El Mundo: El conflicto Híbrido. ¿Una nueva forma de guerra?

0 03 17 02 guerra híbrida

Por •     Fabián Sánchez García. -

Hace ya más de una década que el adjetivo híbrido se abrió paso en el lenguaje de algunos expertos en asuntos de defensa para calificar lo que consideraron como el nacimiento de un nuevo tipo de conflicto, diferente tanto de la guerra tradicional o convencional como de la guerra irregular, y que, en líneas generales, sería la resultante del empleo simultáneo de ambas formas de lucha. Aunque bastante generalizado el uso de esta nueva denominación no faltan también quienes consideran que no hay razones objetivas para acuñar nuevos nombres y que lo que se observa en los conflictos actuales o recientes no deja de ser fruto de una evolución en los medios y procedimientos empleados que, aun[1]que los hacen más complejos, no por ello dejan de estar perfectamente encuadrados en la categoría de los conflictos irregulares.

La teoría del «conflicto híbrido»

Han sido numerosos los analistas que han contribuido a la diseminación del nuevo concepto de «conflicto híbrido» especialmente los británicos, australianos y, desde luego, estadounidenses, que, aunque fueron los últimos en incorporarse al grupo han sido los que luego han mantenido este debate con mayor fuerza y más han influido en el resto de la comunidad occidental. Entre los estudiosos más destacados de esta supuesta nueva forma de guerra se encuentra Frank Hoffman, antiguo oficial del Cuerpo de Marines estadounidense, al que algunos han llamado «el padrino intelectual de la guerra híbrida», y que periódicamente ha ido publicando artículos y ensayos relativos a este tipo de conflicto que han tenido notable influencia.

Para construir su teoría de la «guerra híbrida» Hoffman utiliza diversos ejemplos históricos que representarían la evolución del conflicto asimétrico desde las guerras del Peloponeso, pasando por nuestra guerra de la Independencia, como ejemplo de la que denomina «guerra compuesta», y finalmente llegando al conflicto árabe-israelí del año 2006 en el Líbano como paradigma del nuevo tipo de guerra.

Pero las conclusiones que saca Hoffman de los acontecimientos históricos son bastante discutibles. Pasando por alto la dudosa utilidad del ejemplo de la lucha entre Atenas y Esparta para su tesis, la afirmación de que en la guerra de la Independencia española, el general Wellington coordinó a nivel estratégico a las fuerzas aliadas y a las guerrillas españolas es cuando menos sorprendente.

Según Hoffman la guerra de la Independencia española es un ejemplo típico de lo que denomina «guerra compuesta», antecedente de la guerra híbrida. Se trataría de un conflicto en el que las fuerzas convencionales y la insurgencia actuarían coordinadamente bajo una misma dirección estratégica, aunque en distintas zonas de operaciones del teatro, teoría que ya había sido formulado por Thomas M. Huber en el año 1996 y posteriormente desarrollada en un trabajo monográfico editado por la Escuela de Mando y Estado Mayor de Estados Unidos que también han utilizado otros analistas estadounidenses.

De acuerdo con esta interpretación de la Historia, la derrota francesa en España se debió al empleo de los ejércitos regulares aliados y de las guerrillas españolas en el mismo teatro bajo la coordinación estratégica del general Wellington, y en apoyo de esta teoría Hoffman cita la obra del historiador británico Charles J. Esdaille3.

Sin embargo, los hechos que conocemos de ese periodo histórico, incluidos los que nos proporciona Esdaille en su obra, no parecen justificar esa teoría. Si bien la guerrilla española favoreció, probablemente de forma decisiva, el triunfo de los aliados, Wellington nunca sintió especial aprecio por su contribución a la lucha contra los franceses y, en general, los ignoró. En la propia obra del historiador británico abundan los testimonios que confirman esta actitud y, aunque el concepto que tenía de la guerrilla mejoró en los últimos años, nunca llegó a considerarla como un elemento más de su estrategia. En este sentido Esdaille afirma: «Tampoco es extraño que apenas los mencionase (a los guerrilleros) en sus planes para la campaña del año 1813. Al contrario, con Wellington entonces como comandante en jefe de los Ejércitos españoles, la estrategia consistió más bien en depositar la confianza en todas aquellas tropas convencionales que los patriotas pudiesen presentar.» 1

Por otra parte, las guerrillas actuaban en las distintas regiones españolas con independencia unas de otras sin que existiera mando ni estrategia unificada, más allá de la lucha sin cuartel contra el invasor.

