EL GRITO SANTIAGUEÑO II

Por Mario Santucho

Hoy se cumple el tercer aniversario del asesinato de un joven campesino santiagueño como consecuencia de la expansión de los agronegocios. A las 15 de aquel 16 de noviembre de 2011, Cristian Ferreyra, de 23 años, era baleado en el paraje Campo de Mayo, del Departamento Copo. Por estos días se desarrolla un juicio histórico contra sus asesinos, en la ciudad de Monte Quemado.

En el banquillo de los acusados no sólo se sienta, diariamente, el autor material del crimen, Javier Juárez. También el resto de los integrantes de una banda parapolicial que pretendía imponer su prepotencia en la zona para contrarrestar la influencia del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MoCaSe). El séptimo imputado, el más importante, es el empresario santafesino Jorge Antonio Ciccioli, sindicado como partícipe secundario del crimen, por haber organizado una fuerza de choque a su servicio con el objetivo de privatizar las tierras campesinas.

Finalizada la sexta audiencia y transcurridos los testimonios más sustanciales, el debate evidenció que no estamos ante un hecho meramente policial. Se trata de un caso testigo, en el marco de conflictos sociales que se expanden, junto a un nuevo tipo de violencia, extractiva y esencialmente anticomunitaria. Entre los cientos de campesinos de diferentes puntos del país que se reúnen frente a la sala judicial para escuchar las declaraciones y acompañar a sus testigos, así como entre los veedores y periodistas llegados de distintas ciudades para difundir las alternativas del pleito, crece una incógnita: ¿será la justicia capaz de asumir la magnitud histórica del litigio o primarán los automatismos de una corporación que suele estar al servicio de los poderosos?

Inteligencia campesina. Cuando el señor Egidio Angel Strapazzón, filósofo con estudios en teología y desarrollo rural, terminó su declaración ante la Cámara de Juicio Oral en lo Criminal y Correccional de Primera Nominación, un aplauso general brotó del público. La presidenta del Tribunal Élida Suárez de Bravo, como es lógico, detuvo el impulso: “Por favor, discúlpenme, no es por frustrarles un aplauso que bien merecido se lo puede tener el licenciado. Pero quiero que nos ubiquemos. Les pido por favor”.
Pero durante los 45 minutos casi sin interrupciones que duró la alocución de Strapazzón, se tornó palpable el sentido profundo de lo que está en juego. “Yo creo que lo que nos pasó es que de repente el campesinado recuperó su autoestima, o recuperó por fin su lugar y su rol en el mundo. Y en gran parte, en la Argentina, eso fue obra del campesinado santiagueño, porque el MoCaSe fue quien despertó de nuevo la necesidad de organizarse, allá por los años ’90. Cuidemos eso, que es un jardín, porque somos, con Misiones y Jujuy, el campesinado más grande del país. Y quizás no tengamos la escala de producción del empresario, pero tenemos calidad de cultura y de productos alimentarios. Si hubiera una decisión colectiva de apoyarnos, nosotros podríamos producir alimentos sanos y baratos para nuestras comunas y mercados”.
Se trata, según el testimoniante, de reconocer que la inteligencia campesina es cada vez más valiosa y necesaria. Para construir un modelo que incluya este saber es preciso un diálogo con el Estado, con los empresarios, con la sociedad civil y con el mundo. Pero esa conversación debe incluir un reconocimiento ético de los sujetos que hasta muy poco eran considerados inferiores o atrasados. Por eso el MoCaSe puso tanta importancia en este juicio. Por eso también centró sus esfuerzos en la construcción de una Universidad Campesina en la localidad de Ojo de Agura, con reconocimiento del Ministerio de Eduación. Y participa activamente en la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas (CLOC), en la Vía Campesina, y en las asambleas de la FAO que se celebran tres veces al año.
Strapazzón se refirió a un reciente encuentro que tuvieron con el Papa Francisco, quien mostró su preocupación por las consecuencias de una muerte como la de Cristian. “Porque aquí no se está juzgando un hecho aislado, aquí se está poniendo en discusión también el tema del hambre. Es decir, estamos debatiendo cómo se producen los alimentos y la cuestión de la soberanía alimentaria”.

