EL CASO QUE BUSCA CONVERTIR LAS MUERTES POR GATILLO FÁCIL EN CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD

Revelaciones exclusivas sobre el asesinato de Agustín Ramírez en 1988

En el Juicio Ético y por la Verdad que se realizará el próximo 5 de junio, se darán a conocer las actas del Departamento de Inteligencia de la Policía Bonaerense que señalan que esa fuerza «abatió al joven». El documento que se  elevará a la CIDH.

Por:
María Sucarrat
El próximo 5 de junio, en el auditorio de la Universidad Nacional de Quilmes, se realizará un Juicio Ético y por la Verdad, a 26 años del asesinato del joven militante Agustín Ramírez. Durante el juicio, se escuchará la declaración de aquellas personas que, en su momento, lo hicieron en calidad de testigos, y de otras tantas en caracter de amicus curiae. El juicio será grabado y enviado, junto a un documento, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Se buscará que el caso de Agustín Ramírez, asesinado en por «gatillo fácil», sea declarado de lesa humanidad.
Este año, el pedido de justicia por Agustín Ramírez tiene un empuje especial. Hace unos pocos días, la directora general de Promoción y transmisión de la Memoria de la Comisión Provincial por la Memoria, Sandra Raggio, entregó a la familia legajos de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA) –gestionado por la CPM desde 2001–, con el objetivo de aportar al esclarecimiento de los hechos.
Del material encontrado en el archivo de la DIPBA se desprende que la policía comenzó a investigar dos días después del asesinato de Agustín y siguió haciéndolo hasta 1995. Pero hasta ahí, el relevamiento de croquis, cuadros, afiches de convocatorias a marchas, de la información de los participantes, sería algo bastante general. Lo más importante del informe es que los propios investigadores identifican a Ramírez como «joven que fuera abatido por la policía».
Se trata del Legajo 27910 caratulado como «Homicidio de Javier Santos Sotelo y José Agustín Ramírez» y contiene un informe de la delegación DIPPBA de Lanús, en la que se refieren a Agustín como «uno de los cabecillas de un grupo de personas que se dedicaba a captar carenciados sin lugar de residencia para introducirlos en terrenos fiscales y así radicar asentamientos».
FRANCISCA QUINTANA. Doña Francisca, o Francis, es la madre de Agustín Ramírez. La policía asesinó a su hijo la noche del 5 de junio de 1988. Y a partir de entonces, en el asentamiento San Martín y en los otros tantos que lo rodean, Agustín se reprodujo por decenas de hijos más, de vecinos y amigos que la acompañan en la búsqueda de justicia.
Agustín fue un militante cristiano de las Comunidades Eclesiales de Base de San Francisco Solano, partido de Quilmes. Tenía 12 años cuando empezó a pensar en ayudar a los más pobres. Y es importante aclarar que Agustín era tan pobre como los más pobres. Así se relacionó con el sacerdote Raúl Berardo de la Parroquia Itatí,  Jorge Novak, obispo de la Diócesis de Quilmes, y más tarde con la iglesia Las lágrimas.
–Mamá, usted tiene que salir a hablar con los vecinos. ¿Cómo se entiende que no sepa quien vive acá al lado, más allá? Salga mamá. Invite a la gente a tomar un mate. A hacer un fogón.
Francisca cuenta que no sábe de dónde su primer hijo, Agustín, sacó esas ideas. Lo cierto es que muchos vecinos de San Francisco Solano hoy tienen sus casas gracias a las tomas de tierra que el joven organizó. En  noviembre de 1981, Agustín participó de la ocupación que dio lugar a más de 3000 familias en condiciones de pobreza y sin acceso a viviendas.
