EL PROBLEMA DE LA TIERRA EN PARAGUAY

Por Augusto Ferreira

En toda la historia de este país la tierra ha constituido fuente de vida, progreso y supervivencia para sus habitantes, pero así también ha sido objeto e instrumento que ha posibilitado una sistemática violación a los derechos humanos, la destrucción del medio ambiente y la concentración de riqueza y poder en pocas manos.

 

 

 

 

Llegada de los españoles
El problema de la tierra en nuestro país comenzó con la llegada de los españoles. Ellos a través del régimen de encomiendas se auto-asignan enormes extensiones de tierras y las explotan esclavizando a los indígenas.
Este modelo de sometimiento y explotación deja de implementarse a partir de 1811, y pese a todas las contradicciones de los gobiernos provisionales, los de Francia y los López, se inicia un proceso de independencia en todos los campos: político, económico, social y hasta cultural. El Dr. Francia ordena la nacionalización de la mayor parte de las tierras del Paraguay, incluyendo las grandiosas extensiones que estaban en posesión de la Iglesia Católica. Este proceso de independencia se corta en 1870 y comienza una nueva forma de dependencia. Luego de la guerra, la primera ley nacional de este orden dicta la venta de millones de hectáreas, propiedad del estado, para cubrir los gastos de la guerra. De 1870 a 1900, en 30 años, el capital extranjero, a precio de oferta, toma una gran parte del territorio nacional y comienza un proceso de concentración de riquezas relacionado directamente con la tierra. Carlos Casado adquiere más de 5 millones de hectáreas, la Industrial Paraguaya más de 2 millones de hectáreas, Barthe más de 800 mil hectáreas, etc.

Bernardino Caballero ¿Raíces políticas casuales?
Más adelante, el gobierno de Bernardino Caballero da otro duro golpe dictando una ley a la cual se la denomina «Ley de Venta de Tierras Públicas» y vende las mejores tierras del país, esta vez a precios tirados, irrisorios, en muchos casos en concesión de favores políticos, como la adjudicación gratuita que se hace a la Industrial Paraguaya, en la cual Bernardino Caballero aparece como uno de los accionistas principales. Luego, como si fuera poco, la segunda «Ley de Venta de Tierras Públicas» establece que los poseedores de tierras debían presentar los títulos de propiedad en un plazo determinado, de lo contrario las tierras pasaban a la venta. Debido a que, en general, las propiedades del campesinado no estaban tituladas, ya que durante los gobiernos de Francia y de los López habían sido dadas en usufructo (con la única condición de ser trabajadas), millones de campesinos, de la noche a la mañana, amanecen en latifundios privados, pasando a la categoría de «campesinos sin tierra» en situación de ocupación ilegal en sus propios hogares.
En aquel tiempo se gestan frentes de resistencias campesinas en base a reclamos legítimos y de supervivencia que fuerzan al gobierno a tratar de remediar la situación. Es así que en 1904 se dicta una ley que crea un departamento de tierras pero dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores.

¿Por qué administrar las tierras nacionales desde el Ministerio de Relaciones Exteriores?

Porque aún cuándo se trataba de remediar el problema de los campesinos sin tierra, se daba por asumido que era prioridad que las tierras nacionales estuvieran a disposición del capital extranjero. Desde aquel entonces se apostó fuertemente a atraer inversores extranjeros para la explotación de la tierra y no al desarrollo auto-sostenido de la producción agro-ganadera nacional con mano de obra campesina. Esto tiene mucho sentido desde el punto de vista de la corrupción imperante en los sistemas de venta y concesión de tierras al capital extranjero, ventaja que la clase política no encontraba apostando a la promoción, asistencia y tecnificación del campesinado.

Primera Ley de Reforma Agraria
Recién en 1936, con el gobierno del Cnel. Rafael Franco, se dicta la primera ley de reforma agraria, la cual permanece hasta hoy día. Esta ley establece como principio central: «la tierra es de quien la trabaja», principio que choca contra los intereses de los grandes latifundistas de ese entonces. Lamentablemente este gobierno dura muy poco, y una de las razones de esa corta duración es la injerencia política de Carlos Casado, que no hacía política partidaria directamente pero tenía gran poder ($) para incidir en el aparato estatal a través de sus redes.
En 1940, bajo el gobierno del Mcal. Estigarribia, la reforma agraria recibe una pequeña oxigenación, pero llegado al gobierno de Alfredo Stroessner el estatuto agrario ya ha sido vapuleado en varios aspectos.
Sin embargo, hacia 1963 el estado paraguayo recupera gran cantidad de tierras que habían sido entregadas pero nunca pagadas, como era el caso de las tierras de Barthe. En aquel entonces, en base a esos recursos de tierras, se pudo haber realizado una reforma agraria interesante, pero solo una ínfima parte fue entregada a los campesinos, gran parte de ellas fueron regaladas a personeros amigos, políticos, militares, gente ligada con el poder de la dictadura, que es lo que hoy conocemos como «tierras malhabidas».

7.000.000 de hectáreas malhabidas

Mediante una investigación de la Comisión de Verdad y Justicia sabemos, documentadamente, que existen en nuestro país más de 7 millones de hectáreas adjudicadas ilegalmente, que son aquellas que están siendo reclamadas por los más de 250.000 campesinos sin tierra que habitan hoy la República del Paraguay.
Dando un gran salto al presente, con pequeños avances y grandes retrocesos, la dialéctica, establecida por la lucha campesina por la tierra y la hegemonía de una minoría cada vez más poderosa, presenta hoy un paisaje, pintado por los medios masivos, que a los ojos del ciudadano común es fácil de retratarla en forma de fábula, haciendo dudosa la realidad y transformado las mentiras más grotescas en la pura verdad.
En estos momentos, el problema de la tierra en Paraguay es más complicado que nunca, y seguramente un pantallazo histórico general no da cuenta de la magnitud del conflicto, pero a través de la proyección, que de él deviene, aumentan las probabilidades de emplazarnos en el bando correcto. Y si esto no fuera suficiente, sugiero ahondar en la sensibilidad de uno.

Fuente: Rebelión

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