El lenguaje de lo común. El mismo miércoles 12 de noviembre declaró en la causa Cariló Olais, de 37 años, ingeniero agrónomo por la Universidad de Buenos Aires, quien vive en la ciudad de Quimilí desde 2003. Conoció a Cristian Ferreyra y su familia cuando en 2007 construyeron varios aljibes en la comunidad de San Antonio, como parte del desarrollo de proyectos productivos impulsados por el MoCaSe. Olais resumió la historia reciente de los conflictos por la tierra en la región. Con la ayuda de imágenes satelitales (que la jueza no aceptó como evidencia), mostró cómo se incrementaron los alambrados y desmontes durante los últimos años. El propio testigo denunció esta situación irregular en reiteradas ocasiones ante la Dirección General de Bosques y Fauna. Sin embargo, los desmontes sólo fueron suspendidos luego del asesinato de Cristian Ferreyra. “El Estado tuvo que esperar a que muera alguien para tomar una medida”, dijo el ingeniero agrónomo.
Terminada la exposición, sobrevino un debate clave a partir de las preguntas propuestas por los abogados defensores. Dos lenguajes distintos e inconmensurables, el de la propiedad privada y el de la posesión comunitaria, subieron a escena.
–Quería preguntarle si usted, como una persona que sabe y como técnico, tiene registrado satelitalmente, o como sea, que el campo de San Bernardo (reclamado en propiedad por el empresario Ciccioli) y el de Campo de Mayo (donde sucedió el asesinato) son propiedades distintas.
–Yo hablo de parajes, que no es lo mismo que hablar de propiedades. Una propiedad consiste en un título de dominio, y requiere una posesión efectiva. Cuando uno habla de paraje se refiere a un territorio que no tiene un título de dominio, todavía, pero existen otras herramientas legales: concretamente, el relevamiento como comunidad indígena determina la posesión actual y pública de esas tierras. Un paraje es un caserío, donde hay viviendas, y también “a la vuelta”, es decir alrededor, un territorio para el pastoreo de animales, un monte donde extraer madera. A partir del reconocimiento de los derechos de las comunidades indígenas en la Constitución se reconocen también otros usos como pueden ser la contemplación, la caza, etc. ¿Y cuál es el límite entre un paraje y otro? Hay dos tipos de límites. Uno es el que prescribe la propiedad privada, el de los alambrados. Pero no hay un límite para el uso comunitario. Por ejemplo, los animales que están en Campo de Mayo llegan pastoreando hasta San Bernardo o hasta San Antonio, y a la inversa. Y no se confunden los animales porque cada uno regresa a su propia aguada.
El abogado de la defensa interrumpe, y repregunta:
–Discúlpeme Presidenta, derecho real lo rendí hace 32 años. Concretamente lo que yo le pregunto a usted ingeniero, en relación a su profesión, es si San Bernardo y Campo de Mayo son dos propiedades distintas. Dejemos de lado ahora las comunidades.
–Discúlpeme pero yo estudié seis años, y también trabajé mucho tiempo, y le puedo asegurar que está mal hablar en este caso de propiedades. Es un concepto equivocado, porque no son propiedades sino lotes de catastro que pueden tener propietario nominal o no, pero no son de ninguna manera propiedades. El relevamiento de comunidades indígenas hecho en toda la Provincia determina territorios muy amplios que incluyen lotes con propietarios nominales en su interior. Entonces, no se puede hablar de propiedades.

El dolor y la fiesta. Al costado de las deliberaciones judiciales hay otro tiempo, paralelo y plebeyo, donde la justicia se conjuga según modalidades más sensibles y solidarias. A tres años del asesinato de Cristian, el MoCaSe organiza un Festival por la Tierra en el Polideportivo de Monte Quemado, con la presencia de Rally Barrionuevo y numerosos artistas. Pocos días después, el sábado 22 de noviembre, la actividad se muda a Buenos Aires (porque no es cierto que se trate de un asunto puramente rural), para celebrar una Peña Santiagueña y Campesina, con los cantautores Liliana Herrero y Peteco Carabajal, entre otros.
Los conflictos por la tierra se multiplican y el momento de los alegatos y las sentencias se aproximan. El Movimiento Campesino sabe que el resultado de este juicio no será menor. Está en juego la capacidad de las instituciones para acoger y darle relevancia a las importantes tensiones sociales y económicas que hoy marcan el pulso de la democratización.

Fuente: Miradas al Sur

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