El 5 de junio de 1988, Ramírez  fue asesinado junto a Javier Sotelo, uno de sus compañeros militantes. Fue poco después de la masacre de Ingeniero Bunge. Todas esas muertes representan los primeros casos de ejecución policial en democracia. Pero el caso de Agustín es particular. La causa judicial fue cerrada, a pesar de los numerosos testigos del hecho. El único acusado fue un ex policía federal, a quien todos en el barrio conocían como «El Chanchero», porque se dedicaba a cuidar animales. El hombre no fue condenado sino recluido en una institución psiquiátrica y luego salió en libertad.
–Esta lucha se sostiene por la ayuda de todos los que conocieron a Agustín y por todos los que no lo conocieron pero se interesan en la lucha de las personas por conseguir tierra y vivienda. Muchos se quedan sorprendidos porque no pensaban que íbamos a llegar hasta acá pero hay muchas gente con esperanza. Demasiada.
Cuando mataron a Agustín, el marido de Francisca vivía. Y estaban sus otros dos hijos. La gente se fue acercando. Le mandaban cartas de apoyo, de solidaridad. El entierro de Agustín fue desgarrador. Los amigos y vecinos, la gente que había participado de las tomas, se negó a que el cajón fuera trasladado en el coche funerario. Los vecinos se turnaron para llevarlo a pie.
–Lo llevaron a pulso. De acá hasta Rafael Calzada. Son muchísimas cuadras. Fue muy impresionante. Ese día había gente que estaba muy atenta a lo que hacíamos y quería chocar con nosotros. Ese mismo día lo llevaron al chanchero. O sea que no era él quien quería chocar con nosotros.
Francisca jamás se imaginó que su hijo iba a ser asesinado.  Que lo iban a esperar, que lo iban a secuestrar y torturar para finalmente matarlo. Al día siguiente, Francisca recorrió el barrio. Y supo, por vecinos, que cuatro hombres se habían llevado a Agustín. Que el muchacho había gritado pidiendo auxilio pero que nadie había salido a la calle. El único que intentó socorrerlo fue Javier Sotelo, un amigo del barrio, pero no tuvo suerte. También fue asesinado.
La tarde del 5 de junio había una reunión en la Capilla de Caacupé. Cuando volvían para la casa, ya estaba oscureciendo. En la calle 823, había una camioneta grande de la que salieron cinco hombres con armas largas.
–Yo le pregunté ¿Y esto, Agustín? Me hacía acordar a cuando yo era joven, que ahí cerca, en el (Batallón) 601, los militares atajaban a la gente en la avenida y la hacían bajar de los colectivos. 
Francisca nunca pensó que a su hijo lo iban a matar esa noche. Llegaron a la casa, tomaron un mate cocido y Agustín se lavó la cabeza, se fue a llevar una frazada a una gente y no volvió más.
Francisca no supo más. Pero Agustín se cruzó con Javier Sotelo, que iba con su novia. Al escuchar a Agustín gritar, Sotelo fue en su ayuda. Recibió un balazo en la cabeza.
Un diario barrial llamado Latinoamérica gaucha, en el que relevó los nombres de todos los detenidos desaparecidos de la zona, la organización de las tomas, decenas de personas alojadas en la casita materna. Todas esas cosas había hecho Agustín antes del 5 de junio. Esa noche tenía un cumpleaños. El cumpleaños de Selva. Además de festejar, iban a conversar con jóvenes militantes de otras organizaciones para articular sus trabajos sociales. Pero Agustín nunca llegó. Lo levantaron cerca de las nueve de la noche. La autopsia dice que murió 23:20. Tenía las manos y la cara lastimadas. Un enfermero, Florencio, que estaba de guardia en el hospital, vio el cuerpo sin vida. El cadaver apareció en la intersección de las calles 898, esquina 826, a 14 cuadras de la casa. El caso fue cerrado. Quizás este año, con los documentos aportados por la Comisión Provincial por la Memoria, al fin se haga justicia.   «
El carácter sistémico del crimen
Con el Juicio Ético y por la Verdad buscamos afirmar el juicio oral que tuvo que haberse dado y que la historia y el destino negaron», dijo a Tiempo Argentino el abogado Alejandro Bois.  «Buscamos  retomar aquellas prácticas que en su momento, realizaron Madres y Abuelas».
