EL CORDOBAZO DE CADA DÍA

PTC-CORDOBAZO 23- 26/5/99
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Por Juan Manuel Erazo
“Hay momentos en que el pueblo sintetiza en la acción los pasajes más significativos de su historia”. Esta frase del dirigente sindical Agustín Tosco es una síntesis en sí misma. El Cordobazo, al igual que todos los “azos” de nuestra historia, fue expresión de un proceso político, social y cultural de carácter contrahegemónico.
La autoproclamada “Revolución Argentina”, con Juan Carlos Onganía a la cabeza, fue una dictadura promovida por un sector minoritario de la sociedad, el denominado establishment. Su ministro de Economía, Krieger Vasena, llevó adelante un plan económico que ofrecía como solución mágica para los problemas de los argentinos la liberación de los mercados para el ingreso de inversiones extranjeras. Para lograr este objetivo suprimió las medidas proteccionistas a la industria, devaluó la moneda, congeló los salarios y licuó su poder adquisitivo real. La implementación de este plan era inherente al debilitamiento del poder de las organizaciones obreras, cerrando el círculo con la represión. Hasta acá, cualquier semejanza con recetas actuales no es mera casualidad.
Pero si de comparar con la actualidad se trata, a 47 años del Cordobazo, la derecha orgánica reconoce la falta de legitimidad para las acciones militares destituyentes (o no ve aun las condiciones para esto) y se maneja hoy en la esfera de la manipulación institucional, ideológica y discursiva. Esta nueva derecha, al igual que la de 1969, tiene como objetivo generar hegemonía y gobernabilidad ante un pueblo con núcleos duros y activos de buen sentido.
La batalla para el campo popular, para la militancia y el activismo, es la misma que en aquellos años: resistir la caída del salario real y la contención del conflicto social, defender a regañadientes cada uno de los derechos conquistados, ser la piedra en el zapato del imperialismo norteamericano y el capital transnacional.
Y si de enseñanzas se trata, el Cordobazo da cátedra y el pueblo trabajador aprende. Por un lado, esta síntesis histórica demuestra que para la resistencia a la avanzada de las políticas liberales se necesitan los mayores márgenes de unidad, los más amplios y concretos posibles. Los sindicatos que convocaron al paro activo (a propuesta de Agustín Tosco) fueron el SMATA, la UOM, la UTA y Luz y Fuerza. Es decir, tanto la dirigencia conservadora como la combativa (que a su vez aglutinaba militantes de izquierda y peronistas de base) habían acordado localmente, sea empujadas por sus bases, sea buscando posicionarse frente a la conducción central, o sea en genuino espíritu de lucha obrera.
La histórica movilización desplegada por el movimiento sindical el 29 de abril de este año contra los despidos y el ataque al salario, constituyó una marea humana que corporizó en la calle lo que puede devenir en un escollo mayúsculo para Macri y su plan de ajuste. Hoy sin embargo, ante el veto de la Ley Antidespidos, las diferentes facciones de la CGT no han mostrado reacción, lo cual denota un alto grado de corporativismo y/o una voluntad de negociación con el gobierno que solo puede ser cortada por la presión de las bases. No obstante, en muchos casos el divisor común dejará de ser el kirchnerismo y antikirchnerismo, para consolidarse la división entre los ajustadores y aquellos que resisten.
Por otro lado, el Cordobazo enseña que la irrupción en el espacio público es lo que más asusta a las clases dominantes. Tomar las calles, pintarlas de pueblo, llenarlas de barro, eso ofende y mucho a los dueños del país. En este sentido, el Cordobazo representa una bisagra, un quiebre en las formas de resistencia, un paso cualitativo. De eso, el campo popular ha aprendido. Es por eso que el 24 de febrero, el 24 de marzo, el 29 de abril, el 12 de mayo, y más que seguro, este 3 de junio por el #NiUnaMenos, se han vivido y se vivirán las postales del asfalto colapsado.
Endilgarle al Cordobazo un contenido anticapitalista, una opción de poder, un bloque histórico, o una formación clasista es cuanto menos anacrónico y desacertado. Sin embargo, en el otro extremo, el Cordobazo entendido como una revuelta espontánea y desorganizada, sin demandas claras, con origen en el corporativismo obrero y sin contenido político parece igualmente equivocado. En el medio, en esa frágil frontera entre la teoría y la acción, se encuentra la síntesis.
El Cordobazo es el devenir de la resistencia originada en 1955, de las demandas muchas veces corporativas de diferentes sectores de la clase trabajadora. Todos estos procesos fueron superándose hacia un reclamo de carácter político extendiendo las capacidades de acción anteriormente conocidas por el pueblo trabajador. Antes del Cordobazo, hubo cientos de pequeños levantamientos y protestas que se fueron aunando.
En las mujeres desprotegidas que se organizan contra la violencia machista, en el estudiante que se reúne con otro para discutir el recorte presupuestario de su universidad, en el docente que hace una clase pública ante el recorte de su salario, en el trabajador que resiste el despido, en el militante territorial que organiza una toma, en la trabajadora que se queja del aumento de las tarifas, en el periodista que narra la realidad negada por los monopolios mediáticos, en todos ellos nace un Cordobazo.

Fuente: Notas

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