Y cuando algunas de ellas lucharon bajo la dirección del general británico, en el último año de guerra, ya habían dejado de ser fuerzas irregulares y su entidad, organización y tácticas de combate eran indudablemente, con mayor o menor fortuna, las del ejército regular. Por todo

ello, la afirmación de que la guerra contra los franceses se ganó en la Península por la actuación coordinada de las fuerzas regulares o convencionales y las irregulares o guerrillas, no parece muy rigurosa.

Si los ejemplos históricos citados sirven a Hoffman para ir construyendo antecedentes de su teoría de la guerra híbrida, el enfrentamiento en el sur del Líbano en el año 2006 entre árabes e israelíes constituye para el estadounidense el paradigma indiscutible de la nueva forma de guerra en la que el mismo bando utiliza de forma simultánea la guerra convencional y la irregular.

Pero es discutible que por el hecho de que la guerrilla de Hezbollah utilizara misiles contracarro y otros armamentos de última generación se convirtiera necesariamente en una fuerza convencional; es más lógico pensar que simplemente supieron aprovechar el armamento que le suministraron del exterior, posiblemente junto con los operadores, e hicieron un buen uso de la técnica de la guerrilla urbana y de la utilización de la población como escudo. Todo ello dentro de la más pura ortodoxia guerrillera.

También durante la invasión soviética de Afganistán el empleo que los muyahidin hicieron de los misiles Stinger, proporcionados por Estados Unidos, causaron estragos en las unidades de helicópteros soviéticas; pero eso no significó que los insurgentes afganos llevaran a cabo una guerra convencional; no parece que nadie se haya atrevido a decirlo. Los medios y procedimientos utilizados por afganos y palestinos fueron en ambos casos, salvo algunas excepciones, los que siempre ha utilizado la insurgencia: la emboscada, la sorpresa, las operaciones entre la población, la guerrilla urbana, la utilización de la población civil como escudo.

Otras razones, como la existencia de enfrentamientos de una duración mayor de lo que suele ser habitual en las acciones de la guerrilla, tampoco parecen un argumento especialmente convincente. Las son muy variadas y la insurgencia puede hacerse fuerte el tiempo necesario para desgastar al máximo al enemigo, si encuentra condiciones favorables para ello. Episodios de resistencia prolongada de la insurgencia frente a unidades regulares enemigas no son infrecuentes en la literatura bélica.

Es muy probable que el fracaso del Ejército israelí en su lucha contra Hezbollah no se debiera a que fuesen sorprendidos por un nuevo tipo de guerra. Lo que causó su derrota fue posiblemente su mala preparación para enfrentarse a una insurgencia mucho más sofisticada y adiestrada. Importantes fallos de inteligencia, el desprecio por las formas de lucha irregulares y el empleo de tácticas y medios totalmente inadecuados para este tipo de enfrentamientos, tales como la aviación y las unidades blinda[1]das en terrenos urbanizados, pudieron ser las causas directas del fracaso.

Y todo ello unido al empleo de una doctrina de planeamiento operativo de origen estadounidense confusa y de difícil aplicación a las operaciones militares: las denominadas Operaciones Basadas en Efectos (EBO) que ya ha tenido que ser abandonada por sus mismos promotores. Sobre este último extremo, el general James N. Mattis, comandante del US Joint Forces Command, decía en una Directiva a la fuerza en 2008: «Un análisis del reciente conflicto israeli-Hizballah demostró que la terminología EBO utilizada fue demasiado complicada, in[1]útil, y no podía ser entendida por los miles de oficiales que tenían que aplicarla añadiendo más adelante que, aunque hay diversas razones para la pobre actuación del Ejército israelí durante la guerra, varias valoraciones posconflicto han llegado a la conclusión de que la excesiva dependencia de los conceptos EBO fue una de los principales causas de su derrota»4.

