EL PRESIDENTE Y EL USO DE LA VIOLENCIA PARA HACER POLÍTICA

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La crisis económica que el gobierno no logra manejar fue desplazada de la agenda mediática por dos asesinatos que pusieron en marcha los discursos de la mano dura. La agenda de la inseguridad quiere reemplazar a la inflación y al desempleo. Para eso, los asesinos son presentados como víctimas y los asesinados percibidos como una amenaza que no podía resolverse sin el uso de la violencia extrema.
En los últimos días de agosto los medios de comunicación titularon: “Un médico asesinó a un delincuente”. El cirujano, que se llama Lino Villar Cataldo, quedó en libertad tres días después de asesinar a Ricardo Krable, por decisión del juez Lucas Oyhanarte. Krable había intentado robarle el auto y Villar Cataldo respondió con cuatro balazos de una pistola nueve milímetros.
Quince días después Brian González fue asesinado en Zarate. Lo mató Daniel Oyarzún, un carnicero de esa localidad, cuando lo persiguió y lo atropelló con su auto. Minutos antes Oyarzún había sido robado por González y otro joven en su comercio. Dos días después la jueza Graciela Cione decidió otorgarle la “excarcelación extraordinaria”.

Los funcionarios, el presidente y la demagogia
Sin darle mayor importancia a la división de poderes, Mauricio Macri declaró un día después del asesinato que el carnicero tenía que “estar con su familia, tranquilo y tratando de reflexionar”. La jueza Cione, que se vio en la necesidad de aclarar que sus decisiones no eran afectadas por la opinión pública del presidente, decidió darle la libertad a Oyarzún.
En la misma dirección la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, había declarado ante el asesinato de Krable: “No queremos que las víctimas se transformen en victimarios; no hay que perder de vista que la víctima fue el médico, que es la persona que fue robada y atacada. No nos confundamos”.
Unos días después su pedido fue apoyado por la gobernadora María Eugenia Vidal: “Pienso que nadie quisiera estar en una situación así, es terrible. Fue víctima de un delito, no salió a cometer uno. Estaba en su casa y lo asaltaron, y dio la respuesta que pudo dar porque se sintió en riesgo”.

¿Qué piensa Macri?
Las declaraciones de tres funcionarios de primera línea del macrismo se sustentan en números. No en aquellos que podrían servir para definir una política de Seguridad -aumento de delitos, de detenciones arbitrarias, de situaciones de violencia, etc.- pero en números al fin.
Las estadísticas difundidas por el estudio de opinión pública Raúl Aragón y Asociados dice que el 78,6% de las personas encuestadas en la Capital Federal considera que ejercer violencia letal contra un delincuente es “legítima defensa”. Pero el mismo estudio afirma que el 43,8% de los encuestados no sabe cuál es la postura del gobierno en materia de Seguridad: garantismo o mano dura.
De modo que podemos ver en las declaraciones de Bullrich, Vidal y Macri un intento de despejar la incógnita: ¿Qué piensa este gobierno? Este gobierno piensa igual que los medios hegemónicos y que el 78,6% de los encuestados.

Identidades
Figuras televisivas como Baby Etchecopar, Alejandro Fantino y Eduardo Feinmann desarchivaron el latiguillo más extremo de la mano dura, ellos dicen “uno menos”. Medios como Infobae, Clarín y La Nación generan, al instante, una sentencia sobre los hechos y dicen: “Un médico mató a un delincuente” y establecen así dos identidades que merecen ser analizadas.
Ser médico. No “haber estudiado medicina”, no “trabajar de médico”, sino modificar la esencia Villar Cataldo: ser médico. Mientras compra en el supermercado, cuando se casa, a la salida de la escuela de sus hijos, ese hombre no es más su nombre, es médico.
Con el “delincuente” la cosa es similar pero más difícil. Porque hay que pensar que una persona decidió que su profesión es robar, no alguien que robó. Este movimiento identitario es tan complicado que convierte cualquier acción del Estado o comunitaria en inútil, porque no habría manera de que la sanción funcionara como tal -generando un movimiento subjetivo de comprensión/responsabilización/reparación- porque nada que se haga pueda cambiar la identidad.
Esa persona es delincuente, no ha delinquido. Es. Por lo tanto, el discurso de la pena de muerte parece el único útil. ¿Qué otra cosa se podría hacer? Retenerlo lo más que se pueda fuera de la comunidad -encarcelarlo- o matarlo.
El carnicero, el médico, en cambio, no cambian sus identidades por la de asesinos. Son médicos y carniceros que han asesinado. Entonces pueden reflexionar en familia y metabolizar este hecho en la cadena de hechos de sus vidas, y seguir adelante.

Justicia y sanción
Decir “justicia por mano propia” es como decir “crimen pasional”. Porque cuando se impide la acción mediadora del Estado y se resuelve “uno a uno”, se niega la idea de que un delito no implica sólo un daño a quien es víctima sino que rompe el pacto comunitario.
Por eso es un problema grave que el Estado invite a la gente a arreglárselas sola e igualmente grave es que las cárceles argentinas castiguen en lugar de sancionar. Una cárcel sobrepoblada, casi sin intervención estatal más que represiva -sin escuela, sin salud, sin garantías, sin objetivos en relación a cada sujeto detenido-, es castigo y no sanción.
En este sentido el Centro de Estudios Legales y Sociales difundió las conclusiones de una reunión reciente con un relator de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que visitó el país. El relator, especializado en derechos de las personas privadas de libertad, manifestó su preocupación por “el aumento de la tasa de encarcelamiento en el país como consecuencia de las políticas de seguridad y de ‘guerra’ contra el narcotráfico” y por las condiciones de detención. También advirtió el aumento de detenciones arbitrarias en la calle y el armado de causas judiciales.
Estos hechos, también estadísticos, podrían servir al gobierno como guía para definir su política de Seguridad. Pero Macri prefiere decir lo que él cree que la opinión pública quiere escuchar. Usa, así, la violencia social para hacer política. Todo sea por olvidarnos un rato de que la desocupación crece, la economía está en recesión y las inversiones no viajan a la velocidad de los sueños liberales.

Fuente: Notas

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