El Mundo: En el día Internacional de la Mujer la lucha sigue siendo contra el sistema.

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En el día Internacional de lucha de las mujeres no se puede obviar que la lucha por la emancipación de las mujeres explotadas y oprimidas del planeta no se puede lograr cuando no se combate firmemente en la lucha de clases contra los explotadores y opresores, sean hombres o mujeres del sistema capitalista. En la sección Memoria Histórica dejamos antecedentes y una nota de Alejandra Kollontai en el diario “Pravda” del 23 de febrero (8 marzo 1913) y fragmentos de dos oradoras obreras, Shura Alekseeva trabajadora textil, y Kartacheva, una oficinista, de la ex URSS .

El primer Día Internacional de la Mujer en Rusia (23 de febrero de 1913)

Los años que precedieron al estallido de la Revolución de 1917 estuvieron signados por un gran crecimiento en el número de mujeres que trabajan en las fábricas rusas. Entre 1901 y 1914, la fuerza laboral industrial rusa creció en un 37%. La mayoría de estos nuevos trabajadores (64,1%) eran mujeres. Las mujeres, que constituían el 24% de los trabajadores de las fábricas en 1887, ahora representaban el 31%, y en algunas industrias, como los textiles, más de la mitad —pero al mismo tiempo las mujeres constituían sólo el 6% de los miembros en los sindicatos rusos en 1912. Esta falta de organización se reflejaba en su tasa de explotación: las mujeres debían trabajar por la mitad o los dos tercios del salario de un hombre. En San Petersburgo, por ejemplo, el salario diario promedio de un hombre en la industria pesada en la víspera de la guerra era de 1 rublo 41 kopeks, mientras que para una mujer era de 72 kopeks (Elwood 1992, pp. 102-103).

La masacre de los mineros del oro a orillas del río Lena el 17 de abril de 1912 dio comienzo a una ola de huelgas de solidaridad y a nuevo período de alza del movimiento obrero, que continuó hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914. A partir de 1912, como resultado de un aumento general del activismo laboral en Rusia, que incluyó una ola de huelgas de trabajadoras, la atención socialista a las mujeres como grupo diferenciado se hizo más pronunciada. Esto tomó un número de formas, incluida la apertura de más clubes (como el Tercer Club de Mujeres de Moscú, que llegó a agrupar a 900 miembros durante los 13 meses de su existencia, hasta que fue clausurado por la policía en noviembre de 1913), las celebraciones del Día Internacional de la Mujer en 1913 y 1914 y la publicación del periódico bolchevique Rabotnitsa (La trabajadora) en 1914.

En mayo de 1912 fue publicada una serie de artículos en Pravda que trataban extensamente sobre la explotación del trabajo de las mujeres, pero los bolcheviques entraron en una nueva etapa en su relación con las mujeres trabajadoras recién a principios de 1913. Hasta entonces, la cuestión de la mujer había sido debatida casi únicamente por miembros del Comité de San Petersburgo y no había sido objeto de ninguna forma institucional permanente. En enero de 1913 los bolcheviques, incluido Lenin, comenzaron a incluir una sección de mujeres en el periódico Pravda, en honor a la primera celebración en Rusia del Día Internacional de la Mujer, el 23 de febrero de 1913. A pesar de que aún militaba en las filas del bolchevismo, el artículo de Alexandra Kollontai “El día de la mujer” («женский день») fue publicado en Pravda, No. 40 (244), el 17 de febrero de 1913, una semana antes de la primera celebración en Rusia del Día Internacional de la Mujer, que tuvo lugar el 23 de febrero (8 de marzo) de 1913, debido a la divergencia existente entre el calendario juliano de la iglesia ortodoxa rusa, entonces vigente en Rusia, y el calendario gregoriano.

Kollontai describía cómo los partidos socialistas habían llegado a comprender la necesidad de crear “comités especiales, secretarías y oficinas de mujeres” y de levantar un programa de reivindicaciones específicas para las mujeres trabajadoras, tales como “la protección y la provisión para mujeres embarazadas y madres lactantes, la regulación legislativa del trabajo femenino, campañas contra la prostitución y contra la mortalidad infantil, la demanda de derechos políticos para las mujeres, la mejora de la vivienda, la campaña contra el aumento del costo de la vida, etc.” A la objeción de que la existencia de un “‘Día de la Mujer’ especial, de folletos especiales para mujeres trabajadoras, de asambleas y conferencias especiales de mujeres de la clase trabajadora” constituían “una concesión a las sufragistas y feministas burguesas”, Kollontai respondía:

“Solo aquellos que no entienden la diferencia radical entre el movimiento de las mujeres socialistas y las sufragistas burguesas pueden pensar de esta manera.

¿Cuál es el objetivo de las feministas? Conseguir los mismos privilegios, el mismo poder, los mismos derechos en la sociedad capitalista que poseen ahora sus maridos, padres y hermanos. ¿Cuál es el objetivo de las trabajadoras? Abolir todos los privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la obrera le resulta indiferente si su patrón es hombre o mujer.

