por tanto, de reflexiones de base, de la calle, que en mi humilde opinión son muestra de la necesidad latente de desarrollar un modelo de lucha nuevo que haga frente a las formas de opresión que sufrimos las proletarias por haber sido socializadas como mujeres.
Primero de todo, cabe destacar la idiosincrasia de las integrantes del feminismo postmoderno, en mi opinión muy condicionada por las reivindicaciones del mismo. Dentro de éste distingo cuatro sectores principales, con especifidades sociológicas concretas (edad, perfil político, reivindicaciones…): por un lado, podemos observar como parte del movimiento feminista a mujeres adultas participantes del ciclo político anterior de la Izquierda Abertzale, aquellas que dado el carácter masculino del movimiento fueron silenciadas dentro de la propia lucha, o las que hoy en día han desistido de la militancia revolucionaria y que encuentran en el feminismo una puerta de escape para poder compaginarla con sus quehaceres diarios: trabajo asalariado, maternidad… Dentro de este sector, se hace visible un grupúsculo oculto entre las instituciones, a saber, todo el funcionariado que se sirve del entramado institucional burgués para llenar de contenido el movimiento feminista: a través de investigaciones académicas (Emagin, becarias de la universidad, grupos de investigación…) o impulsando medidas políticas legitimadoras de un programa político de clase media y reformista (cuotas de igualdad en los ayuntamientos, protocolos institucionales…). Se tratan, pues, de las mujeres de la clase media vasca, mimadas, o mejor dicho, sobornadas por la burguesía mediante el moribundo Estado de Bienestar.
Por otro lado, poco a poco se está haciendo más hueco un sector que pretende ser el reflejo de la cada vez más reivindicada diversidad: me refiero a mujeres migradas, alguna que otra prostituta, bolleras, mujeres con diversidad funcional… Muchas de ellas, son utilizadas como portavoces del colectivo oprimido del que forman parte, que consta de condiciones sociales concretas en muchos casos harto diferentes de sus representantes: un claro ejemplo de ello son las prostitutas que tal vez hayan tenido opción de elegir un trabajo y hayan decidido dedicarse a la prostitución, pero que resultan ser una minoría con respecto a las miles de mujeres en EH, mujeres que han sido silenciadas, ninguneadas y en muchos casos extorsionadas para prostituirse.
Finalmente, podemos identificar el sector juvenil, capitalizado por la organización juvenil Ernai y por sus grupos de apoyo locales o nacionales (por ejemplo, la dinámica Neska Gazteon Topaketak). Normalmente, abarcan un sector amplio y diverso, la mayoría no politizado al que llegan por medio de lo que podrían considerarse preocupaciones estándares en las mujeres jóvenes vascas: la objetualización del cuerpo, la sexualidad, los cánones estéticos, la violencia machista…
Por otro lado, otra de las características principales del movimiento feminista postmoderno de Euskal Herria es su modelo de militancia: un modelo de militancia antagónico al compromiso del ciclo político anterior, y que en mi opinión se corresponde con las necesidades actuales del capital. Se trata, por tanto, de una militancia líquida y voluntarista, basada en el bienestar personal y en el consumo propio, que tiene como objetivo en muchos casos ser un mero espacio de compartir impresiones, preocupaciones y experiencias personales, que tal vez haya resultado indispensable (sobre todo para identificar la naturaleza estructural de la opresión) pero que por sí sólo no hace sino asemejarse a una terapia grupal. Es, así, una militancia que en lugar de educar a sus integrantes en el compromiso colectivo, trata de agilizar todo trabajo político que pueda ser identificado como una carga. Al mismo tiempo, busca ser compatible con el resto de los aspectos de la forma de vida capitalista: el trabajo asalariado, las distintas instancias de socialización burguesas… Por eso, lejos de ser una militancia integral, que aspira a abarcar todos los ámbitos de nuestra vida y a subvertir el régimen social imperante, se convierte en una institución más que regula nuestra reproducción social: que nos socializa para que interioricemos una serie de preocupaciones, para que neguemos la voluntad colectiva…
Además, es un modelo de militancia que naturaliza y perpetúa la atomización política de la clase obrera: crea a la mujer militante meramente como feminista, esto es, impone que el hecho de ser mujer tiene su correlato en que militemos en el feminismo. Así, el feminismo se ha convertido ya en el primer paso de la educación militante de muchas de nosotras, y cada vez en más casos no deja de ser nunca el ámbito en el que nos tenemos que dedicar. El contrapunto de esto, es que en vez de empoderarnos en cuanto mujeres y militantes integrales, en lugar de que el feminismo sea la palanca que nos impulse a darlo todo y a ser seguras de nosotras mismas en el resto de espacios, se produce el efecto contrario: el feminismo postmoderno, sirve muchas veces para acomodarnos en este espacio político, para no tener muchas preocupaciones sociales más que las que aparecen en la agenda feminista hegemónica (la sexualidad, el cuerpo…).
