Cuba: Germinal

Sinaí

Con lo que escribió y mostró Abel y que primero me llegó por Yailin creo en La Tribuna, se debe resaltar que la vida siempre vence entre la muerte. Cuando luchábamos y el enemigo nos golpeaba como este tornado golpeo a Cuba. Sosteníamos siempre que en la lucha por las transformaciones sociales de fondo al todo o nada, siempre hay más nacimientos que muerte. También sosteníamos que la obscuridad no podría jamás imponerse sobre  la luz del amor por  la libertad del hombre. He aquí, en el «Germinal» la demostración clara de las dos cosas.  Sinaí en su gesto de dulzura subversiva, abraza y apapacha el acto de amor por la vida y la libertad de la especie. 

En el reparto Martí, del municipio de Cerro, y en gran parte del territorio del municipio de Diez de Octubre, las instalaciones destinadas a la educación sufrieron severos daños tras el paso del tornado el pasado domingo 27
Autor: Abel Reyes Montero
Las huellas del desastre son más eficientes que cualquier mapa en el reparto Martí. A un costado de la avenida Boyeros se avista la arboleda donde muchos aseguran nació el tornado, esa masa de viento y agua que parecía un avión o un ataque aéreo, y del que todos hablan ahora como si fuera un hombre malo.
Buscamos la escuelita primaria que se quedó sin techo. «Sigan por esa calle donde están las matas en el piso; son tres cuadras». Y en efecto: los árboles arrancados de raíz señalan el camino indeciblemente triste. Una pañoleta azul. Dos. La escuela.
Primeras respuestas: «Yo vivo en el Martí, en una casa verde»; «yo también, en un edificio blanco»; «la mía es aquella que tiene una reja»; «mi abuela le dice rabo de nube»; «no, chica: son ráfagas de viento»; «mi mamá se asustó porque iba a entrar un tren en el edificio mío»; «las tres estamos en segundo grado».
Los pioneros están organizando una mudanza hacia el tecnológico Blas Roca, situado a unas manzanas de allí.
Todos cargan algo: libros, libretas, cuadernos, cajas de tizas, temperas, plantas, murales, almanaques: cualquier cosa rescatable dentro del caos que dejó el viento y el agua de lluvia. Una madre lleva a algunos muchachos y la sigo. «Esa fue mi escuela y la de mi mamá; ahora está mi niña», dice, «tenías que ver cómo lloraban el director y las maestras ese día».
Al interior de la escuela Osvaldo Sánchez Cabrera la vista es como de posguerra. En el patio yacen juguetes tirados y papeles y varios libros que destilan agua. A los pies de la escalera que sube a las aulas de la segunda planta, el director, Pedro Pablo Rojas Ramírez, pone pausa a su ajetreo y nos habla. Luce ansioso y triste.
«Se llevó todos los techos, mira. Perdimos los televisores y se mojaron los libros de los niños. Fue muy duro», dice, como quien pretende esconder la zozobra, y falla. «La recuperación la empezamos el mismo domingo por la noche. Tratamos de salvar los materiales gastables de nuestros niños, o sea, las libretas y cuadernos, que son imprescindibles para que no se interrumpa el proceso docente.
«Ya en la mañana, la comunidad se sumó; vinieron los padres y se pusieron en función de la limpieza. También nos informaron que la semana próxima la escuela comienza en un plan de reparación capital. Hasta entonces estaremos en el tecnológico».
Afuera, las dos maestras de segundo grado, Haydée Veitía Coto y Alina Casaña Marrero no dejan de enseñar. «Maikel, qué te he dicho de recoger basura del suelo. Vamos, las libretas». Ambas se refieren al tornado con pavor y, si se quiere, con saña. «Menos mal que fue de noche y los niños no estaban», comentan, «fue una cosa terrible».
Le pregunto a las maestras si el Martí estuvo firme todo el tiempo o si lo pusieron en su pedestal luego del caos, y me dicen que «increíblemente no se movió». Una de las niñas bajo su guarda llama mi atención porque no carga ningún libro. En sus manos lleva celosa un germinal bien cuidado, de esos que se logran poniendo frijoles en un pomo con algodón húmedo y que, ante los ojos del adulto, es la tarea obligada del año, la que todos hicimos alguna vez; pero que allí, contra su pecho menudo, parece un amigo al que se salva y parece un monte.
«¿Salvaste el germinal?», le dije. «¿Cómo te llamas?».
–Sinaí– respondió tajante.
PRECISIONES
Solamente en el municipio de Diez de Octubre se vieron afectados:
37 centros educacionales
9 círculos infantiles
15 del nivel educativo de Primaria
3 centros de Educación Especial
7 de secundaria básica
2 preuniversitarios
1 residencia para profesores
– La residencia estudiantil para Profesores Generales Integrales La Asunción, donde se albergaban los maestros provenientes de otras provincias, sufrió graves daños en su infraestructura. Los becados fueron albergados en las residencias del Cotorro y de San Miguel del Padrón.
– Desde el día 30 abrieron sus puertas 14 centros que presentaron problemas de electricidad, roturas parciales y acumulación de escombros; hoy abrirán otros cuatro.
– En cinco centros el reordenamiento de las aulas se ha realizado de manera interna; de ellos, tres son secundarias básicas y dos primarias.
– Otros cinco han sido reordenados hacia otras instituciones.
– Están en estado crítico la residencia estudiantil para Profesores Generales Integrales La Asunción, la escuela primaria Alfredo Miguel Aguayo, reubicada en una de las edificaciones de la dirección municipal y en el Palacio de Pioneros; y la escuela primaria Rodolfo Díaz, reubicada en el centro Abel Santamaría, también de la enseñanza primaria.
Fuente: Yanet Dyce Díaz, directora de Educación en el municipio de Diez de Octubre.
Fuente: Granma.cu
Foto: Una pionerita de nombre Sinaí, decidió salvar su hermoso experimento. Foto: Ismael Batista Ramírez

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