El 5 de junio, en la Universidad de Quilmes, a partir de las 15 horas, se recordará una vez más, con la presencia del padre de Darío Santillán, de la hermana de Luciano Arruga, lo que la familia Ramírez sostiene: que el de Agustín no fue un homicidio al azar.
«La familia sostiene que hace 26 años, hubo un plan dirigido a quitarle la vida a Agustín Ramírez por sus prácticas políticas y sociales. Que existió la orden de generar miedo a través del disciplinamiento social», señala Bois. 
El juicio será grabado y se enviará junto a un documento a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos buscando que el caso de Agustín Ramírez sea declarado de lesa humanidad.
Para Bois se trata de un debate. «Es una discusión que debemos dar, que comienza con la Triple A y la dictadura del 1976. Entonces la Corte falló haciendo lugar a que el delito de lesa humanidad sea imprescriptible. El crimen de Agustín Ramírez se comete luego. Y para que sea catalogado como tal hay que precisar un carácter sistémico. Y lo es porque no fue un hecho aislado ni un exceso, en un momento en que la Policía de la Provincia de Buenos Aires, tenía buena parte de sus cuadros activos en el momento en que que se produce el asesinato. Nosotros sostenemos la sistematicidad por ese lado», señala. «Además, observamos que queda delineado el accionar de las fuerzas de seguridad para aquellos que llevan adelante protestas sociales. También hay sistematicidad en el disciplinamiento social. Hay dos prácticas que irritaron a las agencias de seguridad: que  Agustín fue objetor de conciencia en cuanto al servicio militar y que molestó con su práctica social».
Los amigos y la universidad
María, Marita Ramírez (la hermana menor de Agustín) Mirta y Pablo son parte de la Comisión de familiares y amigos, llevarán adelante el Juicio Ético Público.
«Aunque se hizo el juicio y se llegó a un veredicto, no hizo justicia. La idea es presentar este asesinato ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para que lo declararen como delito de lesa humanidad», explican.
«Es importante recalcar que este crimen, junto con los de Ingeniero Budge fueron los primeros en democracia y se proyectaron en la impunidad con que después se cometieron otros como los de Miguel Bru, Maximiliano Kosteki y Dario Santillán, Mariano Ferreyra, Luciano Arruga, Atahulapa, Daniel Solano, entre otros», señala Pablo.
La Comisión de Amigos y Vecinos de Agustín Ramírez sostienen que la impunidad de los asesinatos de Budge y de Agustín dejaron «la puerta abierta» para que se cometan otros crímenes semejantes.
«Es importante rescatar esos 26 años de caminar, muchas veces, en el desierto, sin certezas. Esa lucha fue muy fuerte porque no aparecían nuevos testigos pero gracias al empeño de Francisca, la realidad se fue revelando.  En unos días, con el Juicio  Ético, es muy positivo que la vida de Agustín pueda salir del barrio e instalarse en la Universidad», agrega Patricia. «La idea de llegar a la Universidad surge de la APDH de La Matanza. Pablo Pimentel le plantea a Francisca y al grupo hacer un juicio ético en un lugar visible y público, importante», señala.
«El documento de la DIPBA apareció a través de una actividad que se hizo en la Universidad Jauretche, de Florencio Varela. Fue a partir de profesores que tienen una tutoría en la que los estudiantes investigan la década del ’90 en el asentamiento Agustín Ramírez. Así se enteran de la historia y el documento sale a la luz», explica Mirta. 
«El barrio se armó y al otro día llegaron las fuerzas de seguridad y destruyeron todo. Eso fue en 1995. Resistieron cuatro meses y luego fueron trasladados. Es que Florencio Varela, hoy, es el único distrito que tiene tierras», termina María.
Fuente: Tiempo Argentino

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