Por otra parte, hay otros expertos que opinan que no existe cambio ni en la naturaleza ni en el carácter de la guerra y encuentran innecesaria la introducción de nueva terminología. Entre ellos se encuentra el propio Huber5 que había acuñado con anterioridad el concepto de «guerra compuesta» utilizado por Hoffman para formular su teoría de la «guerra híbrida». Otros autores como Russell W. Glenn6 y Paul K. Van Riper tampoco son partidarios de esta denominación y han mantenido interesantes debates con Hoffman7. Pero, incluso los que abogan por la nueva teoría de la guerra híbrida, en uno u otro momento manifiestan dudas sobre si realmente se encuentran ante un fenómeno nuevo. Así, por ejemplo, Erin M. Simpson reconocía que: «Desafortunadamente, el marco analítico en uso actualmente hace difícil discernir las similitudes y diferencias significativas entre estas guerras “guerras híbridas” y las anteriores.»

Otros, como el coronel McCuen, en un artículo publicado en el año 2008 en la Military Review, dedicado a la «guerra híbrida», de la que también es defensor, comienza diciendo: «Nosotros en Occidente estamos haciendo frente a una forma de guerra aparentemente nueva “guerra híbrida”. Y en nota a pie de página aclara que utiliza el adverbio “aparentemente” porque todas las guerras son guerras híbridas potenciales. Raramente en la historia las guerras han acabado siendo exclusivamente como las que hoy llamamos “convencionales”»8.

En definitiva, nos está diciendo que, aunque la idea de las nuevas guerras híbridas parece muy atractiva en realidad se trata probable[1]mente de algo tan antiguo como la misma guerra. (5)-(6)-(7) (8)

El «conflicto híbrido» en la literatura de defensa estadounidense

Hacer un repaso de la literatura existente sobre el «conflicto híbrido» en los distintos países sería muy interesante, pero excedería los límites de este capítulo. No obstante, si se analiza con cierto detalle la situación en Estados Unidos, por obvias razones nos haremos una buena idea de cuál es el estado de la cuestión.

En primer lugar, hay que señalar que en algunas ocasiones han sido las propias autoridades de defensa las que han utilizado el término híbrido para referirse a la complejidad del conflicto irregular, si bien de una forma imprecisa. Por ejemplo, en el año 2008 el general George W. Casey, jefe de Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos, escribía en el número de octubre del Army Magazine: «Las amenazas híbridas –combinaciones diversas y dinámicas de capacidades convencionales, irregulares, terroristas y criminales– harán difícil la utilización de enfoques singulares, siendo necesario soluciones híbridas e innovadoras que impliquen nuevas combinaciones de todos los elementos del poder nacional»9.

Definición que volvería a repetir un año más tarde en otro artículo en la misma revista10. En relación con estas afirmaciones es interesante señalar que, según esta descripción del conflicto, el terrorismo es un fenómeno ajeno a la guerra irregular; y sin embargo, en aquellas fechas, el Manual de Campaña para Operaciones del propio Army11 incluía al terrorismo como una de sus manifestaciones. Una anécdota, quizás, pero que muestra claramente la imprecisión que existe en cuestiones terminológicas en el ámbito del conflicto asimétrico.

También el secretario de Defensa, Robert Gates, utilizó el término híbrido por primera vez en público en su comparecencia ante el Armed Services Committee del Senado en enero de 200912 y poco después en 9 CASEY, George W.: «America’s Army In an Era of Persistent Conflict», Army Magazine, volumen 58, número 10, p. 24, octubre de 2008. 10 CASEY, George W.: «The Army of the 21st Century», Army Magazine, volumen 59, número 10, p. 28, octubre de 2009. 1111 FM 3­0 Operations, pp. 1-4, pp. 1-15, 27 de febrero de 2008.

Un artículo titulado «A Balanced Strategy» publicado en el número de enero-febrero de ese mismo año de la revista Foreign Affairs. También altos cargos militares13, entre otros el comandante del US Joint Forces Command, general James N. Mattis, en su comparecencia ante el Comité de las Fuerzas Armadas del Congreso, en marzo de 2009, hacía alusión a las «guerras de naturaleza híbrida»14.

