Cuba: Las embajadas yanquis y los guardaespaldas del amo

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No puede haber cambio revolucionario permanente sin educación política. No es solo dar, es educar, hacer partícipes de los cambios a las amplias masas del pueblo, sectores importantes de la clase media y a los pequeños burgueses. Muchos de estos últimos surgidos gracias al desarrollo económico alcanzado en los años de la primavera progresista

Autor: Raúl Antonio Capote

El investigador social y escritor Marcelo Colussi, nacido en Argentina, escribió: «no debemos olvidar nunca que el enemigo no es el guardaespaldas del amo: sigue siendo el amo».

En la Escuela de las Américas en Panamá, por años sede del Comando Sur de las fuerzas estadounidenses, el amo entrenó a los ejércitos latinoamericanos, no para enfrentar agresiones externas, sino para enfrentar al pueblo. Fueron entrenados en los más despiadados métodos de guerra sucia, fueron enseñados a matar, violar, torturar y aterrorizar.

Cuando cambiaron los tiempos y la amenaza real de que el enfrentamiento popular a las dictaduras llevara a una radicalización de la lucha, que condujera a procesos revolucionarios profundos, mediatizaron esos procesos, lograron salvar las esencias de su poder en el continente y los militares regresaron a los cuarteles.

Las llamadas transiciones a la democracia preservaron el poder de las élites. Durante unos años, todo les fue bien, pero Venezuela dio la clarinada y de nuevo «el yugo lanzó», y los demás pueblos, siguiendo el ejemplo de Caracas, comenzaron a cambiar la realidad preconcebida por el amo.

El amo había exigido ceñudo: «No más Cubas» y la pequeña Isla se multiplicaba rebelde por todas partes. Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil, Nicaragua, lideraron el proceso de cambios progresistas –progresistas y justos– dentro de las estructuras del estado burgués.

No puede haber cambio revolucionario permanente sin educación política. No es solo dar, es comprometer, educar, hacer partícipes de los cambios a las amplias masas del pueblo, sectores importantes de la clase media y a los pequeños burgueses. Muchos de estos últimos surgidos gracias al desarrollo económico alcanzado en los años de la primavera progresista, se volvieron enemigos acérrimos de los gobiernos de izquierda, a los que comenzaron a ver como el impedimento a sus ansias de llegar a la cumbre y convertirse en parte de la oligarquía.

Una «inesperada» contrarrevolución conservadora, sobre la base de una estrategia bien concebida por el amo, comenzó a actuar con éxito e inició la reconquista neoliberal.

Las embajadas estadounidenses, con amplia tradición en golpes de Estado y subversión política –Paraguay 1954, Guatemala 1954, República Dominicana 1963, Brasil 1964, Argentina 1976, Bolivia 1971, Uruguay 1973, Chile 1973–, se convirtieron en la base logística e ideológica de la ofensiva.

Hoy los pueblos se alzan contra los proyectos neoliberales y la derecha latinoamericana no tuvo otro expediente que aplicar. Al llegar al poder hicieron lo de siempre, no hubo propuesta nueva ni intento nacionalista auténtico, la gente volvió a sentir el peso del yugo.

Chile, la vitrina neoliberal del oasis capitalista, se levanta, y de nuevo salen los guardaespaldas del amo a reprimir; Ecuador se rebela, los pueblos originarios pelean en las calles contra la traición, el amo tiene miedo.

El enemigo sigue siendo el amo al norte del Río Bravo, que se niega a aceptar que los tiempos han cambiado, su élite cavernícola e ignorante no puede entender que nada podrá detener la marcha de la historia.

Fuente: granma.cu

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