EL JUEGO EN QUE ANDAMOS

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Fábricas recuperadas

 

Por: Lucas Pedulla

A una década del proceso de recuperación de fábricas y empresas por sus trabajadores, cuatro historias recuerdan detalles del momento que cambió radicalmente sus vidas. Si bien Mauricio Macri vetó la ley que garantizaba una seguridad jurídica para los obreros, el Estado en su conjunto sigue postergando el dictamen fundamental: la expropiación. (Fotos: Daniel Jatimliansky)


Gráfica Patricios: recuperar

¿Pero estás loco? ¿Vos viste lo que es esto?
No te ilusiones, esto no lo recuperamos ni en pedo.
¿Qué te creés? ¿Que este tipo lo va a regalar?
No, de acá nos van a sacar a patadas en el orto. Tan solo bastó con que Gustavo Ojeda deslizara la posibilidad de armar una cooperativa para que una catarata de preguntas y puteadas lloviera sobre él. Les parecía una cosa de locos, realmente. Era casi una utopía pensar que Talleres Gráficos Conforti podía llegar a convertirse en una cooperativa autogestionada por sus trabajadores. La situación era muy delicada, y por la zona de Barracas no se andaban mucho con presagios. La decisión de los trabajadores de proceder a un quite de colaboración concluyó con la permanencia en la planta, a raíz de la epidemia de telegramas de despido que asoló a los obreros. “Ahí comenzó la lucha -recuerda Ojeda-. No nos pagaban las quincenas y así se fue formando una deuda con algunos compañeros hasta de un año. 50 pesos por mes tendríamos, y para pasar las fiestas del 2000 nos habían dado 20 pesos en monedas. Pero la necesidad tiene cara de hereje, y en ese sentido también se fue cediendo mucho; hasta que nos encontramos en 2001 con una crisis tremenda que apenas nos alcanzaba para viajar”.

Conforti quedó debiéndole 60 mil dólares a Ojeda. Él y sus compañeros sólo querían cobrar los sueldos atrasados, y no se iban a ir de la fábrica hasta que lo consiguieran. 27 trabajadores llevaban adelante la resistencia, muy por debajo de los 70 que habían iniciado la permanencia y ni que hablar de los 500 empleados que Conforti llegó a tener a mediados de los 90. Día y noche, en turnos de 12 horas, los obreros resistieron durante todo 2003. Sin teléfono, agua ni luz, tampoco podían producir porque no había con qué poner en funcionamiento las máquinas. Por si fuera poco, un patrullero se había apostado en la puerta de la fábrica. Pero fue uno de los policías el que les brindó un dato importantísimo: los trabajadores de Ghelco, que producían (y siguen produciendo) materias primas para heladerías y confiterías, estaban pasando por la misma situación que ellos, con la diferencia de que habían resistido en la calle y no adentro. Y sin embargo, ya estaban a punto de volver a entrar con la idea de formar una cooperativa.

A partir de ese momento, los trabajadores de Conforti comenzaron a ver que la posibilidad de recuperar la fábrica ya no era un sueño inalcanzable; y el objetivo cambió por completo.

“Después de esos tres meses, ya no queríamos indemnización ni cobrar lo que nos debían; no queríamos más nada: nosotros queríamos recuperar la fábrica. Ya habíamos hecho el duelo, nos habíamos quedado sin laburo, ya nos habíamos cagado de hambre. Bueno, ahora había que luchar”, cuenta Ojeda, que comenzó a caminar la legislatura porteña para conseguir avales y lograr la expropiación.

Actualmente, lo que se conoce como Cooperativa Gráfica Patricios tiene alrededor de 75 trabajadores, una radio comunitaria, un bachillerato, un centro odontológico: todo autogestionado. Ojeda es el presidente de la cooperativa, elegido por asamblea, y recuerda con gracia los viejos encuentros que tuvieron con su ex patrón, Raúl Gonzalo: “En una reunión entramos y fue para morirse de risa, pero en realidad estaba jugando con nuestra dignidad, porque nos recibe de saco y corbata, con los bolsillos arremangados y la camisa afuera del pantalón. Nos dice: ‘Pasen muchachos, ¿qué necesitaban?’. O sea, como que no tenía plata. Nos tomaba el pelo. Él nunca se pensaba, nunca se imaginó lo que ocurrió y por eso nos verdugueaba. Fue una resistencia tan grande. El pensó: ‘estos están una semana, dos, se cagan de hambre y se van a la mierda’. Pongámosle que la empresa tenía pérdidas, pero nosotros con un año de resistencia, cagándonos de hambre, la pudimos poner en funcionamiento. O sea que este tipo podía haberlo hecho. No quiso”.

(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada Nº 106 – marzo 2012)

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