Pero a pesar de estas menciones esporádicas, en los principales Do[1]cumentos de Defensa estadounidense de los últimos años esta denomi[1]nación de «guerra o conflicto híbrido» prácticamente no se utiliza. No hay referencias a él en la National Defense Strategy 2008, actualmente en vigor, ni la hubo en la precedente del año 2005. Tampoco la Natio[1]nal Security Strategy 2010 menciona la «guerra híbrida». Únicamente en el Quadrienal Defense Review 2010 se utiliza este término y lo hace para referirse de pasada a la complejidad de la guerra actual o a los diferentes procedimientos y métodos a utilizar en ella (hybrid approa[1]ches). Otros importantes Documentos oficiales como el Quadrennial Roles and Missions Review Report 2009 o la CJCS Guidance 2009­2010 tampoco utilizan el «término híbrido».

Finalmente, en septiembre de 2010 la GAO (United States Goverment Accountability Office) emitía un informe solicitado por el Subcommittee on Terrorism, Unconventional Threats and Capabilites del Congreso en el que, como resultado de una exhaustiva investigación, afirmaba que: «Altos cargos militares, en recientes testificaciones públicas, afirmaron la creciente probabilidad de que las fuerzas de Estados Unidos se enfrenten a un adversario que use tácticas, técnicas y procedimientos de la lucha híbrida. Sin embargo, el Departamento de Defensa no ha definido oficialmente la guerra híbrida hasta este momento y no tiene planes para hacerlo porque el Departamento de Defensa no lo considera una nueva forma de guerra.»

En el informe se aclaraba que el término híbrido y los conceptos con él relacionados, eran empleados por algunos responsables del Departamento de Defensa estadounidense para describir la creciente (13) complejidad del conflicto asimétrico, pero no para articular una nueva forma de guerra. Y, con posterioridad a este informe, la recientemente promulgada National Military Strategy 2011 ignora completamente los términos «conflicto y guerra híbridos».

Otras referencias interesantes son también los principales reglamentos del Army, protagonista fundamental en cualquier conflicto irregular. En ninguno de los manuales de campaña en vigor, en los que se trata esta forma de guerra, se menciona el conflicto híbrido: FM 3-0 Operations (2008), FM 3-24 Counterinsurgency (2006) y FM 3-07 Stability Operations (2008).

Aunque estas notas no pretenden en ningún modo ser exhaustivas si parecen suficientes para dejar patente que, aún, cuando la denominación de híbrido para los actuales conflictos se ha usado, y se usa, incluso por parte de altos funcionarios de la Administración estadounidense, el concepto de una nueva forma de guerra no ha logrado hacerse un hueco en la Doctrina de Defensa de Estados Unidos.

Conflicto irregular y «conflicto híbrido»15

Que los conflictos armados actuales se han hecho más complejos es ya una obviedad. También parece indiscutible el hecho de que un escenario en el que se combinen la guerra convencional y la irregular requerirá utilizar estrategias diferentes de las que se aplicarían en uno u otro caso. Sin embargo, no está claro que el hecho de aumentar la complejidad del conflicto aconseje una nueva categorización con todo lo que pudiera añadir de confusión en una materia que ya tiene bastantes aspectos ambiguos.

15 El uso de los términos conflicto y guerra suele ser también confuso. En algunos casos, demasiado frecuentes, se utilizan de forma indistinta; en otros se usan para referirse a fenómenos distintos. En inglés la confusión aumenta porque es frecuente emplear de forma indiscriminada los sustantivos conflict, war y warfare. En el contexto de este trabajo se utiliza la palabra conflicto entendido como el enfrentamiento por choque intencionado entre dos grupos sociales con intención hostil y cuyas manifestaciones pueden ser de muy diversa naturaleza, FREUN, J.:  Sociología del conflicto, Ediciones Ejército, 1995. La guerra es una de las múltiples formas que

adopta el conflicto.– 19 –

Desde épocas remotas las guerras convencionales y las irregulares han sido manifestaciones distintas del mismo fenómeno mediante la adaptación más o menos afortunada de medios y procedimientos a las circunstancias del momento. Y es cierto que la guerra irregular ha cobrado protagonismo sobre la convencional en las últimas décadas y que no puede descartarse que ambas formas se empleen simultánea[1]mente, lo que por otra parte no sería nada nuevo. De todas formas, si se comparan las distintas definiciones existentes para estos fenómenos, en las que tampoco hay unanimidad, no parece claro que la guerra híbrida sea algo diferente de la guerra irregular.