Unido a lo expuesto en el párrafo anterior, cabe subrayar que el hecho de las mujeres seamos socializadas en nuestra militancia para que el feminismo sea nuestro principal espacio de actuación, tiene como consecuencia que los hombres lo identifiquen como lo contrario: los hombres aprenden también a que lo relativo a feminismo no tiene nada que ver con ellos, a que siempre habrá compañeras que hagan protocolos para fiestas, que pongan pancartas en contra de las agresiones, que organicen la huelga del 8 de marzo… En definitiva, se crea una división del trabajo político en base al género, que no hace sino dividir y por tanto, debilitar políticamente a la clase obrera.
Finalmente, en lo que respecta al modelo de movilización, podemos identificar claramente en el movimiento feminista lo que se ha calificado como modelo activista de carácter protesta-denuncia. Esta forma de hacer política, enraizada en la cultura militante y en el imaginario político, resulta problemática cuando el movimiento político, entra en una vorágine absorbente en la que la práctica política se limita a la denuncia. El verdadero problema, es, por tanto, la escisión entre la construcción de fuerzas políticas en expansión y lo que se convierte en mero momento de protesta: en lugar de que el segundo potencie el primero, quedarse en una simple estrategia comunicativa.
Se tratan, pues, de acciones políticas cuyo objetivo principal es crear conmoción en su consumidor: cuanto más vistosas, más originales, más sentimiento creen, mejor. Es la política del espectáculo en su más clara representación (y nunca mejor dicho). Ejemplo de esto son muchas acciones del movimiento feminista postmoderno: tengo en mente las campañas realizadas en contra de la justicia patriarcal (Justizia patriarkalari ateak itxi), basada mayormente en catearse frente a puertas de juzgados, echarse pintura roja por el cuerpo… O las manifestaciones organizadas, en las cuales se dedica más tiempo a pensar la puesta en escena (batukadas, buruberokis, atrezzo…) que en cómo conseguir lo que se está reivindicando. Sobra decir, que todo el discurso creado por los grupos feministas (locales o nacionales) termina siendo capitalizado por los partidos políticos de la clase media, en nuestro caso, por las diferentes organizaciones de la Izquierda Abertzale.
Creo fervientemente que estamos presenciando una época de cambio político en Euskal Herria, y muestra de ello son las reflexiones presentes en cada vez más espacios. Denotan, en mi opinión, que cada vez somos más mujeres las decepcionadas con el feminismo postmoderno, pero que necesitamos desarrollar otra manera de hacer. Así las cosas, me gustaría ofrecer unas claves para poder empezar a reflexionar sobre la respuesta socialista a la problemática de género.
Primeramente, me atrevería afirmar que lo hoy considerado sujeto feminista no es más que una parte del todo: frente a esto, el movimiento socialista en expansión debe aspirar a la universalidad, a llegar a todas los sectores olvidados de la clase obrera: a las prostitutas de San Francisco, a las que limpian el culo de los padres y madres de la clase media… El programa político a construir, debe basarse en las necesidades materiales del sujeto feminista, definido como las mujeres de la clase obrera: más allá de las preocupaciones estándar impuestas por el sistema capitalista (nuestra apariencia física, etc.) atender a lo obviado por la socialdemocracia: el problema de la vivienda, hacer efectivo el divorcio del marido maltratador… Para ello, considero imprescindible superar el lastre del modelo activista anterior, y plantear una forma de organización que consiga las reivindicaciones reales y concretas: frente al alquiler social, ocupaciones colectivas, frente a las denuncia del marido en el sistema judicial capitalista, solidaridad organizada con la maltratada y presión colectiva frente al maltratador…
En este proceso, es indispensable educar a los integrantes de las formas organizativas del movimiento socialista en el compromiso político, el interés colectivo y la unidad de clase. En lo respectivo a la problemática de género, ensayar modelos de organización que superen el imperativo político de género: que se implique tanto el compañero como la compañera, y que la militante mujer sea integrante de igual manera en el resto de espacios. Es de vital importancia, la forma organizativa que adoptemos, ya que no debe ser la más asumible o compatible con nuestro estilo de vida, sino eficaz frente al poder burgués: debe ser capaz de poner en marcha procesos de lucha concretos, realizables, que su victoria permita ganar al proletariado cuotas de poder frente al opresor, esto es, más capacidad organizativa y de combate.
Tenemos mucho camino que recorrer, que estudiar y que ensayar, empezando por hacer un balance autocrítico del movimiento político anterior, poniendo especial atención en el movimiento feminista. Pero aún así, como nosotras las únicas que podemos y debemos liberarnos: las marginadas, las olvidadas, las cansadas de un feminismo postmoderno que no nos representa.
Fuente: Lahaine

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>