Cuba: “No dejarnos convertir en mansas colonias”

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Lo ocurrido contra Evo y Correa refuerza la judicialización emprendida por la derecha, la OEA y el gobierno de Estados Unidos, contra todos los líderes populares de la región latinoamericana.

Autor: Elson Concepción Pérez

Quizá por repetido, el asunto puede parecer «uno más» y entonces «dejar correr la noticia». Pero la historia recuerda que algo similar pasó en Brasil, con Lula primero y Dilma después. También se implementó contra Cristina, en Argentina, y antes en Paraguay, contra Fernando Lugo. Ahora le tocó el turno al ecuatoriano Rafael Correa y al boliviano Evo Morales.

El primer caso es el eslabón necesario para que el actual gobierno continúe con la involución de Ecuador. Contra el brillante economista de la nación andina, que durante su presidencia hizo de su país el «verdadero centro del mundo» y llevó hasta allí a la Unión de Naciones de Suramérica (Unasur), se lanzó la fiera de la judicialización, con un patrón similar al de los anteriores casos.

Se trata del líder que defendió a la Amazonía y denunció la contaminación causada por empresas petroleras foráneas que dañaban el medioambiente y explotaban ilegalmente lugares considerados patrimonio para las comunidades indígenas. El mandatario que puso el beneficio social, los planes de salud, la educación y el trabajo, como encabezamiento de su agenda de gobierno, y cosechó grandes éxitos.

Contra él, la matriz mediática se repetía: acusaciones de corrupción, basadas en hechos no comprobados, móviles inventados, incluso, supuestos que, por no tener veracidad alguna, no pueden usarse de acuerdo con lo que establecen las leyes y otros mecanismos que conforman la jurisprudencia de un país.

En ese actuar, un elemento vital de la componenda lo forman los monopolios de los medios de comunicación, esos que más de una vez quisieron hacer imposible la vida a Correa y hasta se prestaron para acompañar planes golpistas.

La otra pata de la mesa, por lógica, es el engendro jurídico de personajes, también comprometidos con la oligarquía ecuatoriana, y, por último, un escenario preparado por un presidente que si algo ha sabido hacer es mover como marionetas a los distintos elementos que lo acompañan en su plan de revertir todo el progreso alcanzado durante los años de gobierno de Rafael Correa.

Ecuador, como un árbol, ha ido desgajando sus frutos: los planes de salud inclusiva y gratis se echaron abajo, incluida la presencia solidaria de miles de galenos cubanos. La nacionalización de los recursos del país ahora transita por la privatización con componentes monopólicos extranjeros.

La unidad latinoamericana ha sido cercenada por la salida del gobierno ecuatoriano de la Unasur, el ALBA y otros mecanismos de concertación y defensa de la soberanía de los países y de la región en su conjunto.

En el caso de Evo, otro tanto. Un golpe militar con un elemento básico –el secretario general de la OEA, Luis Almagro–, se gestó en medio de unos comicios que boicotearon. Para ello usaron mandos militares que, una hora antes, se declaraban fieles a su Presidente, y luego arremetieron la represión popular con toda la fuerza y medios.

Tras el golpe llegó el momento de la persecución contra Morales y el MAS, mientras un personaje sin carisma ni experiencia política, y con poca ética, como la nombrada presidenta de facto Jeanine Áñez, emprendía el desmontaje de un sistema político y social modelo, considerado el de mayores avances económicos de Sudamérica en la última década.

Pero quedaba suelto uno de los pilares fundamentales que podrían dar al traste con el plan: el Movimiento al Socialismo de Bolivia (MAS) que existe y tiene fuerza suficiente para reagruparse y recomponer su estrategia para las elecciones que deben realizarse el próximo 18 de octubre.

Quizá por esta razón, cuando se conoció la suspensión de Evo para aspirar a un cargo de senador por la región de Cochabamba, Áñez, que ambiciona seguir en la jefatura del Estado tras los comicios, reaccionó en Twitter reivindicando que logró frenar al MAS.

En este contexto, vale la pena tener en cuenta lo escrito por el exmandatario ecuatoriano Rafael Correa, quien hace solo unas horas tuiteó: «No entienden que lo único que hacen es aumentar el apoyo». Se refería precisamente a la judicialización emprendida por la derecha, la OEA y el gobierno de Estados Unidos, contra todos los líderes populares de la región latinoamericana.

Corresponde entonces, a los pueblos y a quienes cumplen o han cumplido la tarea grande de construir la verdadera patria, unirse hoy más que nunca y no permitir que una nueva Doctrina Monroe nos vuelva a convertir en mansas colonias.

Foto: TeleSUR

Fuente: Granma.cu

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