Con el término irregular se pretendería poner de manifiesto el carácter de esa guerra, o también la peculiar forma de combatir (warfare, en inglés), diferente de la guerra tradicional o convencional, porque da entrada a un sinfín de procedimientos y medios no regulados por las leyes y convenciones internacionales, en los que cabe desde el asesinato indiscriminado o terrorismo (concepto que usamos con facilidad pero que está aún por definir en la comunidad internacional), hasta el uso de tácticas y medios convencionales, incluida la más sofisticada tecnología. Procedimientos que, al igual que ocurre con la guerra tradicional, se van adaptando en función de las circunstancias y disponibilidades en cada momento y teatro, y que cada día van adquiriendo nuevas y mu[1]chas veces desconocidas complejidades. Es lo que los coroneles chinos

Qiao Liang y Wang Xiangsui, ya en el año 1999, denominaron «guerra sin restricciones» que, en todo caso, también parece más apropiada que la de guerra híbrida porque define mejor la esencia de estos modos de guerra actuales.

La definición de guerra irregular que ya parece consolidada en Estados Unidos tiene una formulación algo peculiar: «La “guerra irregular” favorece las aproximaciones indirectas y asimétricas, aunque puede emplear toda la gama de capacidades militares y otras capacidades a fin de erosionar el poder, la potencia y la voluntad de un adversario»16. Pero, aunque es así como figura en los principales documentos y reglamentos, tampoco es raro encontrar algunas variantes. 16

En cuanto al concepto de «guerra híbrida» los analistas tampoco utilizan una definición única y en ocasiones los matices pueden ser importantes como por ejemplo al establecer si el empleo de los medios convencionales e irregulares se realiza de forma simultánea o no, circunstancia sobre la que no parece haber acuerdo y que quizás podría introducir un elemento diferenciador de cierta significación.

El mismo Hoffman, gran impulsor de este concepto ha propuesto distintas, aunque parecidas definiciones. En la última de ellas, que en realidad es una descripción, dice que la guerra híbrida es aquella en la que: «El adversario presentará con toda probabilidad una única combinación de amenazas híbridas que estarán dirigidas específicamente a las vulnerabilidades de Estados Unidos. En lugar de diferentes amenazas con enfoques fundamentalmente diferentes (convencional, irregular o terrorista) podemos esperar enfrentarnos a adversarios que emplearán todas las formas y tácticas de guerra, quizás simultáneamente. La actividad criminal puede considerarse también parte de este problema, ya que o bien desestabiliza a los gobiernos locales o ayuda al guerrero insurgente o irregular proporcionándole recursos. Esto puede implicar contrabando, narco[1]terrorismo, transferencia ilícita de municiones o armas avanzadas o la explotación de las redes de bandas urbanas»17.

Otro defensor de la guerra híbrida, el coronel McCuen dice que: «Las guerras híbridas son una combinación de guerra simétrica y asimétrica en las que las fuerzas que intervienen conducen operaciones militares tradicionales contra fuerzas militares y objetivos enemigos y simultáneamente –y más decisivamente– intentan lograr el control de las poblaciones locales en la zona de combate dándoles seguridad y estabilidad (operaciones de estabilidad)»18.

La comparación de estas definiciones, y otras parecidas que podrían citarse, lleva a concluir que en todas ellas se describe el mismo tipo de fenómeno: un conflicto armado en el que se utilizan toda clase de medios y procedimientos ya sea la fuerza convencional o cualquier otro medio irregular como la insurgencia, el terrorismo e incluso otros más sofisticados mediante el empleo de las últimas tecnologías y en las que la influencia sobre la población resulta vital. Quizás el único matiz que podría introducir alguna especificidad sería el hecho de que el empleo de todos esos medios se hiciera de forma simultánea extremos en el que no hay tampoco unanimidad. Pero aún en este caso no parece que estuviéramos en presencia de un nuevo tipo de guerra, sino en todo caso una de las muchas variantes del conflicto irregular.