Las feministas demandan la igualdad de derechos siempre y en cualquier lugar. Las trabajadoras responden: demandamos derechos para todos los ciudadanos, hombres y mujeres, pero nosotras no sólo somos mujeres y trabajadoras, sino también madres. Y como madres, como mujeres que tendremos hijos, portadores del futuro, demandamos un cuidado especial del gobierno para nosotras y para nuestros hijos, una protección especial del estado y de la sociedad.

Las feministas se esfuerzan por adquirir derechos políticos. Sin embargo, aquí también nuestros caminos se separan. Para las mujeres burguesas, los derechos políticos son simplemente un medio que les permite abrirse camino de manera más conveniente y segura en un mundo basado en la explotación de los trabajadores. Para las trabajadoras, los derechos políticos son un paso en el difícil y arduo camino que conduce al deseado reino del trabajo.

Los caminos seguidos por las mujeres trabajadoras y las sufragistas burguesas se han separado hace mucho tiempo. Existe una gran diferencia entre los objetivos que la vida les ha puesto. Existe una contradicción demasiado grande entre los intereses de la mujer trabajadora y la mujer propietaria, entre la sirviente y su señora… No hay ni puede haber ningún punto de contacto, conciliación o convergencia entre ellas. Por lo tanto, los trabajadores no deben temer a un Día de la Mujer especial, ni a las conferencias especiales de mujeres trabajadoras, ni a su prensa especial.

Cada forma especial y distinta de trabajo entre las mujeres de la clase obrera es simplemente un medio para despertar la conciencia de la trabajadora y llevarla a las filas de quienes luchan por un futuro mejor… El Día de la Mujer y el trabajo lento y meticuloso emprendido para despertar la conciencia de la mujer trabajadora están sirviendo a la causa, no de la división, sino de la unificación de la clase trabajadora.

Que la alegre sensación de servir a la clase común y de luchar simultáneamente por su propia emancipación femenina inspire a las mujeres trabajadoras a unirse a la celebración del Día de la Mujer.”

En la asamblea celebrada en el primer Día Internacional de la Mujer en San Petersbugo, el 23 de febrero de 1913, las oradoras obreras fueron Shura Alekseeva, una trabajadora textil, y Kartacheva, una oficinista. Alekseeva buscó ayuda para preparar su discurso de Anna Ulianova (la hermana de Lenin) y Konkordiia Samoilova, pero, intimidada por tener que hablar en el Gran Salón Kalashnikov y por la presencia de policías montados en la entrada y de policías en la primera fila, terminó dando un discurso improvisado sobre sus propias experiencias como trabajadora textil. A pesar de que la ley estipulaba una jornada laboral máxima de once horas, afirmó, muchas mujeres trabajaban dieciocho horas por día por salarios miserables.

Como resultado, las mujeres no tenían tiempo para su propio desarrollo intelectual ni para atender las necesidades de su familia. Alekseeva también habló sobre la prostitución y acusó a las «mujeres burguesas» de considerar que las mujeres trabajadoras se sentían atraídas a la prostitución por tonterías. Por el contrario, afirmó, era la necesidad extrema la que conducía a las mujeres a ese comercio vergonzoso, no la frivolidad.

Se quejó de que dentro de las fábricas los capataces oprimían a las mujeres y las obligaban a acostarse con ellas. Apeló a los sindicatos para que protegieran a las mujeres trabajadoras y las defendieran contra los administradores. Alekseeva continuó su discurso afirmando que, si las huelgas de mujeres no habían tenido éxito hasta entonces, eso se debía a su desorganización. Llamó a todas las mujeres a unirse a la familia proletaria y a marchar juntos de la mano por un futuro mejor. Fue arrestada por su discurso esa misma noche. La bolchevique Praskovia Kudelli también habló en la misma asamblea, pero la intervención de los gendarmes le impidió analizar las consecuencias de la revolución de 1905, como tenía pensado hacer en sus discursos (Chatterjee 2002, pp. 24-26).

Sorprendentemente, en Moscú la policía no censuró ni controló el encuentro del Día Internacional de la Mujer organizado por los miembros del Tercer Club de Mujeres. Al igual que en San Petersburgo, los bolcheviques lograron con gran dificultad persuadir a una joven trabajadora nerviosa, Masha Platonova, para que hablara en público. El Día Internacional de la Mujer también se celebró en 1913 en Samara, Tiflis, Kiev y otros centros industriales de Rusia. La sede editorial de Pravda recibió saludos con motivo de la conmemoración de numerosas instituciones y organizaciones, como la fracción socialdemócrata en la Duma, grupos de presos políticos, mujeres en el exilio, trabajadores de la fábrica de Putilov, un grupo de modistas de Ekaterinoslav, y mujeres trabajadoras de Krasnoiarsk (ver los números de Pravda del 17 y 19 de febrero de 1913). Los socialistas estaban satisfechos con los resultados de la primera celebración del Día Internacional de la Mujer en Rusia. Según la activista bolchevique Anna Elizarova, desde el primer Día Internacional de la Mujer la afiliación de las mujeres a los sindicatos, clubes y organizaciones ilegales creció enormemente (Chatterjee 2002, pp. 28-29).

Fuente: FEMINISMO Y MOVIMIENTO DE MUJERES SOCIALISTAS EN LA REVOLUCIÓN RUSA. Cintia Frencia, Daniel Gaido

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