El «conflicto híbrido» y el contexto social

La complejidad de los nuevos conflictos asimétricos es cada día mayor. Y en ello influyen, sin duda alguna, las nuevas formas de las relaciones internacionales y el modo de concebir la seguridad. El fenómeno de la globalización y de la interdependencia geopolítica, el protagonismo de Naciones Unidas y otras organizaciones regionales, la tendencia a la configuración de una seguridad colectiva regida por la multilateralidad, son factores que contribuyen a diseñar un entorno de seguridad cada vez más complejo. Pero, aún, siendo importantes todas estas circunstancias, no parecen suficientes para explicar por sí solas las dificultades aparentemente insuperables a las que se enfrentan las naciones para la resolución de los modernos conflictos asimétricos.

Posiblemente, el factor que mayor influencia ejerce en la actualidad en el planeamiento, preparación y ejecución de cualquier operación militar sea el notable cambio experimentado por el sistema de valores de las sociedades democráticas occidentales en las últimas décadas y la diferente percepción que tienen de los conflictos bélicos. Los nuevos ideales de «guerras humanitarias» hacen que el empleo de la fuerza sea cada vez más difícil e ineficaz, sin que se haya avanzado en la búsqueda de otros medios sustitutorios para la resolución de conflictos, y dejan a esas sociedades en manifiesta inferioridad frente a enemigos que probablemente deciden llevar a cabo una lucha sin restricciones. Dificultades y limitaciones que no se habían planteado antes en la Historia, al menos con la intensidad actual. Alejandro Magno «sofocó» eficazmente la insurgencia en Sogdiana y Bacteria en sólo 18 meses con métodos que ahora calificaríamos de brutales (por cierto, en las tierras de los actuales Uzbekistán y Afganistán donde la comunidad internacional lleva más de nueve años sin que sea posible aún vislumbrar el final). Ya en tiempos contemporáneos, durante la Segunda Guerra Mundial, el hecho de que los bombardeos sistemáticos e indiscriminados sobre las ciudades produjeran un elevadísimo número de víctimas civiles no pareció ejercer un efecto disuasorio en ninguno de los dos bandos. Y muy poco después, los británicos en su lucha contra la insurgencia malaya, campaña utilizada frecuentemente como modelo de éxitos de contrainsurgencia, no tuvieron ningún empacho en el desplazamiento de poblaciones enteras y en constituir más de 400 «reservas», aplicando represalias sobre población inocente cuando lo estimaban conveniente. Todavía más cerca de nosotros, durante la Segunda Guerra Mundial el hecho de que en los bombardeos sistemáticos e indiscriminados sobre las ciudades produjeran un elevadísimo número de víctimas civiles no pareció ejercer un efecto disuasorio en ninguno de los dos bandos. Muy posiblemente, en todos estos casos, como en muchísimos otros a lo largo de la Historia, la gravedad e importancia del objetivo estratégico buscado pesó más que la brutalidad de los medios empleados.

Para la sociedad occidental actual, sin embargo, éstos serían procedimientos totalmente inaceptables. Múltiples factores nos han llevado a una situación radicalmente distinta. Se pretende hacer las guerras de forma quirúrgica y, desde luego, sin bajas propias. Y todo ello siguiendo la teoría de que lo más importante no es aniquilar al enemigo sino ganarse las mentes y los corazones de las poblaciones, estrategia que posiblemente dejaría perplejo a Clausewitz. Sin entrar a discutir la bondad de esta filosofía el problema que se plantea es que los medios y procedimientos arbitrados por las sociedades occidentales para hacer frente a esta nueva situación no han evolucionado a la misma velocidad que lo han hecho las amenazas, y realmente no se sabe cómo plantear la lucha en esas condiciones. Y esta circunstancia, unida a la creciente complejidad de los conflictos, parece ser la verdadera dificultad de la lucha contra enemigos irregulares, y la introducción de debates y denominaciones más o menos artificiales o ingeniosos poco ayuda a resolverla.

Porque la necesidad de integrar los esfuerzos de diversos ámbitos de la Administración en la lucha contra la insurgencia no es nada nuevo, sino que es conocida desde hace muchos años. Pero en los tiempos de la guerra fría, gobernantes y militares prestaron muy poca atención a este tipo de conflictos y a las enseñanzas obtenidas en distintos teatros y siguieron tratándolos como guerras menores (small wars) y aunque las recientes experiencias han obligado a considerar el conflicto irregular como una verdadera guerra, con la misma prioridad que debe darse a la tradicional o convencional, la realidad es que se ha progresado muy poco en la comprensión de su verdadera naturaleza y en adaptar o crear los medios y procedimientos necesarios para hacerle frente con éxito.

Conclusiones

Aunque la complejidad de los conflictos actuales ha favorecido la acuñación constante de nuevas denominaciones, la necesidad de añadir un nuevo vocablo al ya de por si sobrecargado y confuso arsenal de términos existentes para designar la nueva complejidad de los conflictos parece, cuanto menos, discutible.

Desde hace años existen muchas denominaciones que con mayor o menor fortuna pretenden designar el fenómeno de la lucha no convencional. Una de ellas, la de guerra irregular, que en la actualidad está suficientemente consolidada y generalmente admitida, parece que capta perfectamente esa realidad sin necesidad de nuevos apellidos. Por lo tanto, aún, cuando el término híbrido tiene indudablemente una gran fuerza expresiva y refleja muy gráficamente la complejidad de la guerra irregular, asimétrica, no convencional, revolucionaria o sin restricciones, el panorama terminológico es tan confuso que no parece aconsejable añadir un nuevo término para referirse a un fenómeno ya recogido en las denominaciones previamente existentes.

  • Fabián Sánchez García General de Brigada de Tierra
  • (Reserva del Ejército española)

Referencias:

1 HUBER, Thomas M.: «Compound Warfare. The Fatal Knot», US Army Command and General Staff College Press, Fort Leavenworth, Kansas, 2002. 2 WILKIE, Robert: «Hybrid Warfare», Air&Space Power Journal, invierno de 2009. 3 ESDAILLE, Charles J.: Fighting Napoleon Guerrillas, Bandits and Adventures in Spain, 2004 (publicada en español con el título España contra Napoleón), editorial Edhasa, Barcelona, 2006.– 13

4 MATTIS, James N.: «Commander’s Guidance for Effects-based Operations», Joint Force

Quarterly, issue 51, p. 106, cuarto trimestre de 2008.– 15 –

5 «Huber Comments on Hybrid Warfare and Compound Warfare» for DMH Faculty

and Others Interested, Combined Arms Center Blog, en: http://usacac.army.mil/blog/blogs/hist/

archive/2009/02/12/huber­comments­on­hybrid­warfare­and­compound­warfare­for­dmh­faculty and­others­interested.aspx (consultado el 17 de mayo de 2011).

6 GLENN, Russell W.: «Thoughts on “Hybrid” Conflict», Small Wars Journal, en: http://

smallwarsjournal.com/blog/journal/docs­temp/188­glenn.pdf (consultado el 15 de mayo de 2011). 7 «On war modifiers», Small Wars Journal, en: http://smallwarsjournal.com/blog/2009/03/

on­war­modifiers/ (consultado el 15 de mayo de 2011).

8 MCCUEN, John: «Hybrid Wars», Military Review, marzo-abril de 2008.– 16 –

12 SENATE: Hearing to Receive Testimony on the Challenges Facing the Department of De fense, US Senate Committee on Armed Services, 111th Cong., 1st sess, 27 de enero de 2009.– 17 –

13 WILKIE, Robert: «Hybrid Warfare», Air&Space Power Journal, invierno de 2009.

14 «Statement of General James N. Mattis, USMC. Commander, United States Joint For ces Command», House Armed Services Committee, 18 de marzo de 2009.– 18 –

16 DoD Directive 3000.07, Irregular Warfare, p. 11, 1 de diciembre de 2008.– 20 –

17 HOFFMAN, Frank G.: «Hybrid Warfare and Challenges», Joint Force Headquartes, issue

52, primer cuatrimestre de 2009 18 MCCUEN, John: «Hybrid Wars», Military Review, marzo-abril de 2008.– 21 –

19 NAGL, John A.: Learning to Eat Soup with a Knife, pp. 75 y 89, The University of Chicago Press, 